Supe que era un muso porque tenía mil palabras desencantadas saliendo por los bolsillos de su pantalón, por el cuello de la camisa, de los ojales, de la chamarra, y… porque llegó de repente a cuenta de nada. Supongo que aparecerse así es parte de un encanto natural.
No venía del Olimpo “porque quedaba demasiado lejos”, dijo. Venía del metro Balderas, donde Rockdrigo dejó embarrada su reputación hace ya muchísimos años.
Lo atrapé casi por instinto con la red para mariposas y bichos voladores que traigo siempre por si acaso. No se comportó como un insecto repentinamente atrapado, en cambio me extendió un volantito desde el fondo de mi cazamariposas y agregó con una sonrisa fascinante: “¿Necesita inspiración? Usted sólo pida y se la consigo al mejor precio del mercado”.
Por supuesto, el volantito en cuestión era mágico. ¿Quién en su sano juicio confiaría en el impreso ofrecido por un tipo metido en una rejilla de tela? Entonces -debí notarlo-, la atrapada fui yo. Lo miré: tenía pequeños ojos brillantes; lo escuché: su voz era mentirosa, pero de registro bajo y convincente, porque así son los musos; tenía además algo importante: mejillas barbadas y tibiecitas, se las toqué.
Comenzó diciendo que, para hacer literatura –aquí engoló un poco la voz–, primero había que agujerearse el corazón o no habría manera de encontrar la veta trágica de la vida, y que sin esos agujeros doloridos a lo más que podía aspirarse era a hacer crónicas mediocres para revistas de sociales o páginas deportivas.
Cuando comencé a creerle, intentó ambientar mi embeleso con música, pero, como desafinaba, sacó su celular y una bocinita verde. Yo hubiera preferido escuchar el rasgueo de una lira, emitido sabiamente por un dios semidesnudo y hermoso, que tuviera los cabellos entretejidos en una rama de laurel, pero en pleno siglo veintiuno… ¡en fin!… una se adapta.
De pronto, él tuvo sed, Shah, dijo en persa; Shiraz, creí entender, y queriendo tenerlo contento, lo traje a casa, le ofrecí vino y él a su vez me lo ofreció de su propia boca… mmm… dije, mmm… dije otras diez veces ¿o serían más?
Lo cierto es que cuando me sentí inspirada y pretendí sentarme a escribir, el mundo daba vueltas, no estaban las teclas en su lugar y me fue imposible.
Cuando todo pasó, me dolía horrible la cabeza y pensé que me había inventado la historia, pero no, él existía, se había instalado en mi celular y ponía mensajes de manera constante: “Te quiero”, “Eres puro amor”, ¡y hasta me cantaba!
Se supondría –pensé– que los seres mitológicos sólo inspiran. “Eso era en Grecia –dijo apareciendo de nuevo luego de leerme el pensamiento–, pero en México –siguió– la necesidad y algunos otros factores… Mira, yo por ejemplo, soy hijo milenario de Pichano Gobdexe y Xonaxi Bisiá, dioses zapotecos del placer, la carne, la fertilidad y el amor”; y después de besarme rico, siguió explicando: “En tierra mexicana nos hemos tenido que diversificar, no están los tiempos para más ni somos tantos, así que todos le entramos a todo como en el tequio… ¿Sabes lo que es el tequio?…”.
Mientras seguía hablando, noté con pena que se había rasurado; a pesar de eso, ahora fui yo la que lo besó, esta vez en la boca, porque su mejilla estaba muy lisa, pero era tan imaginativo y viril; estaba tan perfectamente mal de la cabeza, él, no yo, que cualquier alteración en la percepción estaba justificada, en mí, no en él, bueno, eso me dije y me dejé llevar. Tomó mi mano, redujo nuestros tamaños y nos fuimos volando a un antro medio infecto donde me congeló para que mirara. Y miré.
Él tomó por la cintura a una mujer a la que apenas lograba rodear con sus brazos. Los musos son cortos de estatura, y la dama en cuestión era grandota y anchita; acto seguido, se ofrecieron los dos a mi vista en un burdo espectáculo amatorio que me agujereó el corazón.
Iba a llorar de indignación y amargura, pero algo me detuvo… mmm… Entonces él… ¡Claro, la veta trágica!…
Cuando reapareció junto a mí, lo emboruqué para que me acompañara al metro Balderas, porque –le dije– tenía ganas de hacer recuerdos; ya cerca del andén divisé a una chica que llevaba pluma y papel en la mano izquierda y una red cazamariposas en la derecha, jalé a Muso para alcanzarla y, llegando a ella, le pregunté: “¿Quieres un muso?” Ella sonrió, le entregué al que traía y hui a toda velocidad para no volver. Nunca debió haberse recortado la barba.
Hoy, un inspirador dolor me llenó de imágenes y de llanto; hoy comencé a escribir.
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Qué ilustración tan creativa. ¡Felicidades!
Pues me suena a enamoramiento precoz aunque ni tanto, cierta libertad de libre albedrío con un muso de por medio, rasurado y liso.
Una especie de regalo sin chistar, sin pregunta previa , muy sin querer queriendo. En fin, así de pronto aparecen y se regalan musos a la mejor o única postora.
Por cierto, muy loco relato , medio incomprensible pero bello.
Me gustaron las figuras literarias. Creo que este texto da para dos historias distintas
Dulce y a la vez amargo.
Por fortuna los musos ni son tantos… ¿o será que si y les gusta alardear de ser pocos? Por fortuna también las redes caza-marip-musos van dejando de existir… ¿o será que ahí siguen y el instinto sí evoluciona?
En fin… tantas opciones…
Igual lamento que su corazón esté agujereado, pobres aspirantes a inspirar… vetas trágicas, qué trágico!!
Paty,
Disfruto muchísimo tus narraciones. Pintas un cuadro con tus palabras que permite al lector conectar con la historia, ¡y tus palabras cobran vida! “Hay que encontrar la vena trágica de la vida, los dioses zapotecas del placer, la carne, la fertilidad y el amor”. Un escritor aspira a que sus palabras cobren vida, ¡y tú lo logras de maravilla! Tus narraciones inspiran al alma a sentirse viva y Estar vivo es participar plena y abiertamente en la sencillez y la elegancia del aquí y ahora.
La vida nos pone en el camino hermosos, alegres, atrevidos y mentirosos “musos”. Cuando no había redes sociales las “redes caza mariposas” funcionaban en el transporte público, tiempos lejanos de preparatoria y universidad en que la “veta del dolor” apenas despertaba…¡Qué alegoría tan exacta! Copia mimeográfica de esos tiempos de “musos espontáneos”, labios tibios y olvidados que reaparecen en mi memoria a través de tus líneas…¡Graaaacias Paty! ¡Adoro el estilo de tus escritos!
Un poco erótico.Me encantó
Un poco erótico.Me encantó