Autoría de 2:57 pm #Opinión, Jorge Díaz Ávila - Disonancias

Los mitos de la 4T (II) – Jorge Díaz Ávila

Continuamos con los mitos sobre los cuales la 4T ha construido su discurso que, en los hechos, mantiene al presidente López con una aceptación de 60 % a enero del año en curso (Mitofsky, 2023).

Morena

La nomenclatura de la organización que llevó a Andrés López a la presidencia de México es un acrónimo que no alude a un partido en sí mismo, sino que se refiere a un “movimiento”, tratando con ello quizá de ampliar su rango de acción más allá de una contienda política o unas elecciones. El concepto (sintagma) del que deriva dicho acrónimo insinúa una especie de discriminación inversa al referirse, por su color de piel, al segmento mayoritario de la población mexicana, el mestizo, que per se constituye una manifestación de racismo.

La ideología del mestizaje buscó construir una «raza mexicana» a partir de la mezcla de indígenas y españoles. Este proyecto escondió durante décadas la existencia y persistencia del racismo e invisibilizó de manera particular a las poblaciones afrodescendientes, que no formaban parte de la mixtura de «razas» oficialmente consagrada. Recién desde la década de 1990 se reflexionó sobre el racismo, mientras emergían ciertos discursos sobre la multiculturalidad y la impugnación del mestizaje como proyecto nacional (Gall, 2021).

Si bien en México nos sabemos y asumimos como mestizos, no deja de existir un sentido peyorativo en el término. A su vez, y cuando se emplea para establecer una diferenciación con otros grupos (los que tienen la piel más clara), surge la discriminación inversa a la que nos referíamos al inicio, misma que frecuentemente se enfatiza cuando surge la victimización que mencionábamos en la colaboración pasada (triángulo dramático de Karpman).

Algunas de las castas definidas durante la época colonial.

Aquí vendría bien rememorar el pasaje interpretado por el presidente cuando amagó, en febrero de 2022, con pausar las relaciones diplomáticas con España, en tanto el gobierno de aquel país no extendiera una disculpa pública a México por los atropellos cometidos durante la Conquista. Incluso, desde su investidura presidencial, envió una carta al rey de España, Felipe VI, con ese fin.

Lo más grave de este discurso de mestizaje, que se hace patente en el nombre de la agrupación política Morena, es que quien lo promueve, de manera previa, enfatizó su linaje europeo:

Soy de Tepetitán, Macuspana, Tabasco. A ese pueblo llegaron a radicar mis abuelos maternos. En España los nombres antiguos tenían que ver con el oficio de la gente, por eso los apellidos Zapatero, Carpintero, Pescador, Obrador. Mi bisabuela materna, originaria del Cantábrico, se llamaba Felipa Revuelta. Mis abuelos paternos eran veracruzanos; corría por sus venas sangre blanca, india y negra. A mucho orgullo, jarochos de la cuenca del río Papaloapan (Morena, 2018).

Porque, tal como lo plantea Federico Navarrete, en su Alfabeto del racismo mexicano (2016):

…pese a que los mexicanos más privilegiados nos proclamamos mestizos de una manera abstracta, no nos sentimos a gusto cuando alguien nos clasifica de esta manera. Llamar a alguien así puede ser interpretado como un recordatorio grosero de un mal disimulado origen indígena, o de una extracción “naca”, por usar un término más brutal; en general, preferimos sacar a relucir nuestros orígenes extranjeros o exhibir nuestras medallas culturales cosmopolitas. La mayoría de nuestros intelectuales presumen de esta condición únicamente cuando escriben para aleccionar a otros mexicanos menos modernos y más morenos que ellos. En suma, los “mestizos” solemos ocupar una posición incómoda entre la vergüenza y el regaño, la jerarquía y el desprecio (Navarrete, 2016).

El presidente Andrés Manuel López Obrador en Macuspana, Tabasco.

En este sentido, es pertinente observar que en el discurso oficial (reproducido por los medios) al presidente se le llama por su nombre completo, Andrés Manuel López Obrador, recalcando con ello su origen español porque, justo como lo menciona en sus propias palabras, “en España los nombres antiguos tenían que ver con el oficio de la gente”. Y en México hay muchos López, pero pocos Obradores. Llama la atención, porque en México rara vez se utilizan los nombres completos de los presidentes y personajes públicos: José López Portillo (y Pacheco), Carlos Salinas (de Gortari), Ernesto Zedillo (Ponce de León), Vicente Fox (Quesada), Felipe Calderón (Hinojosa), Enrique Peña (Nieto).

Es llamativo también que la agrupación Morena tenga, entre los candidatos a suceder al presidente López, al menos a dos personajes de ascendencia claramente extranjera: Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum.

Nadie ha señalado un sesgo racista en la denominación de Morena como agrupación política. ¿Qué pasaría si mañana surgiera un partido que aludiera a otro segmento de los mexicanos por algún rasgo particular, como su color de piel?

Conciencia de clase

A esta discriminación inversa (porque va de las mayorías a las minorías), el presidente López, a cada oportunidad ―podría decirse que cotidianamente a través de la mañanera―, agrega otros tipos de diferenciación que han polarizado a la sociedad y exacerbado las diferencias, principalmente ideológicas. Así, los fifís, los neoliberales, los aspiracionistas, son parte de un grupo que posee mayores recursos económicos y que, de manera sumaria, es el culpable del atraso, el saqueo y todos los problemas que aquejan a la nación.

La verdad, la realidad que está más allá de los datos que sustentan el mensaje oficial, es que en México la mayoría somos proletarios, porque dependemos de nuestro trabajo asalariado (operario, sin calificar, técnico o profesional) y no somos dueños de algún medio de producción (tierra, capital) que nos permitiera vivir de nuestras rentas o sin trabajar.

Sólo algunos privilegiados, como la clase política que el propio presidente representa, pueden darse el lujo de vivir 18 años sin trabajar o mantenerse por décadas de los ahorros logrados en administraciones pasadas hasta que, en el gobierno de Morena, se les reincorporó a la función pública (Manuel Bartlett, Leonel Cota, etc.).

Despojar de la identidad de clase a los trabajadores llamándolos fifís, aspiracionistas, progres buena ondita, etc., no es más que una estratagema para confrontar entre sí a los distintos segmentos que integran a la sociedad, y para hallar un “adversario político” a quien culpar de la ineficiencia gubernamental (comunicadores, académicos, empresarios, ambientalistas, etc.) y de sucesos que ocurrieron hace más de 500 años.

Continuará…

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Twitter: @Jorgediazavila

Referencias

  • Gall, Olivia. (2021). Mestizaje y Racismo en México. Nueva Sociedad. NUSO Núm. 292. marzo – abril 2021.
  • Navarrete, Federico. (2015). Alfabeto del racismo mexicano. España. Malpaso Ediciones.
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Last modified: 8 mayo, 2023
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