El problema de la oposición en México, de cara a las elecciones intermedias de 2027, es que no ha sido capaz de desarrollar una narrativa lo suficientemente atractiva y convincente para que el electorado crea en ella.
Las oposiciones tampoco han sabido revertir la visión negativa que muchos ciudadanos tienen de ella, particularmente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido Acción Nacional (PAN).
La constante acusación que los señala como los responsables de la corrupción e impulsores del “regreso al pasado” o de ser “la mafia del poder” pesa sobremanera en ambos partidos políticos.
El estigma de ser “lo mismo” y de mencionarlos como el PRIAN, en un intento por desacreditarlos desde Morena y desde el mismo gobierno federal, ya se refleja claramente en las estadísticas.
La realidad política tiene otro elemento problemático para estos dos institutos políticos pues tanto el partido – movimiento político del régimen como el gobierno mismo mantienen una ofensiva en su contra para reducir al máximo sus posibilidades de avance electoral.
Incluso, el morenismo ha modificado leyes para alcanzar este objetivo. La ley contra los candidatos con doble nacionalidad así como los obstáculos leguleyos aprobados en Michoacán con dedicatoria al “Movimiento del Sombrero”, son testigos fieles de esta aseveración.
Solos y derrotados
Así las cosas, la pregunta claves para la oposición es ¿Cómo lograr triunfos electorales más allá de los previsibles, si van solos en los comicios del año venidero?
Hasta ahorita y conforme a las encuestas conocidas, entre las entidades en las que se eligirá gobernador (o gobernadora) el PAN va adelante en Aguascalientes y Querétaro. En Chihuahua —que ha sido su otro bastión— la contienda se encuentra prácticamente en empate técnico con Morena.
Movimiento Ciudadano (MC) enfrenta dificultades para refrendar Nuevo León y disputa a Morena el estado de Campeche, mientras que el PRI pareciera ser que no es contendiente real en ninguna entidad, por ahora.
Todo cambiaría si los opositores van aliados —ya sea en coalición o con candidatura común— pues sus posibilidades de triunfo crecen en Chihuahua, Campeche, Nuevo León, Sinaloa, Sonora y Zacatecas.
En el resto del país, en entidades en las que no habrá elección de gobernador, es posible llegar a acuerdos para hacer postulaciones comunes sobre todo para la cámara de diputados federal.
Me parece que el objetivo electoral, no solamente para las oposiciones sino para México en general, es lograr equilibrios en la cámara baja del Poder Legislativo con la finalidad de abrir la puerta al debate público y sobre todo, a los acuerdos entre todos los grupos parlamentarios para aprobar leyes y presupuestos.
Esto evitaría que se profundizara el grave problema que hoy enfrentamos (y que vivimos por 80 años con el PRI en el poder) del unipartidismo controlador y que decide y aprueba todo sin consultar a nadie.
Equilibrio de fuerzas
De acuerdo a las más recientes encuestas, Morena sigue siendo el organismo político con mayor intención de voto (33.4 por ciento) seguido por el PAN, con un lejano 14.8 por ciento. Las cifras, como vemos, no le dan posibilidad alguna al blanquiazul.
Si se suman las preferencias electorales de Morena con las de sus aliados (PT y PVEM) alcanzan 41.7 por ciento de la intención del voto; esto es, muy por debajo del 59.7 por ciento que logró en 2024. Hay, pues, pérdida de simpatías por esta alianza (cuarta transformación) aunque aun es mayoría.
Si estas cifras se refrendan, muy seguramente tendríamos otros tres años de unipartidismo al más puro estilo del viejo régimen.
Por eso es que las oposiciones deben reflexionar con calma y sin la idea de “preservar su identidad” por encima de todo, sobre la importancia de la conformación de una coalición que, reitero, tenga como meta evitar la permanencia del partido único y abra la puerta al equilibrio de fuerzas.
Que apuesten al retorno de la democracia en México y no a preservar sus pequeños cotos de poder.
Juan José Arreola de Dios
Periodista / Comunicación Política
Twitter (X): @juanjosearreola



