El Premio Nacional Francisco Cervantes Vidal para poesía joven del estado de Querétaro va cobrando una tradición digna de ser nombrada dentro del mapa de convocatorias del país. El nombre del reconocido escritor queretano a nivel internacional, que en vida ganó los premios Guggenheim y Xavier Villaurrutia, entre muchos otros reconocimientos, fue desde el inicio un acierto, ya que se ha convertido en plataforma para catapultar a nivel nacional plumas de talento joven.
Este 2026, cuando se reveló públicamente el nombre de Alfredo Castro Muñoz como el galardonado del mencionado premio, me interesé por saber quién era y lo que había escrito. El gremio literario está conectado por raíces y ramas, y las amistades comunes por lo general son el medio de contactar a los célebres desconocidos. La gran generosidad del todavía veinteañero para compartir el material a esta entusiasta desconocida, al menos hasta ese momento de primer contacto, abrió las puertas al deleite literario. El poemario, o poema de largo aliento, se desarrolla en 53 páginas y ha sido titulado como Las últimas palabras de Calvin Parker Jr., bajo el pseudónimo “El Calvin que volvió”.

Al ser un libro premiado, pero aún no publicado, me permitiré hacer referencias textuales sin referir las páginas u otras acotaciones que surjan en el trabajo de edición. Así mismo, y en acuerdo con el joven autor, algunas acotaciones serán referidas en contexto simbólico personal. Está por demás decir que una vez que sea publicado la polisemia interpretativa es inevitable y la obra será de cualquiera que se la apropie.
¿De qué va la obra?
El escenario propuesto está situado en el año 1973 y retoma la histórica abducción de dos pescadores en el lago de Pascagoula, Estados Unidos. No es una crónica de hechos, tampoco es un cómic de ciencia ficción. El poemario del que me entusiasma compartirles hoy: representa un viaje no planeado al miedo y a la colección de pérdidas en el transcurso de la experiencia del secuestro interestelar. Abunda la melancolía con resabio de miedo, de quién no puede defenderse y únicamente es testigo de lo que está pasando.
este espejo en el que te miras
es el hueso de un dios fracturado
no ves exactamente tu reflejo
te ves caminando sobre el pasto
Calvin es quien atraviesa la experiencia contada a través de un largo monólogo, en el que se intuye que podría haber más de una voz, por cambiar sutilmente la atención de las preocupaciones, de quien ha desaparecido, de quien no sabe si se le volverá a ver.
el foco de mi cuarto puede verse
en otra parte de la galaxia
en otra parte de la galaxia
alguien pensará que hay algo de la noche
muy parecido a ti

Percibo en el desarrollo de la obra el extrañamiento de aquellos viajeros involuntarios que regresan de la guerra o de un secuestro y ya no es posible reconocer en las fotos a aquel que fue antes de la experiencia. ¿Qué significará volver al lugar al que se pertenecía, a lo que se llamó alguna vez hogar?, si el trauma permea todo, no solamente a quien desaparece y vuelve, sino a quien recupera a su familia, pero las cosas ya no serán iguales.
a nuestra casa
le hace falta
tu fantasma
También encuentro guiños de humor que hacen un amable rompimiento a la densidad emocional y permite al lector un respiro y encontrar ánimo para leer hasta el final.
alguien conduce
en estado de ebriedad
en el espacio exterior

La estética de la atmósfera de contrastes: día/ noche, blanco/ negro, paisaje natural/encierro en vehículo espacial, plaza con niños jugando/el abducido contemplando desde su encierro. Los cambios de uno a otro son sutiles, como si de observar un caleidoscopio en movimiento se tratara.
mi alma es una ventana
por la que se asoman hombres verdes
mis ojos no pueden mirar más allá de ciertos cristales
he estado soñando con hombres grises
que me miran largo rato a los ojos
quieren ver mi alma
encontrar a los hombres verdes

Curiosamente los hombres grises y los hombres verdes no son una amenaza desde el primer momento, sino observadores, parte del paisaje, por ello la revelación de la abducción es orgánica. Otro elemento muy bien cuidado, es el niño, en singular y plural. Los niños son capaces de soñar, de jugar, de desarmar una bomba.
niños que bajan del cielo
reflectores de ondas de radar
los rusos descubrieron cómo hacer una bomba
yo conozco a un niño
que sabe cómo
desarmarla

Es reconfortante leer buena poesía, con una generación, que reinventa la poética desde temas distintos, propios de otros géneros, como la ciencia ficción. El caso es Alfredo Castro Muñoz es de formas suaves, con la organicidad de los remolinos de agua o de viento, pero brutalmente honesta de hablar de las derrotas, la impotencia y la incertidumbre, el Calvin que volvió es quien logró simplemente sobrevivir.

Estaremos atentos a la obra que recién va comenzando de Alfredo Castro Muñoz y esperamos tener en breve la edición publicada, que será una delicia tanto para los baby boomers que fueron testigos del hecho, como de las personas que aún no sabían del caso del lago Pascagoula.
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Alfredo Castro Muñoz (Torreón, Coahuila 1998) Comunicólogo por la Universidad Autónoma de Coahuila y Maestro en Escritura Creativa por Centro de Estudios Universitarios San Isidro. Autor de los libros estar de paso (Iberia 2022), De a poco la mirada se queda vacía (IMCE Torreón 2023) y Los abducidos (Ediciones O 2026). Ha sido becario de PECDA Coahuila en dos ocasiones: 2023 y 2026. Ganador del Segundo Premio de Poesía Punto de Partida UNAM 2024.



