La inclusión laboral sigue siendo el gran reto para padres de familia e hijos con algún tipo de discapacidad, ya sea física o intelectual. Aunque las condiciones parecieran imposibles de superar, el entorno de la hostelería y la gastronomía ofrece posibilidades interesantes que pueden ser aprovechadas para generar, desde allí, espacios laborales incluyentes.
A mediados de mayo, visitó la ciudad un grupo de cuatro estudiantes con algún tipo de discapacidad cognitiva, acompañados y guiados por un par de docentes. El programa Inclou-me del CPEE Raquel Payá (de Dénia, en Alicante, España) trabaja con un modelo de inclusión social y laboral que prepara a trabajadores del sector gastronómico y hostelero en un contexto muy cercano a nuestra realidad queretana. Su formación está estrechamente vinculada a la Formación Profesional Adaptada (FPA) de cocina y hotelería, en una etapa crucial de transición a la vida adulta y productiva.
Los principales ejes que guían esta propuesta tienen cuatro acciones centrales que bien pudiéramos replicar en nuestra ciudad.
En primer lugar, cuentan con un local en el mercado municipal donde ofrecen los productos que preparan en la escuela, generando vínculos y visibilidad de las capacidades de sus alumnos. Estos espacios abiertos permiten que tanto hosteleros como chefs reconozcan las habilidades de los estudiantes y se generen lazos laborales significativos a mediano y largo plazo.
Por otro lado, a nivel local, buscan la inserción en el sector restaurantero y hostelero, donde los jóvenes aportan desde sus habilidades los saberes propios para los cuales están preparados. De esta forma se vinculan laboralmente, al mismo tiempo que generan en los círculos de trabajo una experiencia en la cual la inclusión se hace real, impactando de forma muy positiva en los equipos.
Gracias al cobijo del programa Erasmus+, estos chicos tienen la posibilidad de vivir experiencias internacionales de movilidad; bajo este marco, fueron recibidos en el Tec de Monterrey, campus Querétaro, del 6 al 13 de mayo. Su objetivo principal es demostrar que la discapacidad no es una barrera para la profesionalización, formando alumnos con autonomía, habilidades sociales y experiencia real, transformando sus propias vidas y la mentalidad de las empresas locales.
En una ciudad con más de 14,999 establecimientos dedicados a la preparación de alimentos y bebidas, según el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas (DENUE) del Inegi, y siendo la quinta ciudad del interior del país con mayor ocupación hotelera (con más de 160 establecimientos formales), las oportunidades que tenemos como sociedad son amplias. Sólo falta voluntad social y empresarial, así como el apoyo comprometido de las instituciones de capacitación y formación en el sector. En ocasiones, los entornos nos ofrecen todas las posibilidades de transformar la vida de otros; creo firmemente que, como ciudad, podríamos hacer algo realmente trascendente.
La doctora Judith Cortés Vásquez es profesora de tiempo completo en el Departamento de Medios y Cultura Digital, del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro
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