Autoría de 3:44 pm #Destacada, #Opinión, Víctor Roura - Oficio bonito

La población airada, la crítica desusada, los asientos de la izquierda – Víctor Roura

1

Sí, somos demasiados ya en este mundo, tal vez por eso la humanidad se comprenda menos ya que cada persona cree tener la razón o que la razón siempre está de su parte.

      No sucedía eso cuando éramos menos: se supone que entre un menor número de personas, la gente puede aminorar sus diferencias.

      No lo sé de cierto, pero tampoco es probable: ¿no en una familia existen discordancias, desacuerdos, incluso desprecios?

      Cuando apareció el australopithecus, una persona parecida al ser humano (en el Pleistoceno, después de la era Cenozoica), hace aproximadamente siete millones de años, continuó, tras largos años de evolución, el homo sapiens, nos dice la Historia, hace unos 200,000 años, cuando las tribus nómadas se dedicaban a cazar mamíferos y a recolectar lo que pudiera alimentarlos. Antes de que la humanidad hiciera presencia en este planeta, dominaban los dinosaurios, en la era llamada Mesozoica, hará unos 252 millones de años cuando reinaron, solos, alrededor de 186 millones de años extinguiéndose por completo hace unos 66 millones de años quedando el planeta desolado, con la excepción posterior de los grandes mamíferos, hasta la aparición, 59 millones de años después, de los australopithecus, como ya he referido, transfigurándose éstos, tras la última glaciación (hace unos 10,000 años), en la población humana, en la era conocida como Holoceno, cuando finalmente descubrió la agricultura: ya hace unos 12,000 años se alcanzaba la cifra de los 4 millones de personas en el mundo, un número realmente menor a los 8.300 millones de personas que conformaremos este planeta el 1 de julio de 2026.

      Hemos ido creciendo, pese a las guerras que no acaban nunca, de modo desproporcionado desde que alcanzamos la cifra de los  mil millones de habitantes en el año 1804, “periodo en el que la mejora en medicina y nutrición comenzó a reducir la tasa de mortalidad”, se apunta básicamente en la crónica de la humanidad reciente.

      A diferencia, en efecto, de los miles de años transcurridos para que este planeta pudiera llegar la los 1,000 millones de habitantes, sólo bastó un poco más de un siglo, en 1927, para que la Tierra alcanzara la cifra de los 2,000 millones en su población global.

      En los siguientes 33 años, en 1960, el mundo llegó a tener tres mil millones de habitantes. Y sólo catorce años después, en 1974, rondaban ya otros mil millones más de personas en el plantea.

      Luego todo fue muy rápido: en julio de 1987 se alcanzó la cifra de los 5,000 millones de habitantes, en 1999 los 6,000 millones, el 31 de octubre de 2011 os 7,000  millones y el 15 de noviembre de 2022 la Tierra se llenó de 8,000 millones de habitantes y, se supone, para mediados de 2026 seremos, según cálculos de los expertos, 8.300.678.395 personas habitando este planeta.

      En sólo 222 años el mundo creció de manera sifgnificativa poblacionalmente siete mil millones más que en su pasado reciente: esos mismos 222 años atrás nos ubican entonces en el año 1582 cuando el mundo tenía, supuestamente, entre 450 y 550 millones de habitantes, acaso poco más de 200 millones de personas después del arribo de la era cristiana, en el año 1dC, cuando se considera que había en el planeta entre 150 y 300 millones de personas.

2

No sé el común de la gente, pero yo miro y escucho cada vez más a personas hablar mal de, o proferir insultos a, o quejarse con denuedo de otros individuos, que no deja de sorprenderme porque, a menos que me atacase a mí la inconciencia, no era antes tan arrollador este asunto, o este instinto, de la blasfemia contra el mismísimo género humano resaltada —la blasfemia— por la propia especie humana, pues una cosa es el despropósito racial a lo Hitler y muy otra cosa el deslinde de las personas de su congénere: si Los Polivoces, dueto cómico  interpretado por Eduardo Manzano (1938-2025)  y por Enrique Cuenca (1940-2000), durante un sketch rebajaban al locutor Raúl Velasco (1933-2006), que trabajaba en la misma empresa televisora donde desplegaban sus alas Los Polivoces, no era porque lo discriminaran sino porque dicho dúo cómico sabía usar la crítica para denostar la insignificancia de su colega.

      —.¿Ya supiste que le dieron dos medallas a Raúl Velasco?

      —No, ¿de qué son?

      —Una por tarugo,

      —¿Y la otra?

      —Por si se le pierde.

      Y Chano y Chon se lamentaron (no se la mentaron) de su chiste (“uuuuuuuuuuhhhh!, “uuuuuuuuuuhhhh!), absolutamente inusual y desacostumbrado en una vecindad que no habla sino de una sorprendente postura analítica no frecuentada en los pasillos de dicho medio, mas ello no significa una vacilación engreída del desprecio de la gente por la propia gente que se mira en la contemporaneidad, donde las distancias ya no se miden para desacreditar a los semejantes.

      No sé por qué estas nuevas descalificaciones sociales.

      ¿Porque somos ya demasiados en este mundo?

3

Sí, somos demasiados, pero no como, digamos, la India o China, que entre ambas naciones reúnen a casi 3,000 millones de habitantes (India con más de 1.450 y, casi igual, China con 1,410 millones). En la Ciudad de México vivimos más de 9 millones de habitantes de un total de casi 130 millones que tiene el país entero, sólo 15 millones menos que la ciudadanía que posee Rusia pese a ser esta nación la más grande del mundo… ¡ocupando más del 11 por ciento de la superficie terrestre! A diferencia de Rusia, cuyo territorio se extiende a 17 millones de kilómetros cuadrados, México posee una superficie territorial de casi 2 millones de kilómetros cuadrados.

      La Ciudad de méxico —donde viven menos de 5 millones de personas que en Moscú, la capital rusa: 9 y 14 millones en la primera y en la segunda— no puede ser comparada con urbes como Yakarta (Indonesia), Dacca (Bangladesh) o Tokio (Japón) que poseen, respectivamente, 42, 37 y 33 millones de habitantes.

      Sin embargo, la molestia humana, o así pareciera ser, en México es diferente ahora, o así la siento yo por lo menos.

4

Es como ese asunto de las ideologías políticas, ya sea en uno o en otro bando, o derechista o izquierdista, y se sabe de qué se está hablando cuando se refiere a cualesquiera de los dos términos, a pesar de que todo, históricamente, comenzó en una contienda de butacas: durante la Asamblea de los Estados Generales en Versalles, Francia, en mayo de 1789, los representantes del pueblo llano y los que deseaban un cambio radical y limitar los poderes del rey y establecer las libertades civiles, se sentaron a la izquierda del presidente de dicha Asamblea. Y los que estuvieron en el ala derecha fueron, se dice, los “nobles y el clero, partidarios de mantener el Antiguo Régimen (la monarquía y los privilegios)”.

      Así se iniciaron las posturas políticas, porque a partir de aquella fecha las personas que hablaban por el pueblo tomaban asiento del lado izquierdo y los contrarios del lado derecho, de ahí la configuración social, si bien nadie dijo, o nadie se percató (porque seguramente había personas sentadas en la izquierda del  escenario que debían estar en la zona derecha), de que los políticos podían tomar asiento en ambos costados sin ver, o sin ser, dañadas sus reputaciones, porque sin duda hay derechistas que se dicen izquierdistas e izquierdistas connotados que son derechistas según como se mueva, o como miren que se mueva, la política, por ejemplo hoy en México pululan los izquierdistas que antes tomaban asiento en la derecha (¿no el mismo López Obrador nombró durante todo su sexenio, sin explicar la razón de su excesiva confianza, como director de electricidad a una perosna que solía sentarse en el ala derecha del país?) o, para decirlo con mayor claridad, no faltan los derechistas que se sientan a la izquierda porque esas butacas les conviene diestramente para su perspectiva, destino o brillante futuro político.

      Así de sencillo, por eso hoy son aplaudidos lo mismo quienes tomaban asiento del lado derecho o los que, de vez en cuando, se sentaban del lado izquierdo aunque no dejaba nunca de ambicionar un asiento en la zona derecha.

      Nada más es cuestión de saberse sentar en el sitio adecuado, o de saber buscar de entre todos cuál es el de mayor reblandecimiento, o el mejor acomodado del lugar, o un asiento con mayores perspectivas de  confort, o una butaca que abrigase cierta confortabilidad, o que prometiera alguna prosperidad, un asiento que presentara una sutil variante de facilidades.

      Eso es todo.

AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “OFICIO BONITO”, LA COLUMNA DE VÍCTOR ROURA PARA LALUPA.MX

https://lalupa.mx/category/las-plumas-de-la-lupa/victor-roura-oficio-bonito

(Visited 101 times, 1 visits today)
Last modified: 20 abril, 2026
Cerrar