Autoría de 7:16 pm #Destacada, La Entrevista

La belleza, mi flotador de supervivencia que también hace ‘pum’

ENTREVISTA: ANGÉLICA ABELLEYRA/LALUPA.MX

Retrato de Marina Vargas. Foto: María Antonia García de la Vega

Le gusta generar conmoción, que su obra sea una sacudida mediante la belleza: eso que te llega a golpear, abre puertas a la percepción o a la reflexión y hasta podría expulsarte de tu propia comodidad. Con su trabajo en escultura, tinta, óleo, fotografía y tapiz, la artista española Marina Vargas (1980) logra todo eso, y más, mediante sus Revelaciones, la exposición desplegada en el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro (MACQ) hasta mediados de enero de 2026.

Confluencia de sus intereses visuales que investiga profusamente, cuestiona y reelabora con una mirada feminista, en las salas del ex convento de la Santa Cruz se disponen múltiples caminos de vida (como le gusta concebir la naturaleza de cada obra): las religiosidades y la corporalidad femenina, la voz silenciada de tantas mujeres desde los antiquísimos tiempos de ‘las místicas’, la imaginería y el relato de lo sagrado, la enfermedad con sus heridas íntimas aparejadas con los procesos de sanación individual y colectiva.

De entrada, nos encontramos con una relectura de la más famosa escultura de Miguel Ángel. Su título: La Piedad invertida o La madre muerta en la que un hombre es quien sostiene a una mujer yacente con el rostro de la Santa Teresa que moldeó Bernini en su Éxtasis. Ambos están craquelados y justo arriba, como espejo, flota otra piedad invertida pero sin grietas y con un baño dorado. A Marina Vargas le importa trastocar los papeles en el sistema de cuidados entre los seres humanos donde socialmente a la mujer ‘le corresponde’ arropar y sanar. Pese a la alteración de roles, la artista continúa hablando de amor y de compasión en una nueva reciprocidad que podría generar cierto balance en quiénes atienden, sostienen y ayudan a los otros en lo emocional y también en lo físico.

La Piedad invertida o la Madre muerta, 2024. Resina de poliéster policromada

El Mundo, 2025. Tinta plata y aerosol sobre papel negro. De la serie “Las líneas del destino”.

A partir de aquí el espectador recorre el piso superior profuso de obra que, en efecto, sacude.

En salas negras, la luz dramatiza los contenidos de las tintas de plata y aerosol en la serie “Las líneas del destino” en donde Marina traza su propia baraja con La Emperatriz, As de Copas, El Carro, El Juicio y Cuatro de Bastos para construir sus universos complejos de una línea fina y detallada del tarot y de la Baraja Española con su propio imaginario de ángeles, demonios y constelaciones.

En el trayecto, la contemporaneidad de los acrílicos y resinas se contrapuntea con piezas coloniales de acervos queretanos del INAH como La Dolorosa (siglo XVIII) en madera estofada, o La Visitación de la Virgen María, óleo atribuido a Pedro Calderón. El movimiento de manos en este lienzo encuentra eco en las hileras de palmas, dorsos y dedos hechas por Marina en las que es la mano y su sombra en donde se deletrean frases en lengua de señas. Son enunciados religiosos, de filósofas y teólogas feministas donde transita María Zambrano con “Prefiero una libertad peligrosa a una servidumbre tranquila”; del Evangelio de San Juan tenemos “Y el verbo se hizo carne” mientras que de Meggan Watterson está “El cuerpo nunca miente”.

Y como lo simbólico atraviesa a Marina, las referencias religiosas no sólo están en el fraseo sino en cada una de las imágenes que desde distintas creencias y rituales nos llevan a interpretar, releer, cuestionar o ver enriquecida lo que consideramos “la realidad”. Allí están entonces corrientes de la espiritualidad que recuperan lo intuitivo que no es dogma, así como lo divino femenino tan suprimido. Transcurren el tarot, la religión católica y la afrocubanía yoruba.  

Si continuamos el camino, en otras salas convergen fotografías, un molde de radioterapia, una vasija prehispánica y varios ex-votos que acompañan el discurso plástico y el posicionamiento estético de Vargas ante la enfermedad. Ella, sobreviviente de cáncer de mama se autorretrata, y como sucede en la imagen del Caravaggio con el apóstol Tomás en el episodio bíblico, Vargas tiene en La incredulidad (Noli me tangere) su propia certeza cuando toca la herida de su pecho herido.

Salón rojo con frases deletreadas en lengua de señas según alfabetos español e internacional, 2022-2024. Resina de poliéster policromada

Noli me tangere. La incredulidad, 2020. Impresión digital en papel baritado.

Aquí una anotación: Marina ha llevado su proceso oncológico más íntimo hacia lo plenamente colectivo. En febrero de 2022 puso en el espacio público su escultura Intra-Venus a partir del escaneo digital de su propio cuerpo mastectomizado para confeccionar una pieza en mármol de Carrara. Es un homenaje a la obra póstuma homónima de la estadounidense Hannah Wilke (1940-1993), pintora, escultora y fotógrafa feminista que hizo un registro de su transformación física por un linfoma que la llevó a la muerte. Vargas no sólo honró la vida y el proceso de su colega y el propio sino que constituyó una asociación denominada también Intra-Venus para “generar una red de autocuidados y dar visibilidad a aquello que no se ve”. La asociación intra-venus.org es presidida por ella como una plataforma digital para el activismo social que impulsa proyectos creativos y ayuda en la reinserción laboral de las profesionales vinculadas al arte y la cultura que han padecido o padecen cáncer.

Vargas fue diagnosticada con cáncer de seno en plena pandemia (2020), así que después de cinco años de proceso personal y colectivo, Intra-Venus no es sólo la pieza escultórica y algunas versiones en foto que han estado en espacios públicos de Madrid, Washington y París (más adelante estará en el Louvre) sino que la asociación ha ampliado su rango de apoyos junto con la Fundación Nadine (con la artista y gestora irlandesa Evelyn Joyce a la cabeza) y ambas instancias dieron nacimiento a Proyect.IN (www.proyectin.org) una plataforma para “reimaginar la narrativa del cáncer”. Apenas lanzada a fines de octubre 2025, ha instaurado dos vertientes de beca para artistas en procesos vigentes o concluidos de la enfermedad. Una está dotada con 3 mil 500 euros a nivel internacional para apoyar la investigación y archivo sobre el cáncer en producción cinematográfica, de artes visuales o literatura; a la otra variante le corresponde un monto de 6 mil euros pero ésta es para producción artística y se ceñirá a artistas residentes en España.

                                                                       * * * *

Presentamos aquí un extracto de la charla que LaLupa.mx sostuvo con Marina Vargas, a quien no le gusta decirlo para no caer en el cliché pero siente que de niña “fui un poco Frida Kahlo” ya que con diez años a cuestas un auto la atropelló, se partió el fémur de la pierna izquierda y con la movilidad reducida por un aparato con el cual le encallaría el hueso, encontró una sola manera para desplazarse: el dibujo. Desde entonces no abandonó los trazos y ahora con 45 años es una artista visual con una potencia no sólo en el tono de su voz sino en las imágenes que crea.

—¿Qué contexto familiar animó tu camino hacia el arte?

— En mi familia no hay ningún artista, vengo de un núcleo de clase trabajadora española: mi madre ama de casa, una mujer que no quería que fuese artista y mi padre, un ebanista muy bueno a quien buscaban para proyectos extravagantes. Con el accidente que me mantuvo con poco movimiento es que empecé a dibujar más intensamente que cualquier otra niña y nunca dejé el dibujo. Y como mi padre tenía su taller de carpintería frente de la casa, esa fue la conexión más cercana al mundo del arte que tuve de pequeña. Cuando ya en mi madurez tomé la decisión de estudiar Bellas Artes, tampoco les gustó a mis padres la idea y no me apoyaron conscientemente. Todo cambió cuando me ganaba premios o me seleccionaban para certámenes. Mi carrera ha sido muy precoz y desde joven me di cuenta que mi objetivo no era un expediente académico ni una carrera artística así que siempre me moví más hacia afuera que adentro de la academia.

—¿Cuándo y cómo asumiste tu feminismo?

—Si rebobino el pasado toda mi obra tiene un posicionamiento feminista. Antes no usaba el término porque no era muy consciente, pero he aprendido a interrogar los movimientos del feminismo a lo largo de mi vida. También mi posicionamiento ha sido desde la experiencia personal al haber vivido violencia psicológica y de abuso de poder dentro de mi profesión, al compartir estudios, al estar en galerías. Mis compañeras y yo lo pusimos por encima de la mesa y allí es cuando me comprometí con todo lo que significa el feminismo.

—¿Cómo hacer un arte feminista sin caer en el panfleto?

—Soy artista e independientemente de mi género quiero dejar una huella. Aquí hay algo importante para comentar: una pintora abstracta puede ser feminista y su obra no tiene qué tener necesariamente un reclamo o un contenido directo. Esa improntación del feminismo está dentro de su pintura abstracta porque allí estará desde la gente con quien se relacione, los lugares en donde exponga, las puertas que abra, las semillas que deje de conocimiento, el legado que deje a los demás y en todo lo que genere su propio movimiento. Los artistas estamos acostumbrados a que nos objetualicen y si queremos salir de esa objetualización debemos de perder el miedo a mantener nuestras ideas y nuestras credenciales.

Al centro, La Dolorosa, Escuela Queretana, siglo XVIII. Madera tallada, estofada y policromía. Museo Regional de Querétaro-INAH.

Las líneas del destino: La Fuerza, 2024. Esmalte, óleo, acrílico, laca de bombilla y barniz de coche sobre madera.

—En diversas pláticas que has dado en Querétaro has dicho que tu obra no es proyecto sino que tú misma eres el proyecto. ¿Podrías abundar en esta idea?

—Soy una artista procesual y si veo algo en donde existe un principio y un fin no me interesa ni merece la pena hacerlo porque resulta sencillo. Me gusta no pensar en la obra como un producto empaquetado en una lata de conservas sino que me lleve a los lugares y me haga vivir a través de ella; vincular constelaciones, estrellas y ver que todo está ligado a lo social. Le doy importancia a la vinculación porque me permite mediar, por eso la cercanía con la astrología, la relación de la luna y el sol, la madre y el padre: todo eso que concibo como movimiento atravesado por el tiempo. Es lo que más me alimenta porque también me hace descubrir cosas de mí misma, me cuestiona y me hace evolucionar. Soy sirviente de mi trabajo y no pretendo estar por encima de la obra. Además, creo que en ella hay formas con contenido y belleza. No rechazo la belleza: es mi flotador de supervivencia que no significa que sean obras inertes sino que hacen ‘pum’… y explotan.

—Sin duda con tu obra generas explosiones y emociones. Hablando de tu propio sentir ¿qué te surge cuando miras ahora Intra-Venus y cuando la viste por primera vez?

—Fue un shock y un sentimiento muy estremecedor porque no me reconocía físicamente. Me pregunté ¿cómo poner imágenes a esto que vivo? y de esa pregunta surge Intra-Venus. Me diagnosticaron cáncer en 2020, en plena pandemia, así que viví el proceso de operación y quimios como una doble reclusión. Eso me hizo leer a Audre Lorde y me monté una línea de investigación sobre mujeres que habían pasado por eso, consulté y desde la fuerza que me dieron esos testimonios es que decidí hacer mi propia obra. Al irla colgando en redes en un momento en que el mundo estaba encerrado se generó un tejido muy potente ante una enfermedad estigmatizada, relacionada con un lenguaje bélico que no ayuda y en cambio genera más ocultamiento. ‘Eres una guerrera’, ‘Esto es una lucha, una batalla’ son frases ligadas a quienes hemos sido diagnosticadas y que pueden silenciarte o llevarte a una actitud de ‘aguanta’ o ‘cúlpate’.

Entre otras obras sobre mi enfermedad, Intra-Venus nació cuando me hice un escaneo digital para crear la escultura de mármol de Carrara a la que puse el título como un homenaje a Hannah Wilke que viene de intravenosa (por las quimios) y de Venus, la diosa del amor, la fuerza y la belleza. El hecho de hacerla pública era para mi asumir todo lo que había vivido, ponerlo en valor y en balanza y lanzarme al mundo con la premisa de ‘no pienso ocultar nada; este es mi posicionamiento’ pero al mismo tiempo era animar a las personas que estaban pasando por lo mismo para que se posicionaran de igual manera. Creo que desde allí es donde tejemos red. Para mí el arte es autobiográfico y yo pongo todos los filtros a través del arte. Con el tiempo la veo y digo, he sobrevivido, cambiado, pero no me olvido ni de mí ni de las demás.

El cáncer es una enfermedad política a fin de cuentas porque muchas mujeres con diagnóstico de cáncer y que son jóvenes, al menos en España ya no las vuelven a contratar en una empresa por miedo a que tenga un repunte. Y hemos visto casos de muchas mujeres y hombres con cáncer que se silencian para no arruinar a su familia con los tratamientos tan costosos. Así es que se vuelve una realidad en los márgenes y que las pocas veces que se habla de ella lo hacen las personas sanas, quienes no han transitado por el cáncer. Hay mucho que hacer en ese sentido.

Lo divino femenino, 2024. Tapiz beréber de plástico reciclado, fibra de vidrio, acrílico, esmalte y cerámica esmaltada.

La Magdalena, 2024. Resina de poliéster policromada.

—Cambio de tema: las religiosidades y creencias que abundan en tu obra ¿En qué, en quién cree Marina Vargas?

—Tengo una creencia clarísima: el arte. El catolicismo es lo más imperante porque allí me eduqué y sin embargo me ha generado muchos cuestionamientos siempre. Soy una estudiosa del arte bruto, del arte primitivo, concibo a la cultura como un objeto de poder y de transformación. Lo ritual está para mí muy presente en los procesos de trabajo. Todo eso es un caldo de cultivo del que yo bebo y al final también me interesa porque las imágenes religiosas están hechas por personas. Cuando vemos La Piedad sabemos que la ideó Miguel Ángel y en algún momento de la historia una persona la quiso romper con un martillo. Es decir, esos ídolos que se han creado y se convierten en imágenes de veneración han sido creadas por artistas. En ese sentido me interesa la mística y sobre todo la implicación de las mujeres en la construcción de los relatos divinos.

—¿Por qué lo ritual conlleva para ti tanta importancia?

—Porque sin ceremonia no hay obra. Porque cuando hice Intra-Venus el hecho mismo de escanearme ante un desconocido, desnudarme cuando a mí me costaba mirarme en el espejo algunos le llaman performance, yo le llamo ritual.  Y le doy importancia porque ese proceso me hizo reconocerme, liberarme y hacer la escultura. Es el sentido que doy al decir que los procesos son rituales: el resultado es una pieza pero todo lo demás es ritual, los procesos para llegar a un sitio. Es lo mismo que sucedió con el caracol (cerámica esmaltada intitulada Obara Kana, Ika Sa, Ojuani Irete, 2025) montado en la exposición, pero lo que se queda para mi es sentarme ante el Babalawo y hacerme una lectura de caracoles con todo lo que implica la lectura que te atraviesa para que la asumas, la digieras, la vivas. Es la relatividad de los relatos y también cómo la palabra construye. En ese proceso hay un respeto por las creencias de otros sin tratar de enjuiciar ni de que mi obra se convierta en una provocación sino de conectar conmigo, al día de hoy.

                                                                       * * * *

Marina Vargas junto a su escultura Intra-Venus en el National Museum of Women in the Arts, Washington D.C.

Hasta aquí el intercambio de palabras con Marina Vargas, la obsesiva con cada tema que investiga, que escucha una misma música como mantra para entrar en atmósferas y que además camina, habla sola, lee poesía y, ya agotada de sí misma, se resetea para pasar a la acción que da vida a obra como estas Revelaciones que contaron con la curaduría de Semíramis González (en la versión original presentada en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid) y que en la capital queretana cuenta además con la co-curaduría de Karen Cordero Reiman y los apoyos de la Galería Ana Tejeda (representante de la artista en México), así como del Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro (MACQ, espacio sede) y del Museo Regional de Querétaro-INAH (con préstamo de obra). En el marco de la exposición se cuenta con una “sala de mediación” en donde se ofrecen videos y consulta de libros sobre la trayectoria y obra de Marina Vargas así como la posibilidad de participar en un “tendedero” con listones en donde los visitantes pueden manifestar sus sentires y reflexiones sobre frases incluidas en la muestra. Además de visitas guiadas previo registro, habrá una charla el próximo 4 de diciembre sobre “Arte, teología y activismo feministas”.

ANGÉLICA ABELLEYRA EN LALUPA.MX

(Visited 165 times, 3 visits today)
Last modified: 29 noviembre, 2025
Cerrar