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Unidad y uniformidad – Víctor Roura

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¿Qué identifica a un ciudadano de, digamos, Hermosillo y a uno de Puebla, a uno de Cancún y a uno de San Luis Potosí, a uno de Orizaba y a uno de la Ciudad de México? ¿Qué los conjunta socialmente, aparte de pertenecer a un mismo país?

      Se sabe del natural desencuentro entre los aún denominados chilangos con el resto de los habitantes de los estados de la República, aunque nadie pueda asegurar, o tener la certeza de la fuente de tal discordia. Tal vez la razón se halle en el origen del nombre mismo de la nación, que en un principio nadie acordaba cómo llamarla. El historiador Alfredo Ávila Rueda incluso apunta que, en alguna ocasión, José María Morelos y Pavón dijo “mexicanos cobardes” sólo para referirse a los capitalinos.

      “Cuando el objetivo de la insurgencia fue, ya sin ambages, la independencia ―dice Ávida Rueda en el número 37 de la revista Relatos e historias en México―, se hizo necesario dar precisión al país que quería separarse de la monarquía española, de ahí que sobre todo en el discurso del movimiento de Morelos se insistió en hacer referencia a la América Septentrional, como puede apreciarse en las declaraciones de la Asamblea Constituyente que fue erigida a finales de 1813; si, según creo, dicho Congreso nació de la iniciativa de Carlos María de Bustamante, no es de extrañar que en sus primeros documentos empezara a emplearse Anáhuac para referirse al país representado por los diputados insurgentes, tal como puede verse en la Declaración de Independencia”.

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¿Qué une a los mexicanos, aparte de vivir en este país, que lleva tres Méxicos en su geografía: México, Ciudad de México y Estado de México, con tres diferentes gentilicios, por supuesto, para no mezclarse unos con los otros: mexicanos, capitalinos o chilangos y mexiquenses?

      No es la política, porque los distintos estados son gobernados no por el mismo partido; no es la música, ya que en el norte se escucha más la música grupera que en el sur, donde los sones pueden tener predominancia (aunque ahora aquí y allá se escucha el reguetón no significa que esta música una a los mexicanos, como tampoco une a los mexicanos el kpop que se escucha tanto en el norte como en el sur, aparte del centro de la República); no son los deportes, ya que hasta en Jalisco hay quienes son seguidores del América y en la Ciudad de México abundan los que son porristas del Santos; no es la comida, pues el chilorio es degustado más por un sonorense que por un queretano: es más, ¡hay personas que jamás en su vida han comido chilorio!; no es la cultura, ya que cada región posee sus peculiares particularidades pese a la Internet que engloba, o globaliza, las situaciones sobre todo si estamos hablando de asuntos materiales o comerciales.

      Probablemente lo que una a los habitantes de México, para la propia desgracia de la orgullosa mexicanidad, sea ahora el interés digital, como antiguamente lo fuera la televisión, no de otra manera, por ejemplo, se entendería el victorioso recibimiento masivo que le hiciera Chihuahua a su chihuahuense Omar Chaparro luego de que éste participara en el programa televisivo Big Brother.

      Quizás lo que une a los mexicanos sea, nada más, el evento colectivo de masas instado por los emporios mediáticos digitales, en las llamadas redes sociales, mexicanos sumergidos en tanta comunicación, o comunicados, que no les es posible, aún, concentrarse en contactos concretos, ya que los millones de seguidores les impide la responsabilidad amigable porque los amigos se cuentan con los dedos de una mano mediante los mensajes de WhatsApp. Pues no es ni siquiera el vivir aquí (en el país, quiero decir) lo que nos identifica abiertamente, sino el ruido que producen los canales digitales.

      México cambiaría, sí, pero no desilustradamente.

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Debido a las redes sociales todos salen de sus casas para ir a ver a alguien que aparece en la pantalla digital; ¡vaya uso verbal correcto disonante: salir de casa para ir a ver a alguien que sale en la pantalla digital! Mirar colectivamente, embelesadamente, aturdidamente a alguien afamado: eso sí une a los mexicanos.

      [Porque luego ni las desgracias son capaces de unirnos sino sólo momentáneamente: los sismos de septiembre de 2017 ys estaban codificados en los noticiarios televisivos, y prácticamente en el olvido hacia finales de noviembre de ese mismo año, aun sin que los damnificados recibieran su justa retribución económica, más preocupados los periodistas televisivos por la escasa asistencia, el lunes 20 de noviembre de 2017 en el Zócalo capitalino, en la audición del grupo televisivo Timbiriche en la cual el gobierno de la Ciudad de México esperaba ver reunidas a más de ochenta mil personas y no acudió ni la mitad de ese número prometedor.

      Y estas cosas sí intranquilizaban a los líderes de opinión, cómo no. Porque si los efectos de la televisión no movilizaban a la ciudadanía, ¿entonces qué fuerza poderosa era la adecuada para unificar o uniformar a un país como el nuestro?

      ¿Qué une en realidad a los mexicanos?

AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “OFICIO BONITO”, LA COLUMNA DE VÍCTOR ROURA PARA LALUPA.MX

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Last modified: 26 octubre, 2026
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