Autoría de 10:39 pm #Opinión, Luis Tamayo Pérez - Ecosofía • One Comment

Para sobrevivir: ¡a electrificar todo! (I de II) – Luis Tamayo Pérez y Antonio Sarmiento Galán

El 28 de febrero pasado inició la guerra entre los EEUU e Israel contra Irán, una triste situación que revela que nuestra humanidad es incapaz de lograr acuerdos políticos y donde el uso de la fuerza parece la única manera de dirimir los conflictos. Esta guerra revela que la humanidad es mucho menos racional de lo que presume.

Desde nuestro país, agobiado por la inseguridad derivada del control que ejercen en muchas regiones los narcos —y del poco apoyo que la población obtiene de los políticos coludidos con ellos—, dicha guerra parece lejana y con poco impacto para nosotros.

En este artículo mostraremos que tal guerra ya tiene efectos globales y que estos podrán ser mayúsculos si el conflicto se prolonga. En dicho caso, como mostraremos, la única salida que tenemos a escala social y familiar es esforzarnos por electrificar toda nuestra economía: en la movilidad, en la producción de bienes y servicios y demás.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) ordena la apertura de las reservas de petróleo

Después de que la operación “Furia épica” lograse matar al Ayatolá Ali Jamenei, el sucesor del Ayatolá Ruhollah Jomeini (1902-1989), un líder que no dudaba en asesinar a los disidentes de su propio pueblo y que imponía la Shaira, esa Ley islámica que impone vergonzosas restricciones particularmente a las mujeres —al respecto basta recordar el hermoso ensayo Persépolis donde Marjane Satrapi (2000) narra como las mujeres iraníes fueron degradadas poco a poco por el creciente fanatismo religioso—, la república islámica de Irán desató una oleada de drones y misiles contra todos aquellos que de una u otra manera apoyasen la operación en su contra: Qatar, Emiratos Árabes, Arabia Saudita, Cisjordania, Libano y, por supuesto, Israel.

Las represalias iraníes incluyeron una que todos esperaban —y temían—el cierre del estrecho de Ormuz, un canal que, como su nombre indica, es muy estrecho y en su lugar más corto no alcanza ni los 40 kms. Por dicho canal pasa una cuarta parte del comercio de hidrocarburos de todo el planeta por lo que su eventual cierre —el cual Irán realiza por mar y tierra gracias a drones aéreos y marinos— ya está dañando múltiples cadenas de suministro a escala mundial: petróleo, gas, helio y, con ellos, precursores de fertilizantes, medicinas y semiconductores, entre muchos otros productos.

Es por ello que el miércoles pasado, las más importantes potencias del mundo occidental acordaron liberar buena parte de sus reservas de petróleo y así evitar una debacle de los mercados.

Lo hicieron así porque los mercados financieros de todo el globo ya estaban reaccionando y, apenas iniciaron las hostilidades, el petróleo Brent paso de 70 a 120 USDlls el barril, descendiendo significativamente después de que Donald Trump asegurase que sería un conflicto de unas cuantas semanas. 

Tan tranquilizadors afirmaciones, lo sabemos bien, no tienen garantía alguna de resultar verdaderas. Trump y Netanyahu no admitirán ser derrotados y el hijo y sucesor del Ayatolá Jamenei, tampoco.

Un conflicto que amenaza con prolongarse

Si el conflicto se prolonga más de las cuatro semanas anunciadas por Trump las cadenas de suministro de innumerables productos se encarecerán: no sólo las de las gasolinas y el gas. También se encarecerán muchas medicinas que se producen con derivados del petróleo —ibuprofeno, paracetamol, amoxicilina y metformina, entre muchas otras. Los fertilizantes y los productos agrícolas que se producen con derivados del petróleo también se encarecerán. El helio, un subproducto de la destilación fraccionada del gas natural, que se produce masivamente en Qatar, también se hará más caro… y, además,  Irán ha destruido buena parte de la planta que lo producía. Finalmente, también se encarecerán semiconductores, circuitos integrados y demás artilugios necsarios para la computarizada civilización actual.

Es por todo ello que a la ciudadanía —y a los gobiernos preocupados por mantener su bienestar— no le queda sino optar por la electrificación de todo lo que sea posible.

Es menester abandonar todo lo posible los combustibles fósiles, sea en los autos, en las empresas, en las estufas o en el transporte por carretera.

Afortunadamente tenemos alternativas viables y baratas

La guerra en Oriente medio constituye una oportunidad para que la ciudadanía deje atrás los autos con motores de gasolina y los sustituya por los cada vez más baratos —y mejores— autos eléctricos, los cuales ya superan en tecnología a los de combustión interna. Claro, si los gobiernos despiertan y buscan una mejor alternativa, podrán mirar hacia la mejora del transporte público o el que se realiza mediante bicicletas o biohíbridos, una salida que, correctamente organizada, convierte los trayectos en paseos y donde la salud de la población también se ve beneficiada pues se elimina la contaminación del aire.

Es factible también cambiar la contaminante estufa de gas, por las muy modernas —y fáciles de limpiar— estufas de inducción magnética o, si las condiciones de la vivienda lo permiten, por las maravillosas estufas solares.

La electrificación de viviendas y negocios puede hacerse mediante paneles fotovoltáicos, generadores eólicos, dispositivos de biomasa o mediante energía maremotríz y microhidráulica, lo que las condiciones de la región permitan. La energía sobrante se puede acumular en las cada vez más baratas —y ya disponibles en el mercado— baterías de sodio, Litio ferro fosfato o mediante los volantes de inercia (flywheel).

Para la producción de alimentos se puede mirar hacia la acuaponia, un procedimiento que no requiere fertilizantes ni pesticidas inorgánicos y que presenta volúmenes de producción nada despreciables. Para el cuidado de la salud basta con que recordemos los avances que la herbolaria antigua y moderna ofrece. Una gran nación como la china depende en buena medida de ella y lo logra de manera muy exitosa.

Esperamos que la crisis que genera la guerra en Oriente medio permita a los más avezados y conscientes de la situación económica y ambiental de la tierra, dejar atrás la muy contaminante industria petrolera y voltear la mirada hacia las energías de fuentes renovables. Constituyen una garantía de bienestar en un mundo que, desgraciadamente, día con día pierde su estabilidad climática, así como la posibilidad de mantener la vida tal y como la conocemos.

Cuernavaca, Morelos, 20 de marzo de 2026.


Luis Tamayo Pérez es catedrático de la FP, UAEM.

Antonio Sarmiento Galán es investigador de la Unidad Cuernavaca del Instituto de Matemáticas de la UNAM.

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Last modified: 12 abril, 2026
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