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Lourdes Almeida: Con el arte y la sutileza encuentras más respuestas

ENTREVISTA: ANGÉLICA ABELLEYRA / LALUPA.MX

Lourdes Almeida.

La orfandad puede otorgarnos regalos.

Y lo logra cuando el arte y el tejido laborioso sobre nuestras raíces aspira a responder al dolor de la ausencia, quita velos a los secretos esparcidos y salva un poco el vacío ante las preguntas no respondidas, los engaños y silencios, el pasmo y las violencias que anidaron entre las mujeres y los hombres de nuestro linaje.

Lourdes Almeida (CDMX, 1952) transmutó su orfandad en compañía expandida y, gracias al bordado, el dolor y la rabia se tornaron en perdón.

Libro biográfico (fanzine) impreso en tela, 2024.

Zurció, hilvanó, pegó, remendó, imprimió y recreó los rostros, las emociones y los enigmas de sus ancestras para mostrarlo en Alias vitas. Mi linaje femenino, una exposición de fotografías, arte objeto, libros de artista, creaciones de arte textil, indumentaria y documentación que ha recopilado  desde 1993 para reflexionar sobre la violencia de género al interior de su familia.

Retratos propios, fotografías de archivo y algunos rostros generados por inteligencia artificial se despliegan para que Almeida refrende su madurez y gozo en el arte fotográfico y el constante ejercicio de experimentación en los diversos soportes y sus límites, que ella traspasa a cada instante con más contundencia y fluidez. Así mismo, con la exposición Lourdes reafirma sus dotes para la investigación.

Ya lo mostró con dos libros plenamente disfrutables: Zurciendo la historia. Fotógrafas nacidas hasta 1920 (volumen I) y Fotógrafas nacidas entre 1790 y 1920 (volumen II) -Ediciones Activa de Fotografía Querétaro de 2023 y 2025, respectivamente- en los que despliega las fichas de 730 fotógrafas cuya labor creativa estuvo borrada o medio nublada en la historia de la fotografía mundial. Y esta pasión por indagar, rastrear, hurgar, rascar en datos, rostros, acciones y emociones es patente en Alias vitas (latín de Otras vidas) que ya cuenta con una lista de tres sedes anteriores en Pachuca, Ciudad de México y San Luis Potosí, para permanecer en la ciudad de Querétaro hasta finales de marzo en el espacio curatorial M108 en el centro histórico de la  capital.

Portadas de los dos tomos de Zurciendo la historia, publicados en 2023 y 2025 por Ediciones Activa Fotografía Querétaro.

Estante con los libros biográficos del linaje femeninos de Almeida. Impresos en tela, 2024.

Bella y plagada de sutilezas. Precisa y poética. Tiempo detenido y emociones fluctuantes proliferan al recorrer muros y vitrinas con cuadernos de vida, rostros hilvanados a mano, impresiones digitales superpuestas o en mica, libros en tela bordada y patchwork de varias telas en la “Instalación-genealogía” que se convierte en parte nodal de la exhibición en donde las violencias pueden deslizarse en ciertas palabras dentro de un cuaderno o en algunas sentencias-sentires que “vocifera” una niña que en realidad es el niño violentador: “vulnerada, triste, confundida, humillada, insegura, avergonzada”… Pese a ello, la delicadeza es marca de agua en todo el trayecto plástico en el que los ojos atentos y sensibles pueden vislumbrar las violencias contenidas.

Aquí, el testimonio de la autora Lourdes Almeida sobre esta experiencia tan creativa como liberadora; para ella y para los públicos que han compartido este trayecto artístico de una vida.

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Este proyecto tiene que ver con la familia. Cuando quedé huérfana en 1993 sentí el peso de la ausencia materna y retomé la genealogía que había iniciado con mis abuelas. Me surgieron preguntas que no me había planteado antes: ¿Quiénes eran las abuelas de mi madre, cómo vivían, a qué aspiraban? Entonces empecé a investigar.

Hacer una genealogía es algo encantador. Lo recomiendo mucho si te quieres conocer y saber de dónde vienes. La verdad no sé qué van a hacer los genealogistas de ahora en adelante porque cada vez las actas de nacimiento tienen menos información y ya no será fácil saber de las familias. Los documentos antiguos tenían información valiosa de los oficios de abuelos y padres, pro ejemplo, y era una forma de ir atando cabos entre los apellidos e ir haciendo hallazgos.

En mi familia hay historias tremendas de violencia intrafamiliar. De ellas no hablo a detalle porque no me compete pero sí puedo hablar de mi historia y de la de mi madre. Y aunque a ella no le hubiera gustado, lo hago porque es importante que en el presente las violencias hacia las mujeres se detengan, aunque por desgracia van en aumento.

Mamá hablaba mucho de su infancia, pero sólo de las cosas lindas: de su caballo, del miedo a las víboras, del refugio que eran sus libros o de “su árbol” como el único lugar en el que se sentía segura. De sus emociones, nada. Y con miedo y cara de pánico cuando ella y sus diez hermanas hablaban de su abuelo. Creo que mamá fue una niña abandonada, muy querida por sus padres, pero como mi abuelo fue político, viajaba mucho y cuando lo mandaron a Europa como ministro plenipotenciario ¿qué haces con doce hijos? A la pareja le pareció lo más correcto mandar a algunas hijas a internados en Bélgica, a otras en Inglaterra, mientras que las dos más pequeñas se quedaron en la hacienda en San Luis Potosí, cuidadas por el abuelo.

De mi madre sólo escuché de su propia voz sobre el refugio que le significaba su árbol pero en el 2018 todo sobre mi genealogía cambió. Me enteré por una tía que a mi mamá la violaba su abuelo. Eso me generó una rabia tan tremenda que empecé con el proyecto Vulna (latín de herida o relativo a vulnerable) que todavía no concluye, y sigue con libros en tela que hice durante el encierro con la pandemia. Trataba de ordenar en mi cabeza tanta información que sólo he empezado a entender hasta ahora.

Al centro, su madre en el libro Vulna (2020, 2023); en los costados, libros tela de los linajes femenino paterno y femenino materno (2020, 2021)

Las pequeñas de las niñas Nieto, linea materna de Lourdes. Impresión digital en vinil para muro. Fotografía de archivo familiar (2025)

En este cuaderno a mi madre la pongo atravesada por un rayo porque tenía rasgos de esquizofrenia, diagnosticada maniaco depresiva. Era pudorosa, como mis tías. Ahora me doy cuenta que era puro miedo a que la violentaran, como sucedió con mi abuela, quien a sus 93 años no salía de su recámara cuando había visitas y decía: “no salgo hasta que se vayan esos hombres; no me vayan a violar”. Pensábamos sus palabras eran producto de su senilidad pero eran más bien regresiones hasta su infancia. Y cuando eres más joven vives en el Nirvana, no entiendes por qué pasan las cosas pero tampoco averiguas mucho; también tiene qué ver que las agraviadas no lo platicaban abiertamente porque prevalecía, y aún hoy persiste hoy, la cultura de que “calladita te ves más bonita” y “la ropa sucia se lava en casa”.

Infancias rotas: mi abuela, mi madre, yo misma. Impresión digital en vinil para muro, 2025.

Aquí en este tríptico están mi abuela medio borrada, mi madre en su árbol, y yo. Bueno, no soy yo. Es peor aún: yo fui abusada por mi hermano mayor. Entonces me cuestiono: ¿en dónde estaban mis padres que no vieron eso? En el momento en que me paso ni me lo cuestionaba. Tenía 6 o 7 años. Así que decidí que esa niña gritando soy yo, pero no soy yo. Le puse la cara de mi hermano que me violentó, un vestido de mujer y el corte de pelo como el que yo usaba.

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Desde el arte, Lourdes aprendió a lavar las prendas dolorosas fuera de casa para engarzar telas e hilos llenos de historia para honrar a sus ancestras. Entre 2019 y 2020 se apoyó en talleres cursados con especialistas como la japonesa Yumi Goto, toda una autoridad creativa en el foto libro como objeto, y Almeida fue depurando sus apuntes, sus archivos y textos para presentar Otras vidas en varios escenarios donde la foto es discurso central para el goce y la reflexión.

En la actual versión con sede queretana lo hace de la mano de las curadoras Karen Cordero y Mayra Mendoza, dupla que considera un privilegio transitar de cerca. “Me doy cuenta de que tuve suerte porque entre las tres encontramos ecos que me han ayudado a tomar cierta distancia y darle orden y respeto a las piezas. Cuando Karen supo que estaba bordando algo sobre mis ancestras, me dijo que si hacía una exposición le gustaría curarla. Y digo que es una gran suerte en la vida porque ir caminando junto a personas no involucradas con tu familia, y con quienes empiezas a  rebotar todas tus ideas, es mucho más ligero. Además, la idea del feminismo que tiene Karen me da mucha fuerza. Y Mayra es especialista en archivos y en conservación así que ha sido fundamental”.

Para la curadora Karen Cordero, Alias vitas es una muestra de cómo la obra de Almeida “empuja y cuestiona los límites del medio fotográfico y de las identidades sociales, dando forma concreta al lema feminista de `lo personal es político’ por medio de una profunda exploración plástica que combina lo íntimo con lo arquetípico”.   

Instalación Genealogía. Impresión digital en tela, bordada de fotografías del álbum familiar y patchwork de varias telas, IA, 2024

Aspectos sala con blusas del siglo XIX de abuela materna, Esther y abuela paterna, Ángela.

—¡Qué has aprendido de ti con este trabajo tan personal?

—A juzgar menos, a tener más tolerancia y a perdonar. Con el tiempo te das cuenta de que una juzga muy a bote pronto: “Ay, mi abuela paterna nunca me abrazó” o “mi abuela materna era muy exigente” pero cuando ya en la vejez se tomaba una copita, decía una cosas fantásticas y otras terribles, como que cuando quedó embarazada aplastó a uno de sus gemelos porque se quedó dormida. Hay algo que quiero decir: no me gusta provocar, me gusta decir las cosas de forma sutil. Sé que al decirlo yo ya provoco, pero que cada persona que ve esto, busque, indague.

—¿Qué encuentras en las sutilezas?

—No me gusta la violencia; huyo de ella. Mientras que al hablar soy muy directa y me doy cuenta de que eso causa animadversión. En cambio con el arte y las sutilezas encuentras más respuestas.

—De algunas mujeres de tu familia que no tenías su foto, recreaste sus rostros con IA. Cómo lo hiciste.

—La inteligencia artificial la veo como una herramienta muy útil, en el sentido de que este rostro era importante para mí porque es la madre que educa al violador (Maria Genoveva Reyes. tatarabuela materna). ¿Qué tuvo que vivir esta mujer para crear a un violador? ¿Cómo le haces el rostro a esta mujer? Yo partí del rostro de su hijo e hice una mujer adusta que supongo vivía con un hombre violento y por eso ella violentaba. Pero estas son suposiciones e historias que una se cuenta. Mi hija y yo le decíamos “La Bruja”, ahora ya no.

—¿Qué esperas de los públicos que visiten tu exposición, de un chico o de una jovencita de 20 años que venga a ver una historia tan personal e íntima?

—Espero empatía.Y lo más sorprendente es que los chicos de 20 años ya se acercaron a mí, me abrazaron y me contaron su historia; la misma que la mía. Y se han acercado más hombres que mujeres. Claro, en este caso quise contar la historia de las mujeres porque es la mía, y ha sido muy enriquecedor, lloramos juntos, nos emocionamos de la mano. Un muchachito en San Luis Potosí, muy punk y todo me compartió esto: “Me voy a atrever a hablar. Muchas gracias”. Y eso es lo que busco. Algo muy importante: yo tengo descendencia de mujeres y ellas ya han sido violentadas. Por eso utilizo las fotos y la palabra. Porque se supone que al hablar ya se rompe la violencia, pero no del todo.

Detalle con retrato elaborado con IA de la tatarabuela Genoveva Reyes.

Alias vitas, Impresión lenticular, 2024.

—¿Cuál es tu mayor miedo, hoy?

—A quedar chueca, aunque cada vez tengo menos chances de ello ya que me acaban de operar del corazón y estoy atendida de la fibrilación auricular que provoca embolias. Eso sí, hago a diario un ejercicio de no tener miedo ante lo que pasa en mi país; quiero encontrar paz frente y a pesar de ello. Y me enfoco en las ideas que tengo para seguir trabajando en mis proyectos, como la hechura de un libro sobre toda esta genealogía de mi linaje femenino. Me mantengo activa y deseo tener la posibilidad física de seguir hacinédolo. Me gustan los jóvenes y los talleres: estimular y transmitir la pasión y la calma que te da conocerte a través de tus ancestros y tu familia. También hablar con las juventudes del respeto que debes tener contigo misma para hacer el trabajo, continuar y no contarte cuentos; no hacer las cosas al aventón.

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Alias vitas. Mi linaje femenino se mantendrá abierta al público hasta el 26 de marzo de 2026 en M108 Curaduría, espacio situado en Madero 108, centro de la ciudad de Querétaro. Los horarios: miércoles a viernes de 10 a 14 hr. y 17 a 20 hr. Sábados de 10 a 14 hr. No hay cita previa y se ofrece una visita guiada.

ANGÉLICA ABELLEYRA EN LALUPA.MX

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Last modified: 7 marzo, 2026
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