Autoría de • 11:54 am• Tec de Monterrey: Investigación transformadora

Trump nos “invitó” a la fiesta, ¿entraremos por el patio trasero? – Natally Soria

“Silencio, mi novela ya empezó”, es lo primero que pienso cada septiembre cuando se celebra la Asamblea General de Naciones Unidas: presidentes, aliados, adversarios, amenazas y aplausos. Este año, América Latina volvió a recibir una atención que hacía tiempo no despertaba. Parece que volvimos a estar invitados a la fiesta. Falta saber por qué puerta esperan que entremos.

Trump fue bastante claro. Desde la tribuna de la ONU prometió reafirmar el poder estadounidense en el hemisferio y utilizar, si fuera necesario, su fuerza militar para proteger los “intereses nacionales vitales” de su país. No dijo los intereses de América. Dijo los suyos. Convendría escucharlo.

La seguridad hemisférica y el narcotráfico han sido sus principales argumentos para justificar una presencia estadounidense más agresiva en la región. Pero sería ingenuo no preguntarnos qué otros intereses son “vitales”.

Nuestro continente posee petróleo, cobre, litio y minerales críticos. Venezuela debería bastar para despertar cierta sospecha: tras la captura de Maduro, llegó un acuerdo que otorgó control mayoritario estadounidense sobre más de 65 mil millones de barriles de reservas y concesiones por cien años.

Y aquí la fiesta se pone interesante. Washington reúne a varios gobiernos en su Escudo de las Américas, mientras México y Brasil no forman parte. La diferencia no está en cooperar o no, sino en algo bastante más complejo: bajo qué condiciones hacerlo y cuánto margen de autonomía conservar.

Trump llamó a México “epicentro de la violencia de los cárteles”. Sheinbaum respondió recordando la otra mitad de la ecuación: del otro lado de la frontera están el consumo de drogas y las armas que alimentan esa violencia. Si aplicáramos la misma lógica, ¿justificarían una intervención mexicana en Estados Unidos? Su postura, sin embargo, fue otra: coordinación sin subordinación.

Lula fue todavía más directo: “Brasil no es el patio trasero de nadie”. Defendió la cooperación contra el crimen, pero rechazó la intervención extranjera. Ambos países no plantean romper relaciones; plantean algo bastante más incómodo: relacionarse con una potencia sin entregarle la definición de nuestros problemas ni la forma de resolverlos.

México y Brasil parecen dispuestos a intentarlo. Falta saber qué costos adicionales tendrá sostener esa posición frente al peso económico, comercial y político estadounidense, y cuánto tiempo podrán hacerlo. Y hay un problema adicional: mientras cada país negocie por separado su lugar en la fiesta, Washington seguirá teniendo la ventaja de poner las reglas.

Finalmente, Estados Unidos seguirá defendiendo sus intereses; para eso sirve la política exterior. Nosotros deberíamos hacer lo mismo. Ser amigo de la Casa Blanca puede ser conveniente. Necesitar su aprobación es otra cosa.

Un aliado negocia; un subordinado obedece. América Latina debería recordar la diferencia antes de unirse a la fiesta.

Natally Soria es internacionalista, politóloga y comunicadora política, experta en América Latina. Trabaja como profesora de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey, Campus Querétaro

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Last modified: 29 septiembre, 2026
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