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Hallan en la música un vehículo para inculcar la honestidad en las infancias

HISTORIA: PATRICIA LÓPEZ NÚÑEZ/LALUPA.MX

FOTOS: RICARDO ARELLANO/LALUPA.MX

Para hacer música bien, no se pueden decir mentiras, sostiene Héctor Larios Osorio, quien con la maestra Alejandra Barrientos, dirige la orquesta infantil Makochi Dulcemelos, el coro Gracias a la Vida de Adultos Mayores del municipio de Querétaro y mediante la asociación civil sin fines de lucro Pro Educación Musical y el Sistema Estatal Anticorrupción de Querétaro, crearon la primera orquesta típica juvenil anticorrupción en la entidad. 

En medio de los nervios de las niñas y niños de Makochi por su presentación en el Museo Regional, Héctor Larios y Alejandra Barrientos encuentran en las orquestas un semillero de integridad y orden. Afirman que la música no es solamente placer o entretenimiento, es una disciplina y un compromiso social, un método de formación humana que resalta valores como la honestidad, que son tan importantes como tocar bien un salterio o el violín. 

Con la música, pretenden que niñas y niños, jóvenes y personas adultas se integren a una comunidad donde la lealtad, la integridad y la rectitud sean los aspectos dominantes. En el caso del trabajo con jóvenes para combatir la corrupción a través de la música, fue importante la colaboración del titular del secretariado ejecutivo del Sistema Estatal Anticorrupción, Jorge Sánchez Martínez, para que este modelo de enseñanza llegue a donde el tejido social requiere cimientos sólidos. 

Como ejemplo, señalan que ingresar a la orquesta Makochi, que viajará en estos días a Austria, República Checa y Eslovaquia, no es un camino fácil ni basta el entusiasmo; los integrantes deben demostrar excelencia académica con un promedio mínimo de ocho, práctica rigurosa con horas diarias de estudio de su instrumento y valores familiares. 

Para el maestro Larios y la codirectora, productora y educadora musical Alejandra Barrientos, cada niña y cada niño deben cumplir con sus responsabilidades en casa, desde hacer tareas, tender la cama o mantener una alimentación saludable, porque si no hay orden en la vida cotidiana, eso se refleja en todo y no tienen espacio en la orquesta.

Integrarse a estos grupos, como la orquesta Makochi, no tiene un costo económico, pero sí deben cumplir requisitos mucho más valiosos y más difíciles. “Es una selección natural, les decimos, porque simplemente quien no estudia, pues no se incorpora”, subraya Héctor Larios. 

Alejandra Barrientos sostiene que el entorno físico y emocional es clave, debido a que aspectos como la alimentación se vuelven fundamentales para tener una orquesta tranquila y equilibrada emocionalmente. El control de la nutrición ayuda a que los músicos soporten la carga emocional de los conciertos y la presión ante el público. 

Héctor y Alejandra iniciaron este esfuerzo a través del Dueto Dulcemelos. Ambos son educadores musicales y cursaron la licenciatura en música con especialidad en educación, que complementaron con formación en Escocia, Noruega y Suiza. Por eso entienden a la música como una herramienta para el desarrollo personal. 

Valores contra la corrupción

Entre los grupos que dirigen, se encuentran la orquesta típica que surgió de la secundaria general número 1, con el fin de incluir a jóvenes de secundaria, preparatoria y universidad, que pasó de ser una actividad escolar a funcionar  como un espacio de enseñanza colaborativa y de autorregulación, ahora con el cobijo de la Universidad Autónoma de Querétaro y con el Sistema Anticorrupción. 

Como resultado de la orquesta típica, en julio próximo los jóvenes viajarán a Polonia, donde participarán en dos festivales de música folklórica y acompañarán a la Compañía Folklórica Universitaria que dirige la maestra Dolores Zúñiga. “Lo que nosotros enseñamos es que sean constantes, que tengan el entusiasmo por averiguar, por descubrir cómo pueden hacer que suene el instrumento”, declara Larios.

Sobre todo, se les inculca que la orquesta es una comunidad y cuando alguien se equivoca, no se equivoca la sección de ese instrumento, para el público, se equivoca toda la orquesta y se dan cuenta que tienen que estudiar más, ser puntuales, trabajar con constancia. Tanto Alejandra como Héctor se esfuerzan por enseñar el lenguaje musical, no solamente que los jóvenes aprendan tres o cinco canciones. 

La prueba de que este modelo funciona es que algunos jóvenes que iniciaron en las orquestas de los dos maestros, ahora son profesionistas y llevan a sus hijos a practicar con ellos. Uno de esos casos es Daniela Martínez Acevedo, alumna desde los dos años y hoy licenciada en psicología.

Actualmente colabora con la Universidad Nacional Autónoma de México para realizar estudios sobre cómo la música incide en el desarrollo neurológico y fomenta la empatía. Explica que “empezamos a realizar el primer experimento sobre el salterio y el cerebro con técnicas de electroencefalograma para medir la actividad cerebral al momento de la ejecución del instrumento, todavía no tenemos resultados, pero ya es un inicio para sentar la base científica sobre el salterio”. 

Héctor Larios y Alejandra Barrientos reconocen que ver a sus alumnos crecer es el motor de su vida. “Hay dos formas de ver a los niños, una de manera romántica, otra de manera práctica y útil para la vida, a mí me gusta tomar de las dos, me gustan los niños, les tengo paciencia, pero el amor es un compromiso, les vas a soportar sus gritos, sus errores y sus accidentes. Al niño se le prepara y se le trata con respeto”. 

El objetivo de ambos es que la calidez del arte forme a grandes músicos, pero sobre todo, a ciudadanos de bien. Siempre abiertos a recibir a más niñas y niños, el Dueto Dulcemelos brinda información a través del  WhatsApp 4423 645886, al correo dulcemelosmexico@yahoo.com.mx, o mediante sus redes sociales en Instagram y Facebook como Dulcemelos.

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Last modified: 10 mayo, 2026
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