Autoría de 3:36 pm #Opinión, Víctor Roura - Oficio bonito • 3 Comments

Intereses, iracundias, desequilibrados comentarios, altanerías noticiosas, padrinazgos, miserias informativas… – Víctor Roura

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Cuando llegué a Notimex, a mediados de julio de 2019, invitado por la periodista Sanjuana Martínez y con la intermediación de Rosario Manzanos —la ejemplar crítica de danza que fungía entonces de subdirectora editorial de la agencia del Estado—, la veintena de empleados de la sección cultural me recibió con cierta renuencia, sin efusión ninguna, sobre todo en el momento en que convoqué a la primera reunión para conocernos y enterarme de sus ánimos, objetivos o expectación respecto al área que cubrían, pero únicamente obtuve, a cambio, silenciosa desolación: nadie, ni uno solo, dijo palabra alguna. Ninguno mostró interés ante mi desborde operativo: hablé de proyectos, futuros reportajes, la eliminación de la insustancialidad de los boletines oficiales, de replantearnos las investigaciones propias, de no creer en los dimes y diretes sino en las constataciones periodísticas, en las entrevistas a fondo, en la sólida escritura, en la imparcialidad informativa, en la solvencia de las veracidades periodísticas, en los cuestionamientos políticos y, básicamente, en la independencia del oficio. Hablé de escribir correctamente los géneros de la crónica, la nota informativa, el reportaje, la entrevista… mas nadie se removió en su respectivo asiento, sólo un reportero levantó la mano para afirmar que no sabían escribir con guiones largos, tal como yo lo estaba pidiendo para las preguntas y las respuestas. Sólo eso. Ninguna otra voz. Les dije que a partir de ese día contaban con un nuevo amigo, que los respaldaría en sus peticiones o conjeturas.

      Sin embargo, pese a querer no mirar sus numerosas debilidades periodísticas —fruto tal vez del abandono en que se tenían al depender de las facilidades coyunturales de las sucesivas directivas de esta agencia del Estado que, lo que menos hacía, era generar precisamente periodismo personalizado sino meras maniobras para reforzar el sistema gubernamental—, me mantuve en la promesa de velar por sus intereses si bien tendríamos mucho trabajo, tal como se los enfaticé, en renovar el ejercicio alterando incluso varias de las prácticas a las que se habían —mal— acostumbrado a pergeñar.

      Comenzaron entonces los problemas, pues la escritura del plantel noticioso —salvo esporádicos garbanzos de a libra y desempeños de algunas figuras, paradójicamente, que se hallaban relegadas y minimizadas periodísticamente por las anteriores administraciones—, era absolutamente deficiente, no entregaban la tarea periodística conforme a los ritmos solicitados, la impuntualidad era asombrosa en los momentos definidos, a mis espaldas pedían cambiar de área para hallar un trabajo menos problemático y, cosa grave, cada vez me iba quedando con menos personal porque, sin consultármelo con anticipación, la mayoría arreglaba su liquidación con el cuerpo administrativo para retirarse en definitiva de la agencia… ¡muchos de los cuales aún tuvieron voz y voto, incluso ya fuera de la empresa, en las decisiones sindicales para estallar el paro! Recuerdo cómo una editora de la zona cultural, en franca charla conmigo antes del inicio de la huelga opositora al régimen de López Obrador (¡cómo eran felices, Dios, en los tiempos priistas y panistas sin que nadie los acosara con imaginaciones escriturales!), me decía que yo debía entender que el trabajo en una agencia era sencillamente transcribir con prontitud la información boletinada, a lo que yo me oponía argumentándole que aquellas temporadas se habían acabado ya, que ya era tiempo de hacer otro tipo de periodismo, que quien debía entender era ella, no yo.

      —Tienes entonces que entender nuestra inercia —razonaba con una lógica impresionantemente justificada, inercia que a diario tenía yo que torear como buen samaritano de la prensa.

      A pesar de ellos (y mientras la artificial huelga comenzaba a articularse, solamente contaba con una persona de la veintena inicial, aunque tal elemento acabó por mostrar que simpatizaba tanto con Dios como con el Diablo), y gracias a la contratación del disciplinado y riguroso periodista Mario Bravo Soria, con estudios universitarios de psicología social —así como a la valiosa colaboración del estudiante Julián Crenier quien mostró mayores hechuras escriturales que la gran mayoría de los hoy sindicalistas en huelga—, el trabajo diario salió lúcidamente adelante con una solvente información propia cada día de las 48 semanas en que nos fue permitida la labor periodística, antes del opositor estallamiento de huelga de algunos de los empleados de la vieja Notimex que se negaban, y se niegan, a aceptar un mínimo cambio en sus rutinarias costumbres “periodísticas”, muchos de los cuales de inmediato, pese a haberme saludado y sonreído con simulada cortesía (ahora lo sé), empezaron a insultarme —en las redes sociales— con rozagante empacho mentándome la madre, injuriándome, adjetivándome leperadas soeces como “rata”, “aviador”, “cantinflesco”, “ratero” y linduras similares de supuesta gente inteligente que, partidaria de la violencia verbal, se dedicó sin espasmos a agraviarme sólo por el hecho de no estar de su lado.

      Pero a través de sus insultos se han revelado tal como son, para su desgracia humana: ellos, ofendiéndome, se han finalmente ofendido solos.

      Y pensar que, en un rapto de ingenua confraternidad periodística, los llegué a considerar amigos del mismo oficio.

Redacción de Notimex

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Ante esta predecible avalancha de opositores al gobierno obradorista, como nunca antes se había visualizado en sexenio alguno (predecible principalmente por el reparto minoritario de cuotas económicas a los medios y sus periodistas, como acontecía con inconsútil flagrancia administrativa en gestiones presidenciales anteriores), los huelguistas de Notimex han obtenido ventanas difusoras para propagar sus malestares, o intereses, sin recibir cuestionamiento ninguno incluso de periodistas supuestamente aguerridos en los asuntos públicos, o por lo menos equilibrados en sus temas, que los han dejado, a los huelguistas, explayarse sin consultar a la otra parte desmereciendo sus canales informativos, como lo evidenciaron, por ejemplo, Carmen Aristegui o Julio Hernández López haciendo patentes sus simpatías hacia los huelguistas desbalanceando extrañamente sus aparentes intenciones plurales periodísticas.

      Por eso resalta el trabajo de Carlos Fernández-Vega en La Jornada el cual, contrariando el papel opositor del periodista iracundo, ha participado de modo imparcial en el suceso remando curiosamente contra la corriente en esta situación empresarial.

      Por ejemplo, fue el único —el año pasado— que apuntó en su columna “México SA” —del sábado 18 de diciembre de 2021— ciertas circunstancias que pocos informadores se atrevían a resaltar en la discusión: “Va para dos años la huelga en Notimex y cada que la solución se aproxima alguien mete la mano y todo regresa a cero, porque parece que el asesor sindical Arturo Alcalde Justiniani (alias El Padrino) es más influyente y poderoso que las instituciones del Estado mexicano, con el agravante de que ahora hasta la flamante consejera jurídica del Ejecutivo federal, María Estela Ríos González (perteneciente al primer círculo del padre de la secretaria del Trabajo), mete la mano y cabildea a su favor”.

      Más adelante, subraya: “El conflicto de intereses es más que notorio: Arturo Alcalde controla las instituciones del sector público relacionadas con el mundo laboral (comenzando por la Secretaría del Trabajo, donde su hija es titular) y ahora a su reinado añade a la consejera jurídica (con la que El Padrino compartió el pan y la sal en la Asociación Nacional de Abogados Democráticos), sin olvidar el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral (de nueva creación, a cargo de Alfredo Domínguez Marrufo, hijo de uno de sus compadres, ex secretario del Trabajo con la niña del papá y muy amigo de la mamá, Bertha Luján) y la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (presidida por otra ‘compañera’, María Eugenia Navarrete Rodríguez). También tienen metida la mano ‘líderes’ de algunos sindicatos (léase Francisco Hernández Juárez, quien financia a Urrea Torres). Y los que faltan. Por cierto, cuando en julio de 2020 se presentó al Senado la terna para elegir al titular del Centro Federal de Conciliación y Arbitraje Laboral, aparecieron (¡sorpresa!) el entonces subsecretario Marrufo y María Estela Ríos González, la actual consejera jurídica del Ejecutivo federal, en el entendido que si no era Chano sería Juana”.

      Con una intermedia intitulada “Las rebanadas del pastel”, Carlos Fernández-Vega continuaba apuntando lo que la mayoría teme apuntar: “Pues bien, esa mafia encabezada por Alcalde Justiniani (sin olvidar a los jueces) ha prolongado artificialmente la huelga en Notimex y de pasadita mantiene impune a Urrea Torres. ¿Hasta cuándo?, porque si bien daña a la agencia de noticias del Estado mexicano, el golpe directo es para el presidente López Obrador”.

      Así es.

      La huelga en Notimex tiene como objetivo no tanto matar a la agencia del Estado como oponerse al sexenio morenista, factor que ha resultado idóneo para golpetear, arduamente, a López Obrador con el argumento de la incapacidad de poder resolver una inconsiderada larguísima huelga sin detenerse a analizar, como sí lo ha hecho Fernández-Vega delante de las narices de su vecino Astillero, los pormenores que han paralizado justamente esta prolongada huelga.

La secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, su padre, Arturo Alcalde Justiniani, y en el asiento trasero, Bertha Luján

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Cinco meses después de aquella información del columnista Fernández-Vega, no comentada por ningún otro avezado crítico del sistema, TV Azteca —el pasado 20 de mayo— en obvias manos de Javier Alatorre, conocido por no investigar los asuntos que trata, afirmó al presentar una nota sobre Notimex: “Hay un verdadero escándalo de despilfarro del presupuesto público y es el de la directora de Notimex, una Agencia que lleva años sin funcionar…”

     Para completar esta iracunda y desinformada “noticia”, el reportero Gerardo Segura expresó: “El pasado mes de febrero, la Agencia Mexicana de Noticias Notimex cumplió dos años en huelga con las respectivas afectaciones para el contingente de empleos que dejaron de laborar y percibir un ingreso; pero lo sorprendente es que lo que no ha parado son los gastos, dispendios y derroches por parte de la directora Sanjuana Martínez quien se niega a rendir cuentas de más de 400 millones de pesos que ha recibido como parte del presupuesto, además de que se desconoce el destino de esos fondos. El caso se ha convertido en un escándalo que ya llegó hasta la Comisión Permanente”.

      Es tal la enjundia envalentonada y completamente desinformada de TV Azteca contra Sanjuana Martínez —con la intervención de varias diatribas salidas de las voces  de senadores opuestos al régimen siempre dispuestos a descabezar la gestión presidencial—, que al día siguiente, en otro de sus noticieros, la locutora Carolina Rocha, empleada de Ricardo Salinas Pliego,  afirmó, luego de presentar la misma nota transmitida unas horas antes por dicha televisora: “La directora de Notimex sigue despilfarrando nuestro dinero porque es del presupuesto público. La Agencia de Noticias lleva dos años sin funcionar, sin actividad, pero… ¿adivine qué?, en esos dos años no han dejado de gastar”, lo cual exhibe, a las claras, la honda desinformación que atañe a los supuestos periodistas que se hallan al frente de series noticiosas. Nada les costaría escarbar un poco en las notas que dan para verificar sus propios entrampamientos, mas prefieren hacerse de la vista gorda y sumarse al engreimiento periodístico: siempre resulta más fácil difundir los “supuestos” que canalizar la veracidad en provecho del bien social.

Carolina Rocha y Javier Alatorre

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El pasado 26 de mayo, la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación amparó al Sindicato Independiente de Trabajadores de Notimex para que, uno de sus representantes, pueda participar con voz y voto en las reuniones de la Junta de Gobierno de la Agencia de Noticias del Estado Mexicano.

      En el espacio periodístico denominado “Rayuela” —que era el título propuesto por Carlos Payán Velver para nombrar al nuevo periódico que acabaría llamándose La Jornada  a sugerencia de Luis Ángeles, periodista de finanzas—, el 26 de mayo un anónimo editorialista expuso: “Por fin, uno de los tres poderes del Estado empieza a poner orden en el conflicto en Notimex”.

      En su columna “México SA”, publicada el pasado 27 de mayo en La Jornada, el periodista Carlos Fernández-Vega reflexionó de nuevo sobre el caso: “Dos larguísimos años de huelga ilegal y nadie en el gobierno actuó en defensa de los legítimos intereses de una institución del Estado mexicano, Notimex, pues la Secretaría del Trabajo, junto con sus brazos ejecutores (como la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje) no sólo la dejaron sin protección, sino que han actuado en su contra en un gravísimo cuan ostentoso conflicto de intereses, porque el papá de la niña es asesor de una de las partes en conflicto. Debió intervenir otro poder del Estado, vía Suprema Corte de Justicia de la Nación, para tomar cartas en el asunto para resguardar a la agencia y amparar al Sindicato Independiente de Trabajadores de Notimex (el cual tiene toma de nota, y aun así fue bloqueado por la STPS) con el fin de que uno de sus representantes participe, con voz y voto, en las reuniones de la junta de gobierno de la agencia, como lo obliga su ley orgánica. Sin embargo, el problema más grave de todo esto es que la SCJN ordena a la niña de papá reponer el recuento de votos sobre la huelga (ilegal a todas luces); es decir, a la misma persona que desde el inicio del conflicto ha operado en contra de Notimex y a favor de una de las partes, asesorada por El Padrino. Con todo, ahora no se trata de un simple juzgado sino del máximo tribunal de la nación”.

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Al otro día, el 28 de mayo, el propio Fernández-Vega continuó con su disquisición: “Silencio sepulcral guarda la Secretaría del Trabajo ante el pronunciamiento de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre la artificialmente prolongada huelga en Notimex, durante la cual tanto esa dependencia como la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje han incumplido con sus responsabilidades al negar el derecho de representación de una de las partes (el Sindicato Independiente de Trabajadores de Notimex) y privilegiar a otra (el Sindicato Único de Trabajadores de dicha agencia de noticias, asesorado por el papá de Luisa María Alcalde), de acuerdo con la sentencia del máximo tribunal del país. Ante tal situación, ‘el Presidente de la República está en aptitud de actuar en dicho procedimiento de huelga, pues éste es quien tiene la representación en la junta de gobierno y, en consecuencia, de los trabajadores sindicalizados de la agencia de noticias’. Entonces, tras dos años y pico, a lo largo de los cuales manos ajenas han pospuesto, una y otra vez, la solución del problema, la agencia del Estado mexicano está en posibilidad de reiniciar actividades, al tiempo que la autoridad (que ha actuado de manera facciosa) debe sacar las manos y cumplir con la ley, que para eso está, no para defender los intereses de sus seres queridos”.

      Información es lo que se necesita para destrabar las cosas, aunque seguramente los insultos volverán a lloverme en las redes sociales por escribir estas líneas.

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El estrabismo político conduce a desigualdades voluntariamente arbitrarias (porque hay arbitrios involuntarios, cómo no), como culpar de todo lo sucedido en el país al presidente de la República, acusación que nunca antes había ocurrido en México tal vez, repito, porque los mandatarios de antes guardaban siempre silencios discretos o pagaban con aludes millonarios los indiscretos silencios mediáticos, al grado de hacer inflexionar a ciertos intelectuales de manera airosamente gravitatoria acerca del comportamiento presidencial cuando en temporadas priistas su cabalidad se sumergía en mímicas irónicas. Elena Poniatowska, en el mero día de su celebrado aniversario número 90 (el 19 de mayo), dijo a Fernando Rivera Calderón en su programa Me canso ganso —de Rivera Calderón, no de Poniatowska—, hablando de las transformaciones del país:

      —A López Obrador le caigo bien, pero no me escucha…

      ¿Los otros presidentes entones sí le ponían atención a la periodista o, simplemente, en su ingenua mordacidad quiso arrojar, como no queriendo, un dardo más al morenista?

      Porque reza el canon que los dictadores no escuchan, sólo imponen.

      Y estas malsanas minucias son aterradoramente cotidianas abordadas por un sector de la prensa cada vez más indolente sujeta, a veces con descaro impoluto, a las ordenanzas de los medios desamparados económicamente por el gobierno obradorista. Los ejemplos sobran: cuando se ofreció el trabajo a los doctores cubanos no faltaron los detractores que, sin disimular sus posibles xenofobias, se opusieron a ello argumentando que en México no hacía falta la medicina extranjera para solucionar el problema de salud provocado, supuestamente, por AMLO; López Obrador es el primer presidente mexicano que opina de todo, asunto que ofende a los todólogos, razón por la cual aseguran, con énfasis, que “a los médicos se les insulta haciéndolos ver lo que no son”; está la circunstancia de la línea 12 del Metro culpándolo, a AMLO, de una construcción que no estuvo a su cargo pero que ahora tiene que hacerse responsable; en Sonora, el pasado viernes 20 de mayo, una periodista, micrófono en mano, denunciaba los abusos de la policía, quitándoles las pertenencias a los viajantes, en los camiones de pasajeros en las carreteras, respondiendo el presidente que se hará una investigación pertinente del asunto para evitar tales agravios, y he aquí la catapulta periodística apuntando, palabras más palabras menos, que las promesas del gobierno sólo en eso se quedan: en promesas incumplidas, y las críticas arrecian en su catadura abanicando hasta lo que está fuera de la escena (la corrupción se niega a morir en las bases trabajadoras, aunque la intención presidencial en erradicarla sea digna de admiración);  y está el caso Notimex, por supuesto, donde la miseria informativa ha girado mayoritariamente hacia un solo lado de la tornamesa exhibiendo, acaso sin querer, la cara lamentable de la prensa nacional parcializando su información de acuerdo a sus humores, intereses, amistades o conveniencias. 

      En mi caso, por ejemplo, con excepción de Álvaro Delgado, y aun conociéndome, ningún otro periodista me ha buscado para hablar sobre dicha agencia a sabiendas de que soy el encargado de la zona cultural de Notimex, o han intentado entablar una conversación después de haberme ya calumniado o sentenciado previamente, favoreciendo de antemano una postura sin antes haber averiguado determinadas situaciones. Y yo no juego dichos juegos de las exclusiones, calificaciones y adjetivaciones preconcebidas. Y aquí sobran de nuevo los vestigios de esta prensa parcializadora, juzgadora y coaccionadora como ocurriera con la nota de Fernando Fuentes en Milenio el lunes 30 de mayo —tan corta (¡de sólo cinco párrafos!) es que huele incluso, acaso no siéndolo, a inserción pagada—, que no reproduzco en su totalidad sino ciertos fragmentos acusatorios otorgándole exclusiva voz, otra vez, a la lideresa huelguista sindicalizada Adriana Urrea quien reproduce los reproches ya como una especie de manido cartabón: “Al día de hoy se cumplen 830 días de huelga en Notimex, la más larga que se tenga registrada en nuestro país y en toda América Latina de periodistas, la más prolongada dentro de un organismo público debido a un abuso de poder y cero diálogo para resolver el conflicto laboral. Por ello, hemos pedido a la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, a través de una demanda de imputabilidad y luego de un amparo, para que determine quién es responsable del conflicto y cómo se soluciona, a la fecha no ha habido respuesta”, reveló Adriana Urrea —lideresa del sindicato en huelga—, quien volvió a repetir, seguramente también en exclusiva, a Fuentes lo que ya ha dicho en numerosas ocasiones: “Mientras los directivos de Notimex ejercen el gasto del presupuesto, y siguen cobrando su salario indebidamente, nosotros los trabajadores huelguistas, de los cuales 80 por ciento somos mujeres, se nos han suspendido nuestros salarios y acosado de diversas formas en medio de la pandemia, sin consideraciones”. 

      Para apuradamente finalizar, concluye dando otra declaración de manera específica y única a Fernando Fuentes: “Se abrieron demandas en mi contra y los trabajadores, la difamación y criminalización, nos han inventado muchos delitos y, en particular, a mi persona por estar al frente de la huelga, se abrieron dos carpetas administrativas y una penal en mi contra. La penal ha sido ya desechada, una administrativa también, y la segunda está en proceso de apelación, por dos mil cuatrocientos pesos, de unos viáticos que ya no me permitieron comprobar”.

      Nada se habla de los trabajadores (también trabajadores, curiosamente) que, sin deberla ni temerla, no participan en esta huelga de casi medio centenar de empleados, los cuales nunca antes se habían contrariado con Notimex a pesar de que, en sus pasadas administraciones, la corrupción flotaba en la redacción sin afectar a ningún periodista. Tampoco nada se dice acerca de los burócratas que, ahora en paro, reciben el apoyo monetario solidario del sindicato de telefonistas… tal desinteresado gesto que ascendió, según documentó el periodista Luis Guillermo Hernández, a un millón de pesos en efectivo en una primera entrega, sin transparentarse aún si fueron depositados a una cuenta bancaria, entregados en efectivo, en las manos de tal o cual sindicalista ni qué se ha hecho con dicha cantidad nada soslayable porque en el amor, en la guerra y en una huelga todo se vale.

Adriana Urrea y Francisco Hernández Juárez, líder del sindicato de telefonistas

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Ya que no es consultada la directiva de Notimex en estas escenas parcializadoras periodísticas, tomo diferentes pasajes del comunicado oficial que la agencia del Estado mexicano emitió luego de que Fernando Fuentes transcribiera su brevísima charla en Milenio. Hay puntos que, en efecto, el gremio informativo deja pasar por alto e ignoro con qué (iba a poner aviesas, pero mejor lo suprimo) intenciones: “Primeramente, el texto cita declaraciones que Adriana Urrea supuestamente brindó al periodista Fuentes, en el cual tal lideresa afirma que, de parte de la Agencia, ha existido cero diálogo para resolver el conflicto laboral. Reiteramos que la directiva de Notimex asistió y asistirá a todas las reuniones que la autoridad laboral y demás entidades gubernamentales programen para la resolución del conflicto; aunque ello no implica que, la actual directiva de la Agencia, valide o permita la vuelta a un pasado colmado de privilegios, componendas, opacidad presupuestaria y bajo rigor periodístico que imperaba en anteriores administraciones”.

      Notimex, se afirma en el comunicado, “enfatiza y reitera: no seremos rehenes de grupos de intereses creados que, en la actual huelga ilegal que perjudica a la Agencia, buscan silenciar a un importante medio de comunicación escondiendo sus reales intenciones tras supuestas demandas de corte laboral”. Asimismo, “denunciamos que directivos, periodistas, reporteros, editores, fotógrafos y demás plantilla de la Agencia han recibido calumnias de toda índole, a través de redes sociales, por parte de varios sindicalizados en huelga, así como de distintas cuentas anónimas en plataformas digitales. ¿Cómo se puede criticar una supuesta e irreal falta de diálogo cuando una de las partes quebranta dicho canal de comunicación con embustes, insultos y vejaciones?”

      Lo publicado por Milenio “también retoma la acusación de Adriana Urrea quien señala un ejercicio del gasto presupuestario de la Agencia, además de acusar a la plantilla laboral de Notimex de un supuesto cobro indebido de salario. Tanto a dicho diario como a la lideresa Urrea les precisamos: cada peso y cada centavo ejercido por Notimex puede hallarse y comprobarse a través de los canales de transparencia que privilegia el actual gobierno. La actual directiva de la Agencia no llegó para repetir las viejas prácticas anquilosadas con las cuales, lastimosamente, se saqueó a Notimex durante décadas: nosotros, nosotras, apostamos por una transformación en la Agencia de Noticias del Estado Mexicano, aunque ello signifique lidiar con rancias inercias que parecieran anhelar un retorno a gobiernos neoliberales, allí donde reinaba el chayote, la corrupción, el nepotismo y el reproducir boletines gubernamentales a diestra y siniestra”. 

      En algún fragmento publicado en el texto difundido por Milenio, la lideresa Urrea afirma: “Es una huelga que no tiene precedentes en nuestro país, y sin duda van a sentar un referente muy importante en la defensa de los derechos laborales y humanos de los trabajadores”. El comunicado oficial responde: “Somos parte de un gobierno que respeta y salvaguarda los derechos humanos; cuestión que, a todas luces, no sucedía durante la larga noche neoliberal en la cual, curiosamente, en Notimex nunca estalló una sola huelga, no brotó un solo reclamo ni una sola página fue escrita por indignación ante los atropellos y vilipendios cometidos tanto en la vieja Notimex como en la estructura gubernamental del antiguo régimen. ¿Será que el neoliberalismo amordazaba a periodistas y funcionarios públicos para acallar lo que, evidentemente, debían gritar?”

      Finalmente, Notimex “considera necesario realizar la siguiente aclaración”, suscribe el comunicado: “A la lideresa Adriana Urrea no se le interpusieron demandas jurídicas en su contra por el hecho de ser la secretaria general del SutNotimex, sino por el simple y llano motivo de que ella fue partícipe de la dinámica que la actual directiva de la Agencia de Noticias del Estado Mexicano busca erradicar por el bien del periodismo, de la administración pública y de la ciudadanía en general”. 

Adriana Urrea, viajera frecuente

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Punto, y que cada quien se quede con su posible conclusión ante esta desinformada contienda en un conflicto que, sí, ha rebasado la expectativa ética de una prensa que hoy se halla de puntillas en busca de vaya uno a saber qué, como lo ha demostrado recientemente el veterano periodista de mil batallas Rafael Cardona —el pasado lunes 30 de mayo en el portal El Cristalazo— en su texto intitulado “El ojo de la DEA, Notimex, Mónaco” al revelar, entre otras andanzas, que Notimex contrataría a cien trabajadores para renovar su alicaído plantel en esta etapa crucial de huelga en la agencia. Según la fuente anónima que Cardona retoma, Sanjuana Martínez (quien, para Cardona, “sigue fiel a su comportamiento de pasar por encima de la Ley”) “ha dado la orden de contratar a cien personas para engrosar al sindicato que ella misma creó y que apenas cuenta con el número mínimo para su registro”.

      La parcialidad que el columnista denota en sus subrayados contradice, a plenitud, la presumible rigurosidad de su texto, pues dicha “noticia” finalmente se desbarranca informativamente por falta de una confirmación veraz que el periodista bien pudo haber realizado si así lo hubiera querido, pero prefirió, el consagrado columnista, el supuesto en lugar de la veracidad. No en vano el maestro Miguel Ángel Granados Chapa (1941-2011) empataba la profesión del columnista con la del reportero para no caer en los abismos siniestros de la especulación, que de conjeturas está lleno el mundo del simulacro periodístico.

      Aunque me hubiera tomado uno o dos días de más, yo habría encontrado a un directivo de la agencia para corroborar o anular aquel rumor, porque para hacer periodismo también es necesaria la paciencia: la curiosidad es fundamental, sí; pero sola, sin custodios preventivos, puede convertirse en un arma ilegal de doble filo (¡en un país donde Morena —opina el opositor PRI en una propaganda televisiva en la cual dicho partido enfatiza su irascible visión política— “es lo peor que le ha pasado a México”!)…

      Dicen que por eso alguna vez la curiosidad mató a un gato.

      Bueno, eso es lo que antes se decía. Porque ahora, gracias a los carismáticos e ingeniosos publicistas como Antonio Sola, la situación podría ser graciosamente, ja ja ja, revertida: “La curiosidad ya no mata a cualquier gato aunque vaya disfrazado de periodista, un oficio cada vez menos peligroso para México, a diferencia de Morena”.

      Una propaganda digna de comercializarla en los canales televisivos, cómo no, con el consecuente abultamiento del bolsillo de su sobradamente creativo publicista. Porque, además, habría que recordar que un líder de masas partidista sentencia, categóricamente, que a los periodistas, aunque vayan disfrazados de gatos curiosos, no se les mata ya a balazos sino de hambre, quizás aludiendo a la actual administración morenista que se ha negado a proporcionar miles de millones de pesos a los medios tal como lo hacían las gestiones priista y panista para comprar, o canjear, oportunamente las libertades expresivas periodísticas.

Antonio Sola

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A propósito, este 8 de junio se cumplen dos años de que la Junta de Gobierno de Notimex decidiera cerrar por completo el trabajo informativo de la agencia del Estado luego de que el 21 de febrero de 2020 los huelguistas resolvieran estallar la suspensión de sus labores por no estar de acuerdo con la directora Sanjuana Martínez, periodo que se ha ido extendiendo incomprensiblemente sin una solución final (porque hay soluciones parciales, soluciones pírricas, soluciones de parapeto) del caso para animar a los opositores a continuar detractando todas las acciones del presidente de la República sin querer mirar, o impedidos de mirar, que el problema acaso grave de la situación se halla oculto en las entrañas de la politiquería, neoliberal o no, que aún pervive incluso en el aparato gubernamental contra la cual lucha el mandatario —marrullerías de todo tipo aportadas por diversas clases sociales, incorporada la mediática—, asunto que ni los propios avezados periodistas han querido indagar a pesar del ominoso silencio informativo al que ha sido sometida la agencia del Estado mexicano, silencio que ha convenido por supuesto a los opositores del gobierno porque, con ello, poseen una manera de nombrar como inoperante el modo libertario de actuar del morenista al no entrometerse en una huelga de sindicalistas, los cuales —dicho sea de paso—  se niegan a abandonar la forma de inventariar una agencia estatal asumiendo que solamente ellos y ellas cuentan con las virtudes suficientes para laborar dentro de la misma, tal como yo los padecí en carne propia. Una huelga, finalmente, que, ya favoreciendo a un lado o al otro, siempre va a atraer supuestos que dejará a los descontentos ahítos de agravios y de insuficiencias políticas, afanosos de subrayar los males, ¡ay!, de un sistema que apenas sube un escalón de la democracia hay cientos de contrariados que lo bajan para no modificar los estatus ya acostumbrados del orden social.

AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “OFICIO BONITO”, LA COLUMNA DE VÍCTOR ROURA PARA LA LUPA.MX

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Last modified: 6 junio, 2022
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