Marte, el planeta “hermano” de la Tierra, parece no estar tan dormido como se pensaba. Investigadores de varios centros, entre los que se encuentran el Instituto de Ciencia Planetaria de Arizona, la NASA, el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) de Madrid, y el Departamento de Astronomía de la Universidad de Cornell, afirman haber encontrado evidencia de paleotsunamis en una zona norte del planeta rojo.
Claro que dicha afirmación conlleva la idea de que haya existido un océano en esa zona de Marte (o en cualquier otra si fuera el caso), lo cual parece ser debatible. Esta hipótesis ya había sido propuesta anteriormente, pero se tropezaba con el hecho de no haber encontrado paleoformas costeras claras.
Los investigadores Alexis Rodríguez y colegas, basados en observaciones de geomorfología, imágenes térmicas y simulaciones numéricas han propuesto que esto se debe a la ocurrencia, hace aproximadamente 3.5 mil millones de años, de grandes tsunamis ocasionados por el impacto de bólidos (meteoritos). Dichos tsunamis pueden haber generado olas de más de cien metros de altura y alcanzado varios kilómetros tierra adentro, arrastrando peñascos de tamaños de autobuses.
La idea no deja de ser atractiva pero no dejará de ser hipótesis hasta que alguna de las misiones de «rovers», o alguna misión tripulada, pueda proporcionar evidencias más tangibles.
Actualmente, lo anterior quizá se llegue a probar con la reciente misión InSight de la NASA, que pisó el terreno del planeta el pasado 26 de noviembre de 2018 instalando un sismógrafo, entre otros equipos científicos. La foto muestra una réplica del sismógrafo instalado en la superficie marciana, que se muestra en las instalaciones del Instituto de Tecnología (ETH) de Zurich, Suiza.
Desde entonces se han podido detectar cientos de “martemotos”, pequeñas vibraciones sísmicas originadas en algún lugar del subsuelo marciano. Además de brindar una oportunidad de saber sobre el origen de estas vibraciones, las señales servirán para sondear el interior del planeta, de la misma forma en que se conoce el interior de la Tierra.
La mayor parte de las señales es muy pequeña, casi imperceptible entre el ruido normal de la detección (principalmente ocasionado por el viento), pero algunos han alcanzado una magnitud de 4, lo que hace posible analizar su fuente. Dos de los más grandes parecen haberse originado en una zona con todas las características de una falla, llamada Cerberus Fossae (Fosa Cerberus) a una distancia de 1,600 km de InSight.
Quizá son ocasionados por acumulación de esfuerzos y ruptura de la corteza, tal y como ocurre en la Tierra. Pero todavía no está muy clara la causa de esos esfuerzos, ya que el que exista una acumulación de esfuerzo en la superficie implica movimiento interno, quizá por convección, y esto a su vez implica fluidos en el manto.
Los “martemotos” vienen en dos “sabores” principales, los de alta frecuencia y los de baja frecuencia. Los de alta frecuencia pueden deberse a la ruptura de la corteza, mientras que los de baja frecuencia pueden originarse más profundo y viajar a través del manto del planeta, de acuerdo con Domenico Giardini, del ETH de Zurich, quien ha participado activamente en el diseño y operación de la misión.
Dos de los mayores martemotos ocurrieron en mayo y julio, ambos fueron del tipo de baja frecuencia. Los miembros del equipo pudieron rastrear la energía sísmica hasta Cerberus Fossae. Esta área alberga una actividad geológica reciente, incluidas fallas que parecen haberse movido en los últimos diez millones de años.
Antes del lanzamiento de InSight, los investigadores habían pronosticado martemotos provenientes de Cerberus Fossae. Las fallas podrían generar esfuerzo en sus extremos, dijo Alice Jacob, científica planetaria del Instituto de Física de la Tierra de París. Un análisis que dirigió sugiere que esta podría ser la fuente de los martemotos detectados por InSight.
De acuerdo con Bruce Banerdt, un geofísico del Jet Propulsion Laboratory de la NASA en Pasadena, California, la tasa de martemotos ha ido aumentando, desde algunos temblores esporádicos detectados después de que InSight alcanzara la superficie (no encuentro todavía la palabra para decir aterrizar en marte, porque aterrizar implica de la Tierra) al ritmo actual de dos por día. Los científicos de la misión no están seguros de la causa de este aumento pero seguirán las investigaciones, no sólo de este grupo, sino de todos los científicos interesados ya que las señales se encuentran disponibles.



