TEXTO: ARANTZA HAZEL/CUPI-UAQ
INFOGRAFÍA: MARIO ORTEGA
“Si la herida es sistémica, la sanación será colectiva”. Con esta premisa, Julia Didriksson Muriedas —activista feminista, creadora de contenido y maestrante en Estudios de Género por la UNAM— propone ideas emancipadoras sobre el amor, la tecnología y la escritura, por la apuesta de construir otros mundos posibles.
Julia, también licenciada en Gestión Cultural por el Claustro de Sor Juana, ha estado cerca de los feminismos y la militancia desde “el vientre de su madre”, Pilar Muriedas, quien fue clave en la despenalización del aborto en la Ciudad de México y Oaxaca.

Esta conciencia la ha acompañado para luchar por la justicia y la paz (con mirada interseccional) desde la Comunicación.
Uno de los temas que ha explorado con profundidad y ávida curiosidad ha sido el amor, ese sentimiento complejo y aparentemente incuestionable que, en realidad, es atravesado por más de una estructura opresora, aunque no por ello fácil de simplificar, como menciona en su ensayo El consuelo amoroso digital, integrado en la antología Cuando hablamos de amor.
En su texto hace una crítica a la mediación que existe hacia las relaciones sexoafectivas por el contenido terapéutico difundido en internet, que en ocasiones refuerza la idea individualista de que la sanación depende de quien la está buscando y no de la transformación de un sistema capitalista, patriarcal y colonial.

“Partamos de la idea de la universalización de la experiencia amorosa, como si todas nuestras relaciones amorosas —y de todas las personas— vivieran la misma fórmula, de eso va la crítica hacia los posts en redes sociales.
“Cada experiencia, si bien viene construida a partir de ciertos sistemas de creencia, es individual y hay una complejidad enorme en cada una de esas experiencias”, expresa la fundadora del podcast y programa Voces en resistencia, de Violeta Radio.
Es decir, la terminología terapéutica —en el entorno digital— obedece a lógicas inmediatas para procesos que se asientan en más de una problemática y que no pueden resolverse con una frase motivacional. Sin embargo, Didriksson reconoce porqué resulta tan efectiva dicha estrategia.

“Nos puede dar algo de alivio momentáneo, un poco de refugio el leer un post de Instagram que además nos desrresponsabilice de algún fracaso amoroso, pero no podemos quedarnos con eso. Tenemos que ser muy críticas con el contenido que consumimos”.
Al respecto, retoma el ensayo de Dahlia de la Cerda, El amor: el último bastión del patriarcado universal, también incluido en la antología editada por Aura García Junco, para señalar que “esta generalización de la experiencia amorosa no va a discernir relacionarte heterosexualmente con un bancario suizo a relacionarte con un chico barrializado en Iztapalapa sin condiciones para tomar terapia o iniciar un proceso de gestión emocional y responsabilidad afectiva […]”.
Entrevistada en el marco del Hay Festival Querétaro 2026, agrega que “hay que poder profundizar más en redes sociales. Creo que los libros son herramientas increíbles para llegar a esas profundizaciones”.

“Transformemos colectivamente…”
Como conductora de NosotrAs, un programa de televisión dedicado al análisis feminista sobre lo político y lo social, identifica que los mensajes aspiracionales por sanar sin plantearse preguntas ya no sólo se ejemplifican en el amor, sino que también permean el desempeño de una persona en otros ámbitos de su vida.
“La idea individualista de que busques ser tu mejor versión, me parece justo que engloba estos sistemas de poder, porque lo que nos dicen es que tú eres responsable de lograr esta mejor versión, que además es súper ambigua. Pero ¿cómo vas a poder lograr tu mejor versión, vista también como productividad y como éxito, si vas a un trabajo que no te gusta, que además es sumamente precarizante?
“Llegas a tu casa y en vez de hacer tu rutina de fuerza para ‘ser tu mejor versión’, necesitas tirarte a la cama para dormir”, enfatiza.

No obstante, Didriksson también piensa en ese futuro trabajado desde un conjunto, al retomar su frase “Si la herida es sistémica, la sanación será colectiva”, desarrolla que “cuando una solo va a terapia y busca sus herramientas para sanar y deconstruirse, está muy chido porque, te sanas a ti misma”.
“Pero lo que quiere decir esa frase es que vayamos más allá, que si todas estamos viviendo, tal vez no las mismas violencias -porque también hay que pensar en la interseccionalidad de opresiones-, pero sí cosas muy comunes en el amor. Entonces, transformemos colectivamente, no sólo para sanar individualmente, sino para también transformar la condición de género y la condición de la percepción del amor en el futuro”.
La propuesta es precisa: “que cambie lo grande, lo sistémico, las estructuras, más que solamente tomar terapia y resolver los conflictos en la inmediatez. Si todas estamos trabajando en esta sanación y en esta deconstrucción, probablemente sí vaya a cambiar el statu quo o el sentido común del amor en el futuro”, considera la escritora.

La reivindicación ante la hegemonía
Desde que Julia Didriksson fortaleció la presencia de su activismo en redes sociodigitales en el 2020, muchos de sus pensamientos se transformaron e incluso encontró un espacio para replantearse concepciones hegemónicas dentro del propio movimiento feminista.
“He transformado muchos de los pensamientos que tenía tal vez hace cinco años, siento que me sigue confrontando el pensar que el sufrimiento causado por amor también es universal”.
Por lo que refiere haber encontrado una incomodidad necesaria con Dahlia de la Cerda: “ella dice que hemos ya trabajado tantos temas desde la interseccionalidad, pero el amor todavía lo vemos como si los hombres fueran los culpables y las mujeres las víctimas”.
“Hace cinco años creía muchas de las cosas que Dahlia está criticando, porque también me formé desde un feminismo hegemónico, y no me culpo porque muchas entramos al feminismo desde lo más hegemónico, y vamos deconstruyendo los mismos pensamientos feministas a lo largo del camino”.

No sólo ha encontrado nuevas visiones sobre el amor como su tema de estudio, sino sobre la opresión patriarcal, que se vincula con un entramado más grande. “Justamente hablando desde esta enseñanza del feminismo hegemónico, pensaba que el gran enemigo de todos los males de la sociedad era el patriarcado, y me fui dando cuenta de que no era así. Siempre tuve una postura crítica con el capitalismo, pero no lo externaba mucho en los vídeos.
“Al entrar a la Maestría en Estudios de Género, también empecé a saber más sobre el colonialismo y sobre los estudios decoloniales, y empecé a ver cómo dentro de las problemáticas que planteaba, que una era el amor, también estaba el sistema colonial dentro. Pude verlo realmente desde una forma más interseccional”, puntualiza.
Ampliar ese horizonte desde la academia llevó a que Julia se abanderara en otras causas que no son ajenas, más bien continuas.

“Desde octubre de hace dos años que se intensificó el genocidio en Palestina, me empecé a unir a esa lucha, porque tiene todo que ver con el feminismo y con la lucha anticapitalista y anticolonial; el poder hacer una crítica y luchar en contra del imperialismo estadounidense-israelí”, manifiesta.
Hablar cuando el objetivo es silenciarte
En internet se disputan los espacios, se concentran los esfuerzos porque un discurso prevalezca sobre otro y se duerma la conciencia emancipadora que busca un nuevo modo de ser. Julia Didriksson lo ha vivido directamente y narra esos desafíos en las intenciones hostiles.
“El internet es un espacio súper hostil. No es un espacio donde se respeten los Derechos Humanos, cualquier persona puede llegar y decirte hasta las cosas más horribles que te puedas imaginar, si sabe encriptar las palabras.
“Tú entras a redes sociales comunicando, desde una motivación de poner tu granito de arena y transformar ciertas nociones, o poner sobre la mesa ciertas problemáticas que son urgentes, pero hay personas que tratan de silenciarte a partir de humillaciones, de ofensas horribles, de amenazas de muerte, etcétera.

“Eso a muchas activistas jóvenes o a comunicadoras jóvenes, claro que las puede espantar. No pienso rendirme en esta actividad porque sé que es lo que quieren, que nos callemos, y tenemos que ocupar el espacio y el internet para seguir hablando de las cosas que nos parecen urgentes”.
Crear: el refugio dentro y fuera de la pantalla
El Internet puede ser una gran herramienta; no obstante, es programada por algoritmos sesgados por el machismo, el racismo y la lógica colonial.
La creadora de contenido sugiere que una manera de lidiar contra eso es aprovechar la palabra que titula su trabajo: “dejar de ser consumidores o consumidoras pasivas y ejercer un poder en las redes sociales: atrevernos a ser creadores y creadoras de contenido, desde las experiencias, desde el conocimiento situado, el conocimiento propio […] existe una disputa política por el sentido de muchas cosas en el internet.
La manósfera, los gurús de la seducción como el Temach están luchando esa batalla para posicionar el amor desde valores conservadores, misóginos, capitalistas, racistas”. En otras palabras, sumarse a la lucha por disputar esas nociones.

La creación, propone Didriksson, no se limita a lo que se puede hacer en una pantalla. Habla con entusiasmo del journaling, de los recortes, de las texturas y de la escritura manual.
Más que un pasatiempo, lo entiende como una forma de resistencia frente a una lógica tecnológica que busca mantener a las personas permanentemente conectadas, pues muchas han olvidado sus pasiones:
“Con todas las cosas que tenemos que hacer en la vida, muchas veces dejamos fuera las pasiones. Y mi pasión es la escritura y también toda la cuestión creativa en papel. Esas pasiones además siempre busco colectivizarlas; no hacerlas sola en mi casa.
“Me gusta descubrir otras personas para hacerlo con ellas, porque también hay que salirnos de las redes sociales, hay que encontrar las pasiones fuera del internet, en un sistema que también nos quiere pegados a las pantallas”, comparte.

También relaciona el tiempo en pantalla con la remuneración que esto conlleva para quienes las gestionan: “nos quieren ahí, porque mientras más horas en pantalla, pues más dinero están ganando las grandes compañías tecnofeudalistas. Se trata de buscar espacios de refugio, de diversión, de creatividad, de ocio, de descanso, fuera de la pantalla, porque no podemos tampoco perder eso como humanidad”.
“Creo en el internet como un espacio para la lucha, para la organización, para la resistencia, para el encuentro, pero creo aún más en los espacios fuera del internet para seguir construyendo otro futuro mejor”, finaliza.




