Autoría de 3:30 pm Tec de Monterrey: Investigación transformadora

Biodiseño para reparar lo común – Mariana Maya y Maritza Alonzo

Hay futuros que no aparecen solos: hay que imaginarlos con cuidado, discutirlos, ponerles cuerpo y después atreverse a construirlos. En un momento en que tantas noticias parecen hablarnos de pérdida —ríos contaminados, ecosistemas dañados, residuos que se acumulan, comunidades que cargan con las consecuencias—, pensar en el futuro también puede ser una forma de resistencia.

Por eso, la participación conjunta entre biotecnología y diseño, desde el Tecnológico de Monterrey, Campus Querétaro, en el Biodesign Challenge, promovido por Parsons School of Design y realizado en el MoMA, nos ha llevado a abrir una conversación necesaria: ¿qué pasa cuando la ciencia, la tecnología y el diseño se encuentran para preguntarse no sólo qué podemos crear, sino qué necesitamos reparar?

Este cruce entre disciplinas no se trata únicamente de producir soluciones novedosas. Se trata de aprender a mirar de otra manera. La biotecnología permite entender los procesos vivos, los materiales y las posibilidades biológicas que pueden abrir caminos frente a problemas urgentes. El diseño, en cambio, ayuda a traducir esas posibilidades en algo cercano: sistemas que puedan usarse, entenderse y compartirse. Entre ambas disciplinas aparece un territorio fértil para pensar proyectos que no sólo funcionen, sino que tengan sentido.

Desde ahí nacen dos propuestas que parten de una misma inquietud: ¿cómo transformar aquello que parecía residuo en una posibilidad de cuidado?

La primera es EcoLignum, un proyecto que mira hacia los cuerpos de agua contaminados en México. Ríos como el Querétaro o el Turbio, en León, nos recuerdan que la contaminación por metales pesados no es un problema lejano ni abstracto. Está en el agua, en los ecosistemas, en la salud de quienes viven cerca, en la memoria de los territorios. Frente a esto, EcoLignum propone transformar la lignina obtenida del bagazo cervecero en un material bioadsorbente capaz de remover metales pesados del agua. Lo potente de la propuesta no está sólo en la innovación material, sino en el gesto: tomar un residuo agroindustrial y convertirlo en una herramienta para sanar.

La segunda es HEXORB, un sistema biotecnológico y modular para responder a derrames petroleros desde una lógica regenerativa, circular y comunitaria. A partir de residuos de bajo valor —bagazo de cebada, luffa y cáscara de naranja—, desarrolla una tecnología capaz de adsorber hidrocarburos, mantenerse a flote y favorecer su biodegradación. Inspirado en el caparazón de la tortuga lora, su diseño hexagonal se adapta a distintas escalas de contaminación y condiciones del océano. Más que una manta absorbente, propone un modelo que integra ciencia, diseño, economía circular y comunidades costeras como eco-respondedores.

Estos proyectos nos interesan porque no prometen un futuro perfecto. Más bien, parten de reconocer que vivimos en territorios lastimados, y que desde ahí también se puede crear. Nos recuerdan que la innovación más importante quizá no sea la que deslumbra, sino la que escucha; la que entiende que los materiales tienen historia, que los residuos pueden tener una segunda vida y que las soluciones deben nacer con las comunidades, no simplemente llegar a ellas.

También nos recuerdan que los futuros resilientes no se diseñan desde la abstracción, sino desde territorios heridos, cuerpos afectados, aguas contaminadas y comunidades que resisten.

Atrevernos a soñar con posibilidades, darles forma y sentido, nos llena de fuerza para emprender de otra manera. Una manera en la que la ciencia no se separe del cuidado, la tecnología no se imponga sobre la vida y el diseño no produzca sólo objetos, sino caminos para regenerar lo común. El futuro no está dado: se cultiva, se prototipa y se comparte. Y quizá ahí radica la potencia más profunda del biodiseño: ayudarnos a imaginar que todavía es posible reparar el mundo, no desde la nostalgia, sino desde la acción colectiva.

  • Mariana Maya López es directora del Programa de Diseño, en el Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro: mmaya@tec.mx
  • Maritza Alonzo Macías es directora del Programa de Biotecnología, en el Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro: malonzoma@tec.mx

AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “INVESTIGACIÓN TRANSFORMADORA”, LA COLUMNA DEL TEC DE MONTERREY CAMPUS QUERÉTARO PARA LA LUPA.MX

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Last modified: 14 junio, 2026
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