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Decía Mihály Des (Budapest, 1950 / España, 2017), cuando dirigía —hasta su número 133— la revista literaria barcelonesa Lateral (desaparecida por motivos económicos a principios de 2006, publicando de manera digital su último número), que, en general, la fama de las letras latinoamericanas, en España, se había “inflado” debido a que, en octubre de 2001, debió haber comenzado un curso escritural con la presencia de Carlos Monsiváis (Ciudad de México, 1938-2010), quien abriría la convocatoria, Guillermo Cabrera Infante (Cuba, 1929 / Londres, 2005), Jorge Edwards (Chile, 1931 / Madrid, 2023) y Alfredo Bryce Echenique (Perú, 1939), cancelado un día antes de su inauguración por una sencilla y elemental razón: la ausencia de suscripciones.

“Este fracaso es una pequeña muestra de que se trata de una invención —declaró Des—. Se ha dicho que la literatura latinoamericana genera mucho interés en España y ahora vemos que eso no es cierto”. Dicho desengaño fue notificado por Gabriel Contreras, corresponsal en Barcelona del diario mexicano Reforma. “Conocedor del tema por haber trabajado durante años en la agencia de la célebre Carmen Balcells —apuntaba el periodista Contreras—, Des se refirió a un caso específico de lo que llamó interés literario inventado: Carlos Fuentes [Panamá, 1928 / Ciudad de México, 2012], un desastre de ventas en España y, sin embargo, sigue siendo el protagonista de muchas de las actividades del grupo Prisa. Este consorcio pierde dinero con los escritores latinoamericanos, que son un fracaso económico. Les paga cifras tremendas, que luego quizá recupera vendiendo el nombre de esos mismos escritores a través de sus periódicos o de otros medios de comunicación de su propiedad en otros países”.
Mihály Des, instado a hablar por un contumaz Gabriel Contreras, que nunca cedió a las complacencias en su quehacer periodístico (aún son recordados sus buenos suplementos culturales elaborados en Monterrey), no se quedaba callado ante este descalabro literario. Decía Des que el curso estaba destinado al fracaso “debido a que la mayoría de los participantes había sido seleccionado simplemente por formar parte del grupo de escritores representado por la agencia de Carmen Balcells”, fallecida la mujer —responsable del llamado boom latinoamericano— el 20 de septiembre de 2015 en su España natal —un mes despúés de haber cumplido los 85 años de edad— que hacía exactamente lo mismo “que está haciendo en este momento [principios del siglo XXI, la que diera, por ejemplo, premios valiosos al mexicano Jorge Volpi (1968)] la agencia de Antonia Kerrigan [nacida en París en 1952 y fallecida el 11 de mayo de 2023 en España, donde llevó a cabo su trabajo profesional] con el llamado Grupo del Crack [que incluía a autores mexicanos galardonados en España como Jorge Volpi e Ignacio Padilla, muerto trágicamente en un accidente automovilístico a los 47 años de edad el 20 de agosto de 2016 en Querétaro]: está inflando un nombre o un conjunto de nombres”.

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Sobre las actividades literarias del grupo Prisa, consorcio dueño de medios como el periódico El País y las editoriales Alfaguara y Taurus, Des indicó: “A través de las propiedades de Prisa y de la agencia de Carmen Balcells nos encontramos en España con los mismos protagonistas de la literatura latinoamericana desde hace 20 años. En estos últimos dos años [1999-2000], por ejemplo, hemos podido constatar que siempre es la misma gente la que encabeza los actos literarios, tengan lectores o no”.
Los organizadores del frustrado curso no estuvieron disponibles para hablar de la súbita cancelación, tales como Javier Aparicio (editor español cuya fecha de nacimiento no aparece por ningún lado, aunque aún sigue entre nosotros, trabajó durante tres lustros, entre 1985 y 2000, en la Agencia Literaria Carmen Balcells en Barcelona como director literario, agente y asesor) y Jorge Herralde, titular de la Editorial Anagrama (nacido en Barcelona con 91 años cumplidos el pasado 20 de marzo de 2026, amigo de varios escritores mexicanos a los que les ha regalado, ya, distinguidos premios literarios a nombre de su edirorial), pero tampoco cuesta trabajo explicar el desmoronamiento de estas presencias latinoamericanas en España, tan dada a las discriminaciones literarias y al funcionamiento sectario de las capillas culturales. Si Monsiváis (a quien Herralde, por cierto, otorgó el XXVIII Premio Anagrama de Ensayo en el año 2000 por su obra Aires de familia) fue el seleccionado para abrir el curso no se debía a otra razón sino a su acercamiento con el mismo Herralde.
No le faltaba razón al profesor Des cuando afirmaba que hay demasiados casos “inflados” en la maquinaria intelectual, y ahí estaba el Grupo del Crack (hoy adueñados culturalmente de la UNAM) para confirmarlo, consentido también por la estructura monopólica cultural de México.
Sin embargo, habría que resaltar las propias prácticas exclusivistas de la prensa española, empecinada en resaltar a determinadas personalidades y a ignorar a otras cuantas. En las páginas de El País, digamos, no aparece nadie que no pertenezca a sus empresas editoriales, y a veces, efectivamente, resalta a escritores medianos por el solo hecho de estar incorporados en su catálogo de ventas. Con la adquisición del Grupo Prisa, a principios del siglo XXI, del 50 por ciento de Radiópolis, la estación radiofónica de Televisa —a cambio de la modesta cifra de 50 milloncitos de dólares—, no nos extrañe que, al rato, tengamos en México una presencia [aún] más consistente de la cultura española que distribuye este específico grupo empresarial (ya en nuestro país se ha dedicado a editar, por sus buenas relaciones con un segmento importante de la cúpula intelectual [encabezado éste entonces por Héctor Aguilar Camín, que figuraba, por supuesto, en su nómina elitista], los libros de texto gratuitos de la Secretaría de Educación Pública).

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Paradojas mexicanas: Emilio Azcárraga Jean (Ciudad de México, 1968) declaraba en Madrid —a inicios del siglo XXI cuando él apenas había tomado la presidencia de Televisa el 16 de abril de 1997— que no había cabida para una nueva televisora más en México (el país no necesitaba más dominios y manipulaciones de otros consorcios: Azcárraga Jean consideraba que eran suficientes los canales de Televisa y los de Televisión Azteca) porque la concesión del espectro mediático, según comentó a la corresponsal Karla Casillas, del periódico El Financiero —y uno ya no sabe si la declaración era una involuntaria autoinmolación o una alegoría inconfesada o una irreflexiva mordacidad o, de plano, un cinismo incontrolado—, “no puede estar en manos de cualquier persona”… y es, sí, significativamente innecesario cualquier mínimo comentario, y válgase la redundancia, a su comentario.
Si un curso literario latinoamericano fue inesperadamente cancelado en Barcelona era, es, también un indicativo de la indiferencia española por todo aquello que no la rodeara. A diferencia del comportamiento mexicano, abierto, tal vez hasta excesivamente (“mal que nos viene desde la Conquista”, insisten en configurar ciertos analistas e historiadores), a todo aquello que venga de otras tierras, el español es reticente a las procedencias extranjeras, y el mexicano no es visto con buenos ojos sino incluso drásticamente disminuido (en Europa, un mexicano no deja de ser un triste sudaca), a pesar de la supuesta pluralidad europea. Lo podemos apreciar en la invasión de sus publicaciones en los primeros años del 2000, que se movían como peces en el agua en el mercado nacional (sin ninguna restricción, sin un ápice de imposiciones), cosa que no ocurría, ni aún ocurre, en el territorio hispano, donde las limitaciones son el pan de cada día.
Una revista mexicana no podía circular con entera libertad en España por una rigurosa revisión española no sólo en sus contenidos, sino, sobre todo, en su lenguaje, que era, aseguraban los estrictos supervisores hispanos, demasiado mexicanizado (¿no para la exhibición de una película del mexicano Arturo Ripstein los españoles, pese a estar filmada obviamente en español, la subtitularon para “una mejor comprensión” del público español?). Estas distintas aristas de la observación y observancia culturales son determinantes a la hora de la difusión y el despliegue masivos: nótese que en México los españoles, cuando nos visitan, son entrevistados con amplitud en los medios, cosa que no ocurre con un mexicano en España… a menos que pertenezca al grupo Prisa para poder ser abordado en las páginas de El País, cuyo primer número saliera a la calle hace ya medio siglo: el 4 de mayo de 1976.
El balance periodístico es francamente desigual.

AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “OFICIO BONITO”, LA COLUMNA DE VÍCTOR ROURA, PARA LA LUPA.MX
Víctor Roura – Oficio bonito Archivos – La Lupa




De acuerdo con el maestro Roura. El País y Prisa – como muchas otras empresas españolas – llegaron a México y América Latina con una arrogancia terrible, queriendo dar clases de periodismo y, lo peor, apoyando además los intereses rapaces y la ideología atlantista de la OTAN / Bruselas /Washington. Yo, por mi lado, deje de comprar “el diario global en español” desde que en sus páginas Vargas Llosa defendió el saqueo y destrucción de Irak en 2003. No me arrepiento.
Don Víctor: cómo que en ningún lado aparece la fecha de nacimiento de Javier Aparicio… según su currículum (un pdf de 2025 que no es difícil hallar), el barcelonés nació el 14 de enero de 1964.
Victor, tremenda voracidad y un control antiguo
Salutrinos.