Aun con las torpezas del foxato, Carlos Fuentes nunca dejó de cobrar sus honorarios mensuales, que utilizaba para reforzar su maximato intelectual al reinventar, con ese dinero proporcionado por los gobiernos sucesivos, diversas cátedras que lo solventaban como un dadivoso anfitrión de personalidades extranjeras que le devolvían, a su vez, los favores recibidos. Ya se sabe: el eterno círculo de los agradecimientos: yo te doy, tú me das: yo te nombro, tú me nombras: yo te premio, yo espero que tú también me premies.
Porque no hay nada como escribir textos sobre ideas democráticas sin importar un rábano que nuestros principios puedan caber en ellas. Allí está ese otro ogro filantrópico que fue Octavio Paz, por cierto enemigo ingrato de Fuentes, que escribía —Paz— lúcidos ensayos sobre la cercanía o la distancia de los intelectuales con el Principado… ¡siendo él un ferviente acaparador de enlaces políticos!
No en vano algunos circuitos culturales son ajenos entre sí debido a las consabidas, y continuas, contiendas de los poderes públicos: Carlos Fuentes prácticamente no pertenecía a los filosos grupúsculos intelectuales del país, reñido con el conjunto de Letras Libres —la secuela de Vuelta del Nobel paceano— e indiferente con la banda de Nexos: Fuentes tenía sus cimientos en Europa, y desde allí enviaba sus mensajes y sus peroratas intelectuales para convencer, aquí, a sus acostumbrados recipiendarios, un selecto puñado de influyentes apoderados de distintos medios de comunicación, a su servicio (¿no Carlos Fuentes hacía un comercial televisivo, pagado por supuesto por el gobierno federal, donde hablaba maravillas de vivir en el entonces Distrito Federal… ¡viviendo medio año Fuentes en Londres!?).

De allí que no deba extrañarnos el ambiguo comportamiento de las figuras de la cultura: Francisco de Quevedo (1580-1645) como conspirador de su España natal, los íntimos amigos Gabriel García Márquez y Carlos Salinas de Gortari, Ezra Pound y su afición al nazismo, los supuestos espías Koestler y Günther Grass y Milan Kundera, José Vasconcelos periodista de Adolfo Hitler, los embutes de Gustavo Díaz Ordaz a Ricardo Garibay, las amistades presidenciales de Fernando Benítez, el comportamiento ambiguamente crítico de Carlos Monsiváis quedando siempre bien con Dios y con el Diablo, las becas derechistas a numerosos e indecibles literatos izquierdistas, Carlos Fuentes y su frase célebre: “¡Echeverría o el fascismo!”…
Etcétera.
Si Fuentes viviera acaso estuviera en este preciso momento descansando en Londres de las estridencias y los ajetreos políticos a la mexicana.
Probablemente.
Aunque todo este asunto se vuelve ahora mismo una palabrería irredenta por tratarse, sí, de una simple especulación, como están conformadas todas esas tropelías, por ejemplo, de las renovaciones morales e ideológicas, los acaboses de la corrupción, la izquierda repartiéndose los beneficios económicos incluso a su diestra…
Cómo no.
Cuando ocurrió el extraño caso de Peña Nieto en la Iberoamericana hasta se alzó un supuesto movimiento estudiantil contta las televisoras entreguistas, ¡pero un muchacho rebelde fue seleccionado por Televisa para que condujera no sé qué cosa y el universitario aceptó de inmediato!
Ja, ¡y eso que en aquel momento Televisa, extrañamente, era simpatizante del animado e indignado entramado estudiantil.
Ja.
En la actualidad, y desde el sexenio anterior, figuran en la lista de beneficiados ciertas personalidades que lo mismo obtuvieron grandes sumas de dinero en administraciones priistas y panistas, que lo mismo vuelven a bajar la cabeza para seguir enriqueciéndose a costa de su entramado simpatizante político. No olvido lo que la periodista Sanjuana Martínez, ex directora de la extinguida agencia Notimex, del Estado mexicano, escribió sobre las presiones y sobornos que recibió para que guardara cauto silencio exhibiendo, con ello, que la política es la política aquí, allá y acullá: según la crónica de Sanjuana, y uno no tendría por qué no creerle, los sindicalistas que mataron a la agencia informativa, por no perder sus acaudalados privilegios, recibieron millones de pesos (¡con el aval del Primer Ejecutivo!) mientras que a los trabajadores en activo, y que apoyaron todo el tiempo a López Obrador porque de veras creían en la transformación del país, les tocó una miseria por ser despedidos y dejados en el abandono, pero, y de esto se trataba todo, al asesor de los sindicalistas le cayeron más de 70 millones de pesos que no era otro sino… ¡el padre de las muchachas Alcalde, protegidas de López Obrador!

¡El mismo cuento de la infame, aunque natural, politiquería a la mexicana!
(A una sindicalista de Notimex, por haber trabajado sólo un mes en la agencia, le dieron como finiquito un cheque por casi dos millones de pesos y a un trabajador que cumplía una decena de años apenas le tocaron poco más de un millón de pesos, si bien un amigo me ha dicho, tal como le dijeron a Sanjuana, que finalmente, y finamente, la política es la política cual sea el color del partido en el poder.
Y si así lo entendía el propio López Obrador, ¿cómo carambas esta situación iba a cambiar?
AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “OFICIO BONITO”, LA COLUMNA DE VÍCTOR ROURA PARA LALUPA.MX
https://lalupa.mx/category/las-plumas-de-la-lupa/victor-roura-oficio-bonito




Otra gran pieza crítica del maestro Roura. En efecto, ese ex estudiante de la Ibero hoy es, recompensado por el neopriismo, Genaro Lozano, embajador (?) en Italia. Y en efecto, los sindicalistas de Notimex eran notoriamente corruptos, nefastos e ineficientes. Pero, ¿acaso Sanjuana fue tan ingenua como para creerle a Amlo, que a fin de cuentas viene del mismo lugar?
Cuando te refieres a “los sindicalistas” no sé bien a bien a quiénes aludes, pero no fueron los trabajadores quienes mataron a la agencia informativa. Si bien, quienes supuestamente tenían privilegios recibieron millones de pesos y los trabajadores en activo, aquellos que apoyaron todo el tiempo a López Obrador, les tocó una miseria, a quienes trabajábamos desde el interior del país o incluso en el extranjero, no nos otcó absolutamente nada. Sólo se pasaron la “bolita” para quedarse con ese recurso.
Hola Germán, tienes razón en que estoy generalizando y no todo el personal de Notimex era malo ni fue responsable de su fin. Para empezar, no trabajé ahí, pero conocí a mucha gente valiosa y también negativa que trabajaba en Notimex y en otros medios simultáneamente, como ocurre en todos lados. Sin embargo, el maestro Roura ya ha expuesto con mucho detalle lo que a él sí, de forma directa, le tocó enfrentar en la agencia incluyendo su turbio desenlace, lo que valida mi comentario. Saludos.