Autoría de 4:26 pm #Opinión, Columna invitada

Nos enseñaron a mirar la política desde lejos – Alejandro Vela*

Nos dijeron que era un asunto de adultos, que todos los políticos eran iguales, que discutir de política sólo servía para perder amigos y que, si uno quería vivir tranquilo, lo mejor era mantenerse al margen.

Sin embargo, nadie nos explicó que también era política aquello que estudiábamos, aquello que podíamos decir, lo que aparecía en los medios y las redes sociales que consumíamos, las instituciones que vigilaban al poder y hasta las condiciones en las que íbamos a construir nuestra propia vida.

Quizá por eso me resulta extraño escuchar que los jóvenes somos una generación apática. Muchos crecimos escuchando que la política era sucia y que ésta era uno de los peores caminos que se podían escoger para la profesionalización: ¡ni pensar en involucrarse desde la vida cotidiana!

El problema es que hoy nuestra generación está descubriendo que las decisiones públicas tienen un impacto cada vez más cercano y profundo en nuestra vida.

Entonces, tal vez no estamos frente a una generación que no quiere participar, sino frente a una generación que está descubriendo demasiado tarde que ya estaba participando, aunque no quisiera.

Y basta mirar alrededor para entender por qué.

Hoy nuestra generación está creciendo en un momento en el que algunas de las instituciones y reglas con las que aprendimos a entender la vida pública están cambiando. La discusión sobre la libertad de expresión, la educación, los organismos autónomos y la capacidad de las instituciones para poner límites al poder dejó de ser una conversación lejana.

Nos afecta directamente, como parte de la sociedad, pero más aún a quienes apenas estamos entrando a la vida adulta.

En este contexto, aún hay una pregunta más incómoda: ¿de qué sirve tener derecho a participar si no tenemos las herramientas para entender aquello en lo que estamos participando?

Ahí es donde la educación adquiere una dimensión que muchas veces olvidamos. Educar no debería significar únicamente preparar a una persona para conseguir un empleo. También debería enseñarnos a cuestionar, contrastar información, reconocer argumentos, entender nuestras instituciones y formar un criterio propio, una dimensión que hemos hecho peligrosamente a un lado.

Nunca habíamos tenido acceso a tanta información. Y, paradójicamente, eso no significa que sepamos informarnos mejor, a veces representa todo lo contrario.

Cada día recibimos cientos de mensajes, videos, opiniones y noticias. Las redes sociales nos permiten hablar y ser escuchados, pero también pueden convertir la indignación en información y la opinión en verdad.

Por eso también importa hacernos escuchar en temas como la regulación de los medios, la libertad de expresión y los derechos de las audiencias. No basta con que podamos consumir información; necesitamos saber quién la produce, bajo qué intereses y cómo distinguir entre aquello que busca informarnos y aquello que busca convencernos, sin restar importancia al seguimiento puntual de cómo y quiénes deciden las reglas de esos espacios de comunicación.

Quizá esa sea una de las grandes tareas de nuestra generación: aprender a participar en la vida pública sin dejar que otros piensen por nosotros, aún si se trata del poder.

Y no, ser joven no significa tener automáticamente la razón. Nuestra edad no es una credencial de conocimiento ni una licencia para exigir que nuestras ideas sean aceptadas sin discusión. Por eso tampoco debería ser una razón para mantenernos fuera de las conversaciones que definirán el país en el que vamos a vivir.

Nos enseñaron a no meternos en política.

Tal vez ahora nos toca aprender algo distinto: que la política no es solamente votar, militar en un partido o discutir en redes sociales.

La política también está en el aula, en los medios, en las instituciones, en lo que podemos decir, en las decisiones que determinarán nuestro futuro y en el posicionamiento que decidimos tomar ante las condiciones políticas que rodean nuestro entorno.

Quizá no necesitamos que nos digan que somos el futuro. Necesitamos entender que, nos guste o no, ya somos parte del presente.

*Alejandro Vela, estudiante de Comunicación y Periodismo por la Universidad Autónoma de Querétaro.

(Visited 9 times, 9 visits today)
Last modified: 14 agosto, 2026
Cerrar