REPORTAJE Y EDICIÓN FOTOGRÁFICA: AMÍLCAR SALAZAR ANAYA/LA LUPA.MX
En siete meses, 16 personas se quitaron la vida en Querétaro. Otras cinco estuvieron a punto de lograrlo, pero fueron “rescatadas” por policías y ciudadanos. Cinco personas más, identificadas en notas de prensa como “en situación de calle”, murieron a la intemperie por causas no divulgadas. Finalmente, nueve adultos mayores murieron en presumible soledad y por “posible infarto” tanto en la vía pública como en transportes y domicilios.
Los datos anteriores provienen de una búsqueda de LaLupa.mx en páginas de “nota roja”, así como de la verificación directa de algunos casos. La suma es de 35 personas que ahora forman parte de las estadísticas sobre suicidio y muerte solitaria en la entidad, pero sobre las que muy poco o nada se sabe.

Sus historias, dolores y circunstancias de vida no obtuvieron mayor memoria pública que un encabezado en las páginas policiales.
LaLupa.mx recurrió a especialistas en psicología, sociología y marco jurídico, constatando tanto la invisibilidad social de las víctimas como el hecho de que los vacíos informativos también afectan al sector académico que trabaja en la prevención del suicidio.
A LA ORILLA DE UN DRENAJE
Entre las colonias San José de los Olvera y El Pocito está la calle Río Bravo, una arteria que tiene en uno de sus costados un drenaje que alguna vez fue un río. Ahora es un hilo de agua verdosa que en ciertos tramos se oculta bajo el asfalto y en otros se muestra a cielo abierto, bordeado por árboles. Fue en uno de esos macizos donde vecinos del lugar vieron el cuerpo de una mujer de aproximadamente 38 años.
“Encuentran a mujer sin vida en El Pocito, Corregidora. El cadáver estaba suspendido de un árbol y se habría tratado de un suicidio”, fue toda la información que difundieron medios de nota roja el pasado 1 de octubre. La información se acompañó de cuatro fotografías tomadas a la distancia, pero en las que sólo se percibía el trabajo de las autoridades: estas llegaron, acordonaron el área, confirmaron la ausencia de signos vitales, llenaron bitácoras, levantaron el cuerpo, se marcharon…
En el estado de Querétaro, donde las policías municipales resguardan con cinta amarilla las áreas sujetas a investigación pericial, no se divulga mucha información sobre los casos de suicidio o los de muerte solitaria, ello no sólo porque las fiscalías la reservan por protocolo legal, sino porque la mayoría de los medios de nota roja no suelen investigar por su cuenta y menos aún indagar el entorno social de las víctimas.

“PERDEMOS LA OPORTUNIDAD DE APRENDER… Y DE PREVENIR”
“En los casos de presunto suicidio, las autoridades quizá cumplen con el sigilo judicial y el debido proceso, mientras que las coberturas de prensa o son mediocres o solamente abordan aspectos mórbidos. Entonces, la sociedad difícilmente llega a saber qué circunstancias propician que una mujer de 38 años decida poner fin a su vida en la orilla de un drenaje, en un barrio de clase media como Corregidora, a pocos metros de grandes centros comerciales y de fraccionamientos con rentas mínimas de diez mil pesos”, opina Rubén Lugo, maestro en sociología de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).
“Cuando una muerte ocurre en el espacio público y no hay signos de violencia, la presunción inmediata puede ser el suicidio. Pero esa presunción rara vez viene acompañada de un esfuerzo por entender la problemática de la víctima. Las fiscalías cumplen con levantar el cuerpo, pero la historia de esa persona, su contexto, su sufrimiento, todo se queda en la nada. Perdemos la oportunidad de aprender, de prevenir, de entender qué está fallando en la sociedad”, añade Lugo.

EL TEMOR AL “CONTAGIO”
Otra posible razón por las que las notas sobre casos de suicidio suele ser mínimas se atribuye a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recomendado a medios y plataformas de redes sociales evitar su cobertura “amplia o sensacionalista”, a fin de prevenir el llamado Efecto Werther, una tesis psicológica que asegura que las audiencias suelen imitar conductas suicidas.
Pero tal recomendación podría también ser interpretada por algunos medios como pretexto para no investigar, comenta a LaLupa.mx la psicóloga Yunuen Argueta, terapeuta del Centro de Servicio Comunitario (CESECO) de la UAQ.
“Hay una confusión entre informar responsablemente y no informar. La OMS no dice que no se hable del suicidio. Dice que se hable con responsabilidad: sin detalles del método, pero también sin deshumanizar. Lo que a veces encontramos en las redes no es información responsable, sino información ausente. A veces, más bien, contribuye a normalizar la muerte y anula la posibilidad de que la sociedad reflexione”.
MÉXICO CRECE A MENOR RITMO, PERO SUICIDIOS AUMENTAN
Paradójicamente, mientras la población mexicana ha crecido con menor velocidad en los últimos 15 años (1.2 por ciento anual), el número de suicidios ha registrado un aumento constante, hasta casi duplicarse las cifras, pasando de 5,012 casos durante 2010 a 9,051 en 2024, según datos del Instituto Nacional de Geografía e Informática (INEGI).
Las cifras permiten ver que un total de 104,600 mexicanos decidieron quitarse la vida dentro de dicho periodo, cantidad que da un promedio de 6,973 casos por año; es decir, 19 suicidios por día.

Si bien el estado de Querétaro ocupa el lugar 18 en la escala nacional de incidencia, su tasa de suicidios ha crecido hasta dos veces y medio en los últimos 15 años, pasando de 85 casos registrados en 2010 a 214 durante 2024; cifra última que promediaría 17.8 suicidios por mes.
EJEMPLO 2. “FEMENINA DE APROXIMADAMENTE 35 AÑOS”
Al amanecer del domingo 28 de diciembre, cuando los primeros rayos del sol iluminaban los campos de futbol de la comunidad de San José Galindo, un grupo de trabajadores que caminaba hacia la parada de un autobús empresarial se detuvo en seco. A unos metros, colgando de las ramas de un huizache, el cuerpo de una mujer se balanceaba levemente con el viento mañanero.
“Femenina de aproximadamente 35 años”, se concretó a reportar el diario, atribuyendo el dato al delegado de la comunidad, quien tras confirmar el caso de presunto suicidio, habría llamado al número de emergencias 911.
Pero sobre la víctima de presunto suicido no se supo o difundió nada más, más allá un párrafo de cierre que, de hecho, podría alentar dudas sobre el caso: “Hasta el momento no se ha confirmado si este hecho se trató de un suicidio o si hay algún delito que perseguir”.
La prensa roja no publicó un testimonio de vecinos que conocieran a la víctima, declaraciones de familiares o siquiera una voz anónima que permitiera al lector darse una idea de la problemática que pudiera haber enfrentado aquella mujer antes de llegar al paraje solitario.

EJEMPLO 3. “ACABA CON SU VIDA VÍA AHORCAMIENTO”
La nota periodística sobre el presunto suicidio de “un joven” en el histórico Barrio de la Cruz, en el municipio de San Juan del Río, constó de 324 palabras, dedicadas predominantemente a referir la llegada de la policía, de las diligencias periciales y de las necropsias de ley.
Pero la nota no dice nada sobre la víctima… ni siquiera su edad real o aparente. No dice qué estudiaba, si trabajaba, si tenía amigos, si alguien notó algo diferente en el joven durante los días previos. No dice si dejó carta, si había pedido ayuda, si debía dinero o estaba amenazado por alguien, si tenía pareja, empleo o alguna enfermedad, si alguien supo de sus posibles angustias…
La información alude a los familiares de la víctima solamente para decir que estos “no daban crédito a lo ocurrido, ya que no había motivo alguno para tomar tal determinación”.
Pero el reporte rojo no olvidó dar detalle de los aspectos mórbidos del hallazgo:
“Fue encontrado por sus familiares en el interior de un cuarto de la casa, pero ya sin signos vitales, se encontraba pendiendo, atado al cuello con una soga y sujetado a un metal de una ventana.
“Esto causó consternación en los familiares que lo encontraron, de inmediato lo bajaron de la cuerda para tratar de darle los auxilios, otros más pedían la ayuda al número de emergencia 911, fueron Protección Civil y Policías Municipales, que de inmediato llegaron al lugar, pero nada pudieron hacer, ya que el masculino tenía algunas horas de haber muerto.”

EJEMPLO 4. “SEXAGENARIO CON UN MECATE AL CUELLO”
De acuerdo con la información periodística, “Bertín N.” tenía 64 años y vivía en Piedras Anchas, una pequeña localidad del municipio de Jalpan de Serra. Cuando sus familiares lo encontraron, la mañana del sábado 21 de septiembre, aún tenían esperanza de que pudiera estar con vida. Lo bajaron del mecate con el que se había suspendido, llamaron a los bomberos voluntarios, pero ya era tarde.
No sin etiquetar el suceso con la conocida frase: “macabro hallazgo”, las notas de prensa describieron de manera extensa las rutinas de las autoridades. Sin embargo, sobre el adulto mayor sólo se dijo que este tenía “alrededor de 64 años”. La circunstancia que lo habría llevado a acabar con su vida se convirtió en un misterio y en un número más de expediente reservado por ley.

“DOLOR EMOCIONAL Y POBREZA SE VIVEN EN SILENCIO”: RUBÉN LUGO
Luego de revisar las notas informativas sobre los casos arriba resumidos, el sociólogo de la UAQ Rubén Lugo dice a LaLupa.mx
“El suicidio no respeta geografías, pero sí tiene patrones. En las zonas rurales, tanto en la comunidad de Galindo o en la de Piedras Anchas, el aislamiento y la falta de servicios de salud mental deben ser los factores determinantes.
“El adolescente del Barrio de la Cruz pudo haber sido un estudiante de preparatoria, un aprendiz de algún oficio, un hijo que llegaba tarde y se encerraba en su cuarto. Pudo haber tenido una discusión con sus padres, o una decepción amorosa, o simplemente una tristeza que creció en silencio hasta volverse insoportable. Todo eso lo ignoramos.

“La mujer de El Pocito pudo haber sido vecina de San José de los Olvera, o quizás venía de más lejos. Pudo haber tenido hijos, o no. Pudo haber trabajado en una fábrica, en un comercio, en una casa. Inclusive ser de clase media y sufrir violencia familiar. Nada sabemos. Su muerte pasó casi inadvertida para la prensa.
“En el caso del anciano de Piedras Anchas, resulta difícil no considerar que este vivía en una localidad de Jalpan de Serra donde el centro de salud más cercano está a 45 minutos en transporte público, que además no existe. Habrá que saber si allá había psicólogos o psiquiatras. Pero lo que en la academia sí sabemos es que el dolor emocional y la pobreza se viven en silencio, puertas adentro, quizá hasta que un día la cuerda y el mecate se convierten en la única salida visible.
“Los intentos de suicidio en puentes peatonales son particularmente reveladores. El puente, como símbolo: un lugar de paso, de tránsito, de conexión entre un punto y otro. Quien intenta saltar desde un puente está, metafóricamente, en el límite, en la frontera entre la vida y la muerte, esperando que alguien lo vea, que alguien lo detenga. A veces llega alguien a tiempo, a veces no.
“En las zonas urbanas, a la gran concentración poblacional pueden sumarse como detonadores del suicidio la carestía, la precariedad y costo de la vivienda, los bajos salarios, la violencia estructural, el machismo, la fragmentación del tejido social. Si no se investiga o nada se dice, no nos queda más que especular, a fin de entender este fenómeno.
“Querétaro ha crecido muchísimo en las últimas décadas. Ha llegado gente de todo el país. Se han multiplicado los fraccionamientos, las industrias. Pero sin duda que ese crecimiento no ha venido acompañado de políticas de salud mental, de espacios comunitarios, de redes de apoyo.

“Tenemos ciudades más grandes, pero también más solas.”
EL SUBREGISTRO: ¿SUICIDIO O ACCIDENTE?
Si bien Querétaro se encuentra por debajo de la media nacional en la incidencia de suicidios, especialistas advierten: “todas las entidades del país enfrentan un sub registro”.
—Le voy a poner un ejemplo: no todas las muertes por ahogamiento se investigan como posibles suicidios —comenta a LaLupa.mx un perito criminalista que solicita que no se divulgue su nombre.

“A veces no es que algo se oculte, simplemente no se encuentran datos. Ejemplos: si no hay testigos, si la persona vivía sola, si no hay carta póstuma, si nadie vio nada, si no hay cámaras ni testigos, si la familia tampoco sabía o no dice nada, ¿qué podemos hacer? Terminamos por clasificarlos como accidentes, a reserva de que en el futuro, si surgiera algún dato, en la Fiscalía podríamos reabrir la investigación”.
EL “FRÍO” LENGUAJE JURÍDICO
—¿Por qué los reportes gubernamentales y notas de prensa sobre suicidio son tan frías, tan burocráticas?, se pregunta a la abogada Marisol Méndez Martínez, quien responde:
—Bueno… las instituciones de seguridad no están diseñadas para contar historias, sino para reportar hechos. Su lenguaje es el del derecho penal: “se dio fe del hallazgo”, “se inició carpeta de investigación”, “se realizaron las diligencias de ley”. Y tal vez ese lenguaje, replicado sin filtro por los medios, convierte a la muerte en un trámite.
Abogada radicada en Querétaro y especialista en derecho laboral y penal, Méndez Martínez conoce el protocolo que sigue tanto la Fiscalía General del Estado de Querétaro (FGEQ) como otras instancias involucradas en casos de suicidio. A petición de LaLupa.mx, la entrevistada resume:
“En Querétaro, cada municipio tiene su propia operatividad. Una vez que se recibe el reporte de un caso a la línea telefónica 911, se canaliza hacia la secretaria más cercana. Generalmente es el área de Atención a Víctimas, misma que una vez que comprueba que se trata un fallecimiento, solicita la intervención de la FGEQ, a fin de los servicios periciales realicen las investigaciones.

“Por parte de FGEQ hay una atención a familiares o acompañantes; pero en ocasiones las citas se demoran, además de la distancia geográfica, de modo que las autoridades municipales pueden dar el seguimiento a familiares o acompañantes, a veces dotándolos con servicios de abogados, psicólogos, trabajadores sociales, criminólogos. Este seguimiento se da por parte del área de Prevención del Delito.
“En el caso de que la Fiscalía determine que efectivamente se trata de un suicidio, se procede a reportar a la familia, y aunque sí se permite el sepelio, no se autoriza que incineren los cuerpos, ello por si en un futuro pudiera ser necesaria una exhumación, derivada de eventuales hallazgos.
“Los casos de suicidio son muy reservados, los lleva tanto la Fiscalía como el Centro Estatal contra las Adicciones (CECA), ya que se considera un tema de salud mental (depresión, generalmente). Sin embargo, los datos sólo se pueden pedir por oficio y hay mucha cautela para manifestarlos. Los temas de suicidio son información que posee alta protección de datos; algo que es sumamente importante para los familiares de las víctimas. No a todo mundo le agrada hablar de un tema tan cercano y doloroso.”
—Es un protocolo complejo y algo burocrático, ¿cierto?
—Así es. El esquema tal vez podrá parecer burocrático, pero resulta inevitable aplicarlo. No sólo porque está normado en las leyes, sino porque hay que considerar que en los lugares donde no se siguen los protocolos simplemente no se suele garantizar certeza jurídica para las partes.
“DESATENCIÓN ES LA ENFERMEDAD DE FONDO”: YUNUEN ARGUETA
Yunuen Argueta Montes de Oca, psicóloga del CESECO de la UAQ, campus San Juan del Río; representante en Querétaro de la organización civil Guardianes para la Prevención del Suicidio, además de terapeuta especializada en depresión, ansiedad y conductas suicidas, responde a las preguntas de LaLupa.mx.

Desde la óptica psicológica, ¿cómo pueden leerse estas cifras del INEGI, que hablan de un aumento progresivo de los suicidios y que en los últimos 15 años ya suman 104,600 personas?
Me parece que el dato podría ser la punta del iceberg de algo más profundo que no estamos viendo como sociedad. Aquí me permito citar la perspectiva del sociólogo francés Émile Durkheim, quien dijo que el suicidio no es solo un acto individual de desesperación, sino un fenómeno que refleja la salud de la sociedad.
Todas estas muertes nos hablan de lo que Durkheim llamaba “anomia”: una falta de regulación social, donde las personas se sienten desconectadas de las normas y redes de apoyo que dan sentido a la vida. Las cifras nos indican que hay una evidente fractura en el tejido social.
No estamos viendo la depresión no diagnosticada, las deudas económicas que ahogan a la gente, las violencias silenciosas o la soledad crónica que probablemente arrastraban estas personas.
Las cifras son un síntoma. Pero la enfermedad de fondo es la falta de redes comunitarias y de salud mental preventiva. Y aquí hay mucho que nuestros gobernantes, los psicólogos, los medios y la sociedad en su conjunto podemos hacer para prevenir.

De los suicidios consumados, la mayoría fueron por ahorcamiento. ¿Qué nos puede decir sobre el perfil de quien toma esa determinación? ¿Hay diferencias entre el suicidio impulsivo y el planeado, y qué implicaciones tiene eso para la prevención?
El uso de métodos de alta letalidad como el ahorcamiento nos habla de dos cosas: accesibilidad y determinación. Aquí es donde unimos la clínica con la sociología. Desde la Teoría Interpersonal del Suicidio de Thomas Joiner (psicólogo estadounidense), el deseo de morir surge de una pertenencia frustrada (soledad) y la percepción de ser una carga. Cuando alguien usa un método tan letal, suele haber superado la fase de la ideación pasiva y ha cruzado hacia la capacidad adquirida para hacerse daño, que es la habituación al dolor y al miedo a la muerte.
En cuanto a la impulsividad contra planeación del suicidio, pienso que aunque algunos casos pueden ser impulsivos o detonados por una crisis repentina, el hecho de que el método esté ‘preparado’ o sea de fácil acceso indica que, en muchos casos, hay una ideación crónica de fondo. La prevención, entonces, debe enfocarse en reducir el acceso a medios durante las crisis agudas y, sobre todo, en tratar esa soledad y desesperanza de fondo.
Cinco personas intentaron saltar desde puentes peatonales. ¿Qué pasa psicológicamente en ese momento de crisis? ¿Qué ocurre después con esas personas? ¿Existe algún protocolo de seguimiento para quienes son rescatados de un intento de suicidio?
Ese momento de crisis es una ventana de ambivalencia. La persona quiere detener un dolor insoportable, pero no necesariamente quiere morir. Por eso la intervención de un ciudadano o autoridad es vital: ese acto de conexión humana rompe, aunque sea por un instante, la burbuja de soledad absoluta. Desde el enfoque cognitivo de Aaron Beck (psiquiatra estadounidense), en ese momento la persona está atrapada en un túnel cognitivo donde la única salida que ve es la muerte.

Sobre el seguimiento, aquí es donde fallamos como sociedad. Durkheim diría que estamos viendo una falla en la integración social. Rescatar a alguien físicamente y luego soltarlo en el mismo vacío emocional es insuficiente. Necesitamos un protocolo de contención en caliente que vincule inmediatamente a la persona con servicios de salud mental. Lamentablemente, en gran parte del país estos protocolos son débiles o inexistentes. Se rescata el cuerpo, pero se abandona la mente.
Desde la clínica, ¿cómo se aborda la salud mental de quienes viven en la calle? ¿Hay algún programa en Querétaro para atender a esta población más allá de los albergues temporales?
Estos casos son el ejemplo más crudo de la pertenencia frustrada de Joiner llevada al extremo. La calle no es solo falta de vivienda, es la pérdida total del tejido social. La persona en situación de calle suele vivir en un estado de supervivencia donde las enfermedades mentales, tales como psicosis, adicciones o depresión profunda, se agravan por la falta de cuidados básicos.
Aquí opera lo que podríamos llamar un suicidio pasivo o una muerte por abandono. La persona deja de cuidarse, deja de luchar. La sociedad, desde una perspectiva durkheimiana, está fallando en su función de integración. Definitivamente, no hay programas de salud mental de callejeo (equipos que salgan a buscar a la persona a su entorno) más allá de lo asistencial. No podemos esperar a que estos lleguen por su voluntad a un consultorio; hay que ir a ellos.
¿Qué factores psicológicos convergen en la vejez para aumentar el riesgo de muerte por abandono? ¿Estamos preparados como sociedad para acompañar a los adultos mayores?
En la vejez confluyen varios factores que son una tormenta perfecta. Desde el punto de vista psicológico, hay duelos acumulados (pérdida de seres queridos, de estatus, de capacidades físicas). Esto alimenta la desesperanza de Beck (“mi futuro no existe”). Pero además, hay un fenómeno social muy potente. Durkheim hablaba del suicidio altruista (por exceso de integración) y egoísta (por falta de ella). El adulto mayor en soledad sufre de suicidio egoísta: al quedar fuera de los círculos productivos y familiares, siente que su rol social ha desaparecido.
El ‘dejarse morir’ es la conclusión lógica de quien siente que ya no pertenece a nada ni a nadie. No estamos preparados como sociedad porque hemos medicalizado la vejez; es decir, reducida a atención de urgencias médicas; pero la hemos vaciado de significado comunitario. Necesitamos reforzar esa parte con apoyo psicológico especializado.

Las notas periodísticas dicen cosas como: “los familiares no daban crédito, no había motivo”. ¿Qué ocurre cuando entre familiares del suicida viene la culpa por “no haber visto nada”?
Ese discurso es terriblemente dañino para los deudos. Reforzar la idea de que ‘no había señales’ instala la culpa de por vida: ‘si no había señales, es que no lo quise lo suficiente para verlo’, o peor aún, ‘soy un mal familiar’. Clínicamente, esto complica el duelo. Impide la elaboración normal porque la familia se queda atrapada en el ‘¿por qué?’. Además, estigmatiza el suicidio, impidiendo que otras familias hablen del tema por miedo a ser juzgadas.
Hay que entender que las señales existen, pero a veces son silenciosas: aislamiento progresivo, cambios en rutinas, regalar pertenencias. El problema no es que no hubiera señales, es que como sociedad no estamos educados para leerlas.
En los 35 casos, parece ser que nadie indagó si las víctimas tenían diagnóstico de depresión, si habían pedido ayuda, si tenían historial de intentos previos. ¿Qué estamos perdiendo como sociedad al no indagar más?
Estamos perdiendo la posibilidad de aprender para prevenir. La autopsia psicológica es una entrevista retrospectiva que reconstruye la vida de la persona: ¿tuvo depresión? ¿Intentó pedir ayuda? ¿Dejó notas? ¿Tuvo intentos previos?
Sin estos datos, las cifras son meros números. No sabemos si el sistema de salud falló, si la red familiar se rompió o si hubo factores laborales o económicos detonantes. Desde la óptica de Durkheim, estamos perdiendo la oportunidad de diagnosticar a la sociedad. Cada suicidio no explicado es una lección que no aprendemos como comunidad.
¿Cómo evalúa los recursos de salud mental en el estado de Querétaro?
Desde la academia, consideramos que aún faltan, al menos, tres cosas:
Uno: cobertura integral. No es lo mismo atender desde un call center en la capital de Querétaro que tener presencia en los 18 municipios, muchos de ellos rurales o de montaña, donde el estigma puede ser mayor y el acceso a internet o líneas telefónicas es limitado.
Dos: psicólogos en primer nivel. Necesitamos psicólogos en todos los centros de salud, no solo para terapia, sino para detección temprana. La salud mental debe estar al lado de la medicina general.
Tres: seguimiento. No basta con atender la crisis; hay que dar acompañamiento a largo plazo.
¿Alguna conclusión…?
Para no llegar a seguir teniendo 35 casos cada seis o siete meses, Querétaro necesita lo que Durkheim llamaba integración social: redes comunitarias fuertes, campañas de desestigmatización y un sistema de salud que entienda que la soledad y la desesperanza son también emergencias sanitarias.
X: @amilcarsalazara
AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “FILO ROJO”, LA SECCIÓN DE REPORTAJES DEL PERIODISTA AMÍLCAR SALAZAR ANAYA
https://lalupa.mx/category/las-plumas-de-la-lupa/amilcar-salazar-filo-rojo




Interesante la problematica, querer es poder, en el fútbol, valga el ejemplo, los equipos hacen pruebas piloto de un día con 40 jovencitos, los ponen a jugar media hora, los entrenadores solo observan, al final solo uno o jovencitos son elegidos, a veces ninguno de los cuarenta, por qué no hacer lo mismo en las escuelas desde el Kinder, observar, detectar, diagnósticar a niños con alguna problematics familiar, social, escolar que en un futuro pudiera terminar en un suicidio. Atacar la causa y no tapar el hoyo del niño ahorcado!!
“El puente, como símbolo: un lugar de paso, de tránsito, de conexión entre un punto y otro…” Esta información siempre la supe, he cruzado puentes, pero… Leer esta descripción en este contexto, ¡seguramente me robará la tranquilidad de no sé cuántas noches!
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