Autoría de 4:13 pm #Opinión, Víctor Roura - Oficio bonito

Páginas del pasado – Víctor Roura

1

Pocos se hablan en realidad entre sí, como si en el gremio existiera un prurito indefinido que evita mirar a los otros. No sé si incluso sean términos como resquemor, envidia, coraje, celos, resentimiento, rencor o animadversión los que anidan en las cabezas de los protagonistas de la prensa cultural. Lo cierto es que es inexistente entre ellos el compañerismo, de allí que no sean mencionados los otros en las tribunas ajenas. Los que no son de casa, nadie los conoce. Por eso los autores de Nexos, por ejemplo, jamás aparecen en Letras Libres, y viceversa, a no ser que sea para deturparse (o estar de acuerdo en aparentes desigualdades: en el obradorismo, digamos, parecían ambas publicaciones ser una sola por estar en el abandono presupuestario del gobierno, de donde se alimentaban con desmesura).

      Sin embargo, en los coloquios de cultura los había oído hablar, a unos y a otros (a los de Nexos y a los de Letras Libres, cuando los coloquios de este tipo se celebraban con insólita apertura en los tiempos del PRI y del PAN, a pesar de las cúpulas de estos mismos partidos), de democracia, pluralidad, equilibrio, balance e imparcialidad. Como en estos coloquios de periodismo cultural que a partir de 2010 se llevaban a cabo (se llevaban a cabo, tiempo pasado), en actos paralelos a la Feria del Libro del Zócalo, para, según se decía, debatir sobre el oficio, cosa que, en efecto, se hace en la teoría pero nunca en la práctica: los periodistas de cultura pueden discutir de todo, menos de prensa cultural (donde yo estuviera, por ejemplo, mandaba entrevistar a los periodistas de La Jornada por algún libro publicado o por cualquier menester que los involucraba, pero siempre se negaban a contestar porque era, decían con jactancia indebida, Víctor Roura el que estaba al frente del medio que los requería).

      Yo, desde aquella ocasión en que participé, invitado por Édgar Alejandro Hernández —durante el primer foro—, no volví a ver a ninguno de los periodistas con los que supuestamente trabé discusión en la mesa, ni en sus páginas se dijo nada acerca de las propuestas ahí esparcidas… porque, supongo —a diferencia de lo que yo hice, qjue fue desplegar las palabras de los otros—, ellos no pudieron (o no quieren, o estaban imposibilitados, o no se les dio la gana) publicar en sus espacios los nombres de colegas que trabajaban para otras empresas.

      No sé si era por una indeseable indiferencia o por una remarcada canallada, pero los propios periodistas culturales se repelaban a sí mismos. Es cosa de verlos en el Festival Cervantino, por ejemplo. Andan en grupos, porque no se soportan. Leticia Sánchez Medel, reportera entonces de Milenio, acababa de publicar un libro de conversaciones con los reporteros que habían cubierto esa fiesta guanajuatense, pero no hablaba, quizás a propósito (si no jamás hubiera acabado de escribirlo), de las atrocidades que habían ocurrido en torno del festival (ahora mismo podría yo externar una pregunta: ¿por qué sí había cupo para varios reporteros de un diario como La Jornada y ningún lugar para un reportero de El Financiero, sino sólo para un solo “crítico”?). Muchas veces, y esto tal vez no pudo apreciarlo Sánchez Medel, el editor, que no está en los callejones de Guanajuato, sabe más de lo que ocurre allí estando en la mesa de redacción. Cosas de no creerse, pero verosímiles.

      Ni las autoridades estaban interesadas en ello. Elena Cepeda, la ex secretaria de Cultura del gobierno del entonces Distrito Federal —y la que inaugurara estos coloquios, ya inexistentes por supuesto, en 2010—, dejó de inmediato su cargo en cuanto su esposo Graco Ramírez fue propuesto por el PRD como candidato a la gubernatura de Morelos.

      De ese tamaño era su responsabilidad cultural.

2

Quizás nadie lo sepa, pero cuando se hacían los coloquios de periodismo cultural en Yucayán, realizados desde la Ciudad de México por un colega que me detestaba (cobrando bastante bien del gobierno del estado sureño), jamás fui invitado a dichas mesas a pesar de haber, yo, nacido en Mérida, ni tampoco ninguna autoridad dijo nada, sólo el funcionariato yucateco se encargaba de los dineros exigidos por el periodista que vivía en la capital de la República.

      Y es día en que no sé la razón exacta por la cual siempre era yo eliminado de esos coloquios.

      Asimismo, se sabe que cada fin de año la Feria Internacional del Libro de Guadalajara entrega un premio de periodismo cultural, al que han denominado Fernando Benítez desde el año 1992 (un lustro después del inicio de la FIL en 1987), en que lo recibiera el propio Benítez, ocho años antes de su partida de este mundo (el 21 de febrero de 2000, un mes después de haber celebrado su cumpleaños número 88), luego de lo cual, but of course, Carlos Monsiváis fue el galardonado siguiente, premio que continuó, en 1994, con Elena Poniatowska, siendo condecorado después José Emilio Pacheco; en 1996 fue concedido a Jaime García Terrés, en 1997 a Vicente Leñero, Raquel Tibol lo recibió en 1998; Emilio García Riera, Cristina Pacheco, Huberto Batis y Armando Ponce lo recibieron respectivamente en 1999, 2000, 2001 y 2002.

      ¡Han recibido este galardón, con un modesto premio económico, hasta personas con suma ambición periodística dando oportunos golpes de Estado al interior de su medio para apoderarse de la cúpula cultural con el silencio apabullante del gremio!

      Los nombres de los que han recibido esta distinción son ya numerosos (¡hasta Héctor Aguilar Camín aceptó el galardón en 2016!), pero por supuesto qie Víctor Roura jamás aparecerá… a pesar de haber laborado toda mi vida en la prensa cultural, sí, diciendo, apuntando, registrando vejaciones, injusticias, enjuagues, jugadas políticas y corrupciones que no debieran denunciarse en el medio cultural, ¡como el libro nunca escrito por Sari Bermúdez sobre la que fuera esposa de Vicente Fox, que nadie denunciara excepto yo, motivo por el cual el propio presidente panista pidiera mi despido del periódico El Financiero, petición denegada por el entonces director general de ese diario: Rogelio Cárdenas Sarmiento (1952-2003). También he elaborado la crónica de cómo la FIL de Guadalajara llenaba sus salones grandes con acarreos de empleados de la Feria. ¿Cómo entonces iban a entregar un premio a un personaje así, de alguien que no juega el juego jugado por demasiada gente para poder seguir saliendo en la agraciada fotografía?

3

Lo horrísono provino del obradorismo, lamentablenente: Notimex, la agencia informativa del Estado mexicano, fue extinguida por el mandatario morenista para satisfacer a los sindicalistas en huelga protegidos por, por, por… ¡el padre de las Alcalde, a quien López Obrador protegió durante todo su sexenio!

      Yo había aceptado ser el director de la sección cultural de aquella agencia hoy fenecida… ¡sólo porque confiaba en los decires del nuevo presidente, creído, yo, de las promesas del gobierno! Nunca antes, para comenzar, me hubiera llamado nadie (durante las etapas priista o panista, una y la misma cosa política) para estar al frente de una zona periodística del Estado, asunto que, sin embargo, pensé muy bien en aceptar o no, circunstancia por la que finalmente me decidí por tomar las riendas de esa extraviada Notimex por lo menos en cuestiones culturales, trabajo en el que me sumergí enteramente durante medio año hasta antes de la declarada huelga de los ex trabajadores que miraban cómo sus antiguos privilegios se les iba desmoronando… pero llegó el abogado Arturo Alcalde para tranquilizar a los angustiados huelguistas que ya no sabían para dónde caminar: entonces las cosas cambiaronb drásticamente, porque el presidente empezó a llamar, vaya uno a saber por qué, “traidora” a la directora de Notimex, Sanjuana Martínez, que el propio mandatario había designado para acbar con la corrupción en el interior de esa agencia, asunto que la periodista regiomontana llevaba a cabo con meticulosa labor… hasta que fue interceptada por la misma gente del gobierno y por el señor Alcalde, obstaculizando cualquier honorable propósito periodístico para llevar agua a su molino con el respaldo oficial.

      Y nadie en los medios de comunicación habló de esta zarabanda, ni tampoco nadie estudió, ni ha estudiado, las modificaciones reales que se hicieron en el área cultural, donde se hablaba o se entrevistaba a gente estuviera o no de acuerdo con la gestión morenista, donde el periodismo en sólo seis meses de veras se convirtió en una premisa plural.

      El gremio cultural, no.

      Si no se atiende a sí misma, ¿qué va a estar mirando hacia otros lados que no sea su casa mediática?

      Basta con saberse, o entretenerse, caray, los discursos teóricos periodísticas, ya que la práctica importa poco, o nada, a la hora del quehacer, ¡ay!, periodístico.

      A veces, las páginas del pasado son importantes para perdurar en el presente.

AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “OFICIO BONITO”, LA COLUMNA DE VÍCTOR ROURA PARA LALUPA.MX

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Last modified: 16 marzo, 2026
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