Autoría de 5:44 pm #Opinión, Columna invitada • 4 Comments

Magia – Jaqueline Pérez- Guevara

Siempre busqué en los libros y ciudades historias maravillosas y magia pero ahora me enfrento frente a la mayor magia de todas: la de la vida.

Hace unos días nació mi primer hijo.

Pasé de ser infértil a tener un bebé en mi vientre en menos de un mes. Y ese remolino de emociones me aterraba pero también me encanta. Porque ha sido una cadena de emoción tras emoción durante casi diez meses. El descubrimiento de un nuevo mundo. Presenciar y ser parte de la magia de la vida.

El vientre crecía al igual que la incertidumbre pero también la emoción. Y sentirlo, escuchar su corazón me hizo renunciar inmediatamente a cualquier plan o escenario que no lo involucrara a él.

Nunca pensé que nada ni nadie me conmovería hasta las lágrimas. Nunca pensé que nadie me haría sentir tanto amor como lo siento con él. Un amor inexplicable que inundó de pronto cada célula de mi ser, que dislocó todas mis creencias, mis barreras y que me hizo enfrentarme cara a cara a un sentimiento que hasta ahora no había conocido: el miedo. Nunca había sentido tanto miedo y tanta vulnerabilidad como hasta ahora. Y cuando existió la posibilidad de no poder tenerlo conmigo, imploraba a los dioses que los humanos y la ciencia sucumbieran en un mar de equivocaciones.  Y llovieron bendiciones y llegó a mí. Y ese día supe que nada es lineal, nada está escrito. Todos somos frutos del azar y de la fé.

Y sentirlo en mi barriga es la prueba inequívoca de que hay un Dios, de que hay un poder superior, que piadoso, contra toda ciencia y presagios, lo mandó a mis brazos. Me hizo partícipe y testigo de la creación y de la divinidad, de todas las poesías y todas las palabras. Rendida ante cada latir de su corazón.

Sentía que el presente, el pasado, el futuro, todo el amor, todos los errores, todos los logros, toda la muerte y toda la vida se concentraban en el ahora. En tenerlo conmigo. Yo que había estudiado tanto las letras me quedaba por fin muda y sin palabras. Con emociones y cambios en mi cuerpo que no podía explicar. Con un instinto de dulzura tan desconocido en mi, y con una fiereza mortal para abrazarlo y defenderlo.

Todas las dudas se disipan con el amor, con el sentirlo, con el saber que está y existe.

Y me convertí en esto que no pensaba pero que me gusta tanto, porque de todo lo que pude haber hecho en mi vida, el mejor título siempre será el de ser su mamá.

Porque en un mundo de inmediatez y banalidad, este título es significativo, trascendental, atemporal y universal. con el compromiso de un para siempre y de una eternidad, con la promesa de un amor capaz de trascender la mortalidad. 

Porque ser mamá es eso, es una entrega y un sacrificio gozoso.

Es ser parte de esa magia de crear.

Y al convertirme en mamá me di cuenta de la magia de mi mamá

De todo el sacrificio. De toda esa entrega y devoción. De la fe inconmensurable hacia mi persona y mis sueños. De todo ese amor que se manifiesta en la paciencia.

De cada risa, cada momento de complicidad, cada anécdota que compartimos. Todo es amor que nos lleva a explorar el mundo juntas. Que nos hace fervorosamente a la distancia llamar y contar nuestras historias la una a la otra, cada día, desde hace quince años.

Y me vi frágil en la imposibilidad, para luego verme frágil en el embarazo encerrada por nueve meses y después en el nacimiento. Y ella cuidó de mí. Cómo cuando era niña. Me baño, me sostuvo, me hizo mi comida favorita. Y con su magia convirtió toda esa incertidumbre y miedo, toda esa espera en algo maravilloso. Como siempre lo ha hecho. Porque es como una maga que desde que tengo memoria transformaba cada problema o cada situación difícil en un reto que pesaba menos si lo tomábamos juntas, en vez de llorar, con su magia transformaba cada dificultad en una aventura que se hacía más fácil superar.

Daba un giro y lo complejo se hace sencillo, lo aburrido en divertido, lo malo en bueno. Otro reto más, otra anécdota que recordar. Y así somos codo a codo mujeres valientes, mujeres magas que transforman esas lágrimas y problemas en retos que se pulverizan porque sabemos que existe el amor paciente de la otra, que tendremos ese oído, ese abrazo, esa entrega y es complicidad.

Así lo hizo esta vez como lo hace siempre.

Y mis días encerrada, llenos de miedo y dudas, se transformaron con magia en una espera paciente y esperanzadora por ese nuevo integrante. Y la fe siempre estuvo presente más que el miedo. Y en el momento del parto, conocí cara a cara de donde surge la magia de las madres: de la vida misma.

La vida misma, la creación, convierte a algunas madres en magas que transforman la realidad. Que crean con un amor devoto una realidad más bella para sus hijos. Que transforman el poco o mucho dinero en suficiente. Que cuentan historias asombrosas y nos dan el poder de imaginar. Que crean escudos de protección para los que quieren. Que transforman los problemas y retos en obstáculos con soluciones, o hasta en aventuras. Que con su escucha curan el dolor. Que se convierten en la criatura más peligrosa para defender a los suyos. Que crean el más dulce de los refugios entre sus brazos.

Esa maga mamá me ha enseñado cada día a eso, en la magia de darle un giro ante lo malo que nos plantea la vida y enfrentarlo con valor, con amor y valentía. Esa mujer maga me ha enseñado, con toda la paciencia del mundo y cada día, desde que tengo memoria, en la magia de creer.

Y espero ahora ser aunque sea un poco como ella. Tener ese valor y poder de hacer creer y confiar a mi hijo. Espero volverme mujer maga como ella y como todas esas madres que comparten la magia, para enseñarle a transformar lo difícil de la vida en retos ligeros en los que sabe que podrá contar conmigo. Espero tener como ellas esa dualidad de fiereza para protegerlo pero también esa paciencia y ternura. Quiero tener esa complicidad que me hace reconocerla y admirarla como mamá, maga, mujer y amiga.

Espero tener esa magia de transformar sus ratos amargos en dulzura. De llenar su vida de historias hermosas y de color. De tener esa sabiduría para hacer y dar lo mejor posible en cada instante. Espero ser con mi hijo aunque sea la mitad de mágica y buena de lo que ella ha sido conmigo.

Estoy agradecida y bendecida por la magia de mi mamá y su amor, pero también por la magia de la vida y sus regalos que se manifiesta en mi hijo Roman y en sus ojos maravillosos.

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Last modified: 8 febrero, 2026
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