El ejercicio desproporcionado del poder del ICE de Trump sobre la población, admite una interpretación psicoanalítica sobre el abuso del poder incontrolado. Desde este punto de vista, los eventos de Minneapolis y el patrocinio político de Trump pueden interpretarse como la manifestación de complejos mecanismos psicológicos colectivos e individuales.
La operación del ICE en Minneapolis ejemplifica una regresión social hacia el principio del placer, donde el impulso inmediato de descargar agresión y afirmar dominio prevalece sobre el principio de realidad, que implica considerar las consecuencias legales, éticas y sociales a largo plazo.
El principio del placer (impulso), se manifiesta en el deseo de “ser duro”, en la gratificación inmediata de la demostración de poder y en la eliminación simbólica de lo “extraño”, con lo que Trump pretende satisfacer los deseos de su electorado.
El principio de realidad (consecuencias), choca con la resistencia comunitaria, las demandas legales, la fricción política interna (incluso de algunos republicanos) y el costo humano, forzando finalmente un repliegue táctico (retirada de agentes).
Como señala Villivaldo Delgadillo (La Jornada, 8/02)2026), “El ICE se ha convertido en una fuerza de ocupación (4 mil 500 agentes) que no solamente busca deportar migrantes indocumentados, sino que ha emprendido una guerra contra un enemigo interno compuesto por ciudadanos estadunidenses empáticos y solidarios que en gran parte se han dedicado a documentar los abusos dirigidos por Greg Bovino, el infame comandante de ICE, conocido por sus eslóganes y tácticas crueles e incendiarias.” Pues ahora, después de los asesinatos de Renée Good y Alex Pretti, se han tenido que replegar, aunque se haya buscado presentar a Estados Unidos como “un país resquebrajado por la presencia de intrusos solapados por la debilidad de los liberales y las fuerzas progresistas”.
Se observa un mecanismo de defensa, cuando se intenta deshumanizar a las víctimas, “no eran ángeles”, pero lo que se refleja es un “acting out” (pasaje al acto) y negación. El acting out es el despliegue hiperbólico de fuerza 4,500 agentes, equivalente a una fuerza de ocupación de la ciudad, redadas sin órdenes judiciales, eliminación de supervisiones internas y negación: A pesar de la evidencia en video y las protestas, se niega toda responsabilidad y se bloquean investigaciones independientes.
La función de este mecanismo es mantener una autoimagen grandiosa y cohesionar a la base electoral mediante la identificación con un líder que actúa sin restricciones. Es decir, el narcisismo de Trump es funcional para sus seguidores y electores. Pero la consecuencia se traduce en socavar el estado de derecho y normalizar la violencia discursiva e institucional.
Otra función del acting out es evitar la confrontación con la angustia y la culpa. La negación preserva la fantasía de omnipotencia y corrección absoluta, pero el resultado es una escalada de violencia física y crisis institucional (renuncia de fiscales).
Esta tensión revela que la política, en su dimensión psicoanalítica, es el campo de batalla donde se negocian las pulsiones inconscientes de una sociedad y sus líderes. Lo ocurrido en Minneapolis no es sólo una estrategia política, sino la externalización de conflictos psicológicos profundos: miedos identitarios, deseos de pureza, supremacismo blanco, traumas no resueltos y una lucha narcisista por la afirmación del poder.
Un análisis psicoanalítico previo nos lleva a la identificación proyectiva y la identificación narcisista con el líder, que son los mecanismos centrales que explican la respuesta de la base política a la violencia del ICE en Mineápolis. Estos conceptos explican cómo el apoyo a estas acciones se mantiene y fortalece.
La identificación proyectiva consiste en la proyección de ansiedades, miedos y pulsiones agresivas propias en un “chivo expiatorio” externo (inmigrantes, ciudades gobernadas por demócratas), que respaldan la narrativa oficial de que el objetivo es “criminales” y “terroristas domésticos”, justificando la violencia como defensa propia. Minimizan o niegan las muertes de ciudadanos estadounidenses (Renée Good, Alex Pretti) o las atribuyen a la “anarquía” de las autoridades locales. Este mecanismo reduce la ansiedad y la culpa al atribuir la causa del malestar social a un grupo externo. Purga simbólicamente impulsos agresivos propios al verlos ejecutados por el líder contra ese grupo.
A la vez, se produce una identificación narcisista con Trump, con la imagen de un líder fuerte, omnipotente y sin restricciones, que actúa donde otros “no se atreven”. Se internaliza su poder para compensar sentimientos de vulnerabilidad o pérdida de estatus. Defienden incondicionalmente la acción del ICE como “fenomenal” y apoyan la narrativa de “inmunidad absoluta” para los agentes. Ven al líder como un ejecutor directo de su voluntad y resentimientos, canalizando su frustración. Fortalece la autoestima y el sentido de pertenencia a un grupo “superior” o “verdadero”. Proporciona una sensación de orden y control restaurado en un mundo percibido como caótico.
La negación y la disociación se producen como un mecanismo para evitar la disonancia cognitiva y el dolor psíquico al enfrentar realidades traumáticas o contradictorias con las creencias propias. Descartan evidencia visual (videos) y testimonios de víctimas como “mentiras” o “propaganda”. Algunos republicanos expresan desasosiego, pero su apoyo político general al líder y su agenda permanece. Su función es preservar la coherencia interna de la identidad política y la lealtad al grupo y proteger al individuo de la angustia que generaría reconocer la violencia ejercida en su nombre.
Estos mecanismos no operan de forma aislada, sino que se refuerzan mutuamente en un circuito psico-político:
1. El líder (Trump) activa y canaliza ansiedades sociales preexistentes (cambio demográfico, pérdida de privilegios) hacia un objeto externalizado (el inmigrante, la “ciudad santuario”).
2. La base, a través de la identificación proyectiva, deposita sus propios miedos y agresiones en ese objeto, lo que alivia su tensión interna.
3. El líder actúa con violencia simbólica y real contra ese objeto (despliegue del ICE, retórica deshumanizante).
4. La base, a través de la identificación narcisista, experimenta esa acción como un triunfo propio y una restitución de poder, reforzando su lealtad.
5. Cualquier información que cuestione esta narrativa (muertes, protestas masivas) es neutralizada mediante la negación, preservando el circuito.
Este círculo vicioso se repite una y otra vez y sólo podrá ser roto con el proceso electoral de noviembre de este año, en que la oposición obtenga la mayoría en las cámaras, se logre el impeachment y se haga un juicio público a Trump, para destronarlo de esa posición de líder que tanto daño ha hecho a la sociedad estadounidense y al mundo.


