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“Con el capitalismo y el Estado no puedes decir ‘cancelo mi suscripción’”: Yásnaya Aguilar Gil

ENTREVISTA: JOSUÉ MÉNDEZ RUIZ/LALUPA.MX

La lingüista mixe Yásnaya Aguilar Gil es reconocida a nivel nacional e internacional por su trabajo a favor de las conservación de la diversidad lingüística, particularmente en la región latinoamericana, así como de las alternativas de organización ante el Estado-nación, basadas en la colaboración comunitaria y la horizontalidad.

Yásnaya visitó de nueva cuenta Querétaro para la edición 2026 del Hay Festival, donde participó en una charla con Mario Arriagada, Kiran Desai, Shaun Walker y Eley Williams sobre los mapas y sus dimensiones políticas, además de presentar el libro Otras historias del Archivo de Indias, en el cual participa.

Foto: Josué Méndez Ruiz

¿Para qué tenemos mapas?

LaLupa.mx conversó con esta destacada pensadora sobre los temas que trató en sus eventos y esos otros caminos para construir sociedades no autodestructivas. Acerca de los posibles usos de las representaciones cartográficas, comentó lo siguiente:

“(Los mapas) pueden ser usados de diferentes maneras. Una opción es para control territorial. Los imperios necesitaban hacer sus mapas para tener una representación visual de lo que se estaban apropiando. Los Estados, su férreo control de las fronteras, también tienen que ver con esa representación de los mapas. Y en ciertos contextos, hay mapeo estratégico para la resistencia. También mapear de otras maneras para tener información, ubicarse y tener una representación; y en otros casos incluso para los tribunales, alegar cómo es el territorio”.

Enfatizó sobre la pretensión de exactitud en los mapas contemporáneos que utilizan tecnología satelital, sin evadir el límite irresoluble de esa precisión, ya que los mapas no pueden abandonar su carácter de representaciones: “es lo que en el cuento de Borges (“Del rigor en la ciencia”) decía, hicieron un mapa, pero lo querían hacer más exacto, entonces, pusieron cada vez más detalles hasta que crearon otra realidad, porque la escala ya era 1 a 1 (…) No olvidemos que los mapas son representaciones, son como el lenguaje”.

Las Otras historias del Archivo de Indias

De Otras historias del Archivo de Indias, libro compuesto por trabajos de diez autoras y autores, explicó: “Es un diálogo que diferentes escritores establecemos con algunos expedientes o elementos que están en ese archivo tan gigantesco e importante, que guarda un montón de información sobre la relación administrativa de la colonización. Yo particularmente escribí sobre una rebelión, hay un archivo sobre una rebelión de Oaxaca, de donde yo soy, de pueblos zapotecos, mixes, Ikoots y chontales, que se rebelan contra el orden colonial, y en particular le doy voz a una mujer, que es una de las dirigentes de esta rebelión, una mujer zapoteca”.

Este caso le interesó en especial por la posibilidad de visibilizar la participación de las mujeres en esos registros: “Hay una gran participación, muy importante, de las mujeres en las rebeliones. Y siempre ha habido rebeliones armadas, tanto contra el orden colonial como contra el Estado mexicano, desde el principio hasta el 94”.

Al preguntarle sobre las demandas en la rebelión que estudió, comenta: “En ese caso, según el expediente, lo que decían era ‘ni dios, ni rey, ni tributo’. Era realmente contra todo, y una exigencia de autogobierno”.

Yásnaya Aguilar Gil considera sobresaliente del caso el arrojo y la contundencia de las mujeres durante la rebelión, pues participaron en la muerte del alcalde español que subyugaba a las comunidades, y como consecuencia fueron reprimidas, les cortaron el cabello y las orejas: “Lo que yo escribo es un texto en primera persona de una de ellas, que se llama Lucía María (…) Es ficcionar lo que ella debió haber pensado mientras estaba declarando”.

Organización colectiva

Se dirige la plática en otra dirección: los efectos que los medios digitales han tenido para las personas hablantes de lenguas originarias. La lingüista expresa que “la penetración de los medios audiovisuales es muy impactante, pero también hay un movimiento de activismo digital de lenguas indígenas que está tratando de hacer frente a eso. Muchas de las opresiones del mundo no digital también se replican en el mundo digital (…) Muchos discursos de odio, todo se magnifica”.

Ante esa violencia proveniente de la aceptación sólo de aquello enmarcado en una modernidad capitalista e individualista, hay otras formas de ver el mundo, el orden de las sociedades y las maneras en que nos relacionamos con los demás: la organización colectiva; quizá algunas personas podamos percibirla ajena a los entornos urbanos, pero Yásnaya es enfática en que las ciudades están llenas de ejemplos.

“Mi experiencia en una ciudad tan grande como la Ciudad de México, donde viví como diez años, es que en realidad hay mucha organización colectiva, nada más que no la vemos, sobre todo las clases medias, que están un poco más alienadas (…) Hay mucha organización colectiva en barrios, en clases populares que luego no son leídas. Es posible hacerlo y hacer redes de contactos, ancladas a un territorio, como tu colonia o tu edificio; o bien, a las redes de trabajo o de intercambio que generas.

“A veces pensamos que las ciudades son entidades macro, como monolitos, pero en realidad no, están hechas de muchas unidades micro que pueden ser intervenidas (…) Nadie vive una urbe completa, nadie vive la Ciudad de México total.

Sobre todo en la Ciudad de México, hay un montón de organización colectiva, y eso se ve en cosas como cuando hay un sismo, cómo se moviliza la gente, eso no puede surgir de la nada, hay un músculo que se está ejercitando y que luego no se ve”.

Frente al planteamiento de que estas organizaciones locales no son tan notorias por su falta de articulación a gran escala, Yásnaya comenta: “Lo importante siempre, para mí, es evitar la concentración de poder, y más bien actuar como los organismos vivos, muchas unidades que se van autorregulando y cooperando entre sí, no es necesario que sea macro. Lo macro al final es Estado”.

El sector eléctrico también puede manejarse en colectividad

¿Todos los bienes y servicios pueden prescindir de un poder centralizado? Quizá es difícil imaginar que sectores complejos como el eléctrico sean viables por medio de la organización colectiva, desde lo micro, mas Yásnaya es determinante sobre la posibilidad de generar energía a través de nodos que eviten la centralización: “Pensemos en el sistema circulatorio, puedes gestionarlo de esa manera, sin centralizar. En ciertos casos se ha visto que se pierde mucho menos energía en el camino.

“El gran problema en la energía no somos nosotros, es el capitalismo (…) El capitalismo demanda una cantidad de energía que es exponencial, y eso es insostenible, y no es que esa cantidad de energía necesariamente esté yendo al buen vivir de la sociedad, sino que va a las maquinarias de producción para el consumo. O sea, cuánta energía necesita Coca Cola, siendo un bien que no es necesario, y aparte es dañino. Yo creo que el asunto de la energía está secuestrado por el capitalismo.

“Hay una propuesta de un documental muy bueno, que se llama La energía de los pueblos, sobre otras maneras de gestionar la energía, que puede tener nodos micro (…) que pueden estar en un sistema circulatorio, en donde, por ejemplo, dos nodos pueden cooperar para hacer un puente para un río (…) y uno de esos nodos está cooperando con otro en mantener limpios los manantiales”, plantea Aguilar Gil respecto a la construcción de una red eléctrica por fuera del Estado.

“El hecho de que no esté centralizado el poder no significa que no haya redes de colaboración que atraviesan muchas cosas”, subraya y pone el ejemplo del ejercicio de esas redes colaborativas en eventos culturales y tradiciones.

Foto: Josué Méndez Ruiz

“Creo que es fundamental pensar la energía, porque con la energía podemos ver cómo eso se está llevando el planeta a la fregada, y vamos a necesitar redes solidarias para hacer frente a la crisis climática derivada (…) El capitalismo come, chupa, una cantidad de energía en muchos casos inútil. O sea, yo no necesito algo que está hecho en China”… sin embargo, esos productos que atraviesan el mundo para cumplir obsesivos deseos de consumo masivos requieren cantidades exorbitantes de energía, cada vez más en la medida que el consumo aumenta, y no de forma lineal, sino exponencial, alerta Yásnaya.

El Estado es como el capitalismo, irrenunciable, pero es poroso

Al exponer la idea de que una lengua no hegemónica sirve en muchas ocasiones como elemento unificador ante una resistencia, la entrevistada dice que “en nuestras lenguas están encriptados un montón de conocimientos, de resistencias, pero también ver que las lenguas hegemónicas no son un monolito.

“No es lo mismo hablar español de Tepito que español de la academia; también hay un montón de clasismo, un montón de opresión lingüística dentro de las propias lenguas hegemónicas, que además son contextuales: no es lo mismo hablar español en la Ciudad de México o en mi comunidad que hacerlo ahorita mismo en Oregon, por ejemplo”.

Para cerrar la entrevista, Yásnaya responde al cuestionamiento de si desde el Estado se puede facilitar la organización comunitaria, o más bien actúa como un obstáculo para ello:

“Es complejo porque el Estado es una entidad porosa, tampoco es un monolito, está hecho de personas. Pero como una institución, el Estado-nación sobre todo, tiene una pretensión de controlarlo todo lo más que se pueda, por dentro de lo legal, etcétera. Y sobre todo un Estado como el mexicano imposibilita o coopta (…) Porque además su diseño está hecho para ser patriarcal, las mujeres tuvieron que salir a manifestarse para poder votar, no es que así se concibió (…) Es capitalista, protege la propiedad privada sobre todo, para eso nació, y es colonialista.

“Entonces, es un poco difícil. Puedes tener buena intención (…) pero el problema no es quién llega, sino la arquitectura de concentración del poder, y quien llega al poder es quien desea el poder (…) Y además hay muchos poderes fácticos como al que sirve, que es el capitalismo.

“Me parece que no es estratégico, necear con el Estado, que puede ser transformado, me parece que es una pérdida de tiempo ante la emergencia (…) No hay que confundir ser pragmático con ser estratégico, y a veces hay que ser estratégico, o sea, si para parar una minera el voto de un diputado te puede ayudar, en esas circunstancias lo necesitas y es estratégico.​​​​​​​​​​

“Aparte, no es que puedas decir ‘no me gusta el Estado, cancelo mi suscripción’. Es hegemónico porque es irrenunciable, es como el capitalismo, no puedes decir ‘ya tuve mi etapa de prueba, no me gustó, cancelo mi suscripción’ (…) Entonces, más bien es cómo crear periferias, o como dice Gladys Tzul, carcomer esas estructuras y crear pequeños archipiélagos o islas de resistencia”.

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Last modified: 8 septiembre, 2026
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