¿Has tomado una pastilla de multivitaminas o conoces a alguien que las haya tomado? Lo que probablemente no sabes es que, en muchos casos, esas pastillas podrían contener partículas miles de veces más pequeñas que el grosor de un cabello, conocidas como nanopartículas. Y aunque suene a ciencia ficción, están más presentes en tu vida de lo que imaginas.
En el Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada (CFATA) de la UNAM en Querétaro, mi grupo de investigación se dedica a la nanotoxicología, una disciplina que estudia si los materiales a escala nanométrica (un nanómetro es la mil millonésima parte de un metro) son seguros para nuestra salud y el medio ambiente.

Pequeño, pero presente en todas partes
La nanotecnología ya forma parte de nuestras vidas, en la industria alimentaria se utiliza para que los alimentos duren más tiempo, se vean mejor o conserven mejor su sabor. Un ejemplo son las nanopartículas de óxido de zinc, un mineral esencial para nuestro cuerpo que también se añade a los suplementos alimenticios para mejorar su absorción.
El problema es que en México todavía no existe una regulación que obligue a los fabricantes a declarar si sus productos contienen nanomateriales, ya que la Norma Mexicana que regula el etiquetado de productos que contienen nanomateriales (NMX-R-13830-SCFI-2014) es de carácter voluntario, por lo que no siempre se cumple. Esto significa que millones de personas podrían estar consumiendo estas partículas sin saberlo, y sin que existan suficientes estudios sobre lo que sucede cuando llegan a nuestro cuerpo.
Un viaje hacia el intestino
El zinc es indispensable para el organismo, pues participa en cientos de procesos biológicos y su suplementación es muy común, especialmente entre las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, los deportistas de alto rendimiento y los adultos mayores. Pero cuando el zinc llega en forma de nanopartícula, las reglas del juego cambian, ya que su tamaño tan diminuto le permite entrar a las células con mucha mayor facilidad. Y justamente, en el CFATA, en el Laboratorio de Nanotoxicología (@Nanotox_lab), investigamos cómo aislar y purificar nanopartículas de óxido de zinc, presentes en muchos alimentos, en especial en suplementos alimenticios comercializados, y someterlas a un proceso que imite la digestión humana, con las mismas enzimas, las mismas sales, el mismo pH y la misma temperatura que se dan en nuestro estómago e intestino. Una vez “digeridas” en el laboratorio, estas nanopartículas entran en contacto con un modelo de intestino creado con dos tipos de células humanas cultivadas en el laboratorio, que, en conjunto, imitan de forma muy cercana cómo funciona nuestro intestino real, incluida la capa de moco que actúa como primera barrera de defensa.

¿Por qué es importante estudiar el efecto de las nanopartículas procedentes de los alimentos?
Estudios previos han mostrado contradicciones sobre si las nanopartículas sintéticas fabricadas en el laboratorio (también llamadas prístinas) pueden o no generar estrés oxidativo, dañar las defensas naturales de las células e incluso afectar la función de la barrera intestinal, clave para absorber correctamente los nutrientes y evitar que sustancias dañinas entren en el torrente sanguíneo. Sin embargo, como la evidencia es contradictoria, necesitamos estudiar más a fondo este tipo de nanopartículas y, sobre todo, aquellas que provienen directamente de los productos que consumimos a diario.
Quizá las nanopartículas aisladas de los suplementos alimenticios, al atravesar el proceso digestivo, podrían transformarse y cambiar sus propiedades, amortiguando así sus efectos tóxicos. También hay que considerar que las nanopartículas presentes en los suplementos alimenticios están mezcladas con otros elementos químicos y con matrices alimentarias complejas como azúcares, proteínas o grasas, lo que puede hacer que se comporten de forma distinta a las nanopartículas prístinas.
De la ciencia básica a la política pública
Más allá de generar conocimiento, nuestro trabajo tiene un objetivo de impacto social: aportar evidencia científica que respalde la creación de una Norma Oficial Mexicana que regule el etiquetado, el uso, la comercialización y el desecho de los nanomateriales en productos de consumo.
Actualmente, este vacío regulatorio deja a consumidoras y consumidores sin información clara sobre lo que realmente ingieren. No debemos alarmarnos antes de tiempo, por eso es mejor contar con evidencia científica para tomar decisiones adecuadas y prevenir riesgos. Nuestro trabajo no sólo busca responder una pregunta científica, sino también contribuir a que, en un futuro cercano, México cuente con las herramientas legales necesarias para proteger la salud de la población frente a los riesgos de la nanotecnología en los alimentos, aún poco conocidos.
Te invitamos a conocernos
Si te interesó este tema y quieres saber más sobre cómo trabajamos, te invitamos a visitarnos en el CFATA, campus Juriquilla de la UNAM, Querétaro, donde con gusto te mostraremos este proyecto y muchos otros que se desarrollan en nuestras instalaciones.
Agradecimientos: esta investigación es financiada por la DGAPA-UNAM, proyecto PAPIIT IA207326; y a la SECIHTI (beca de doctorado CVU: 982316). Agradecemos el apoyo técnico de M.C. Manuel Franco, Dra. Beatriz Millán, Dra. Elena Smolentseva, Dr. Alfredo Vilchis y Dr. Álvaro Ruiz, sin quienes esta investigación no sería posible.
Las autoras de este artículo son la maestra en ciencias Guadalupe Tonantzin de Dios Figueroa, estudiante del doctorado en ciencias biomédicas de la UNAM; y la doctora Karla Oyuky Juárez Moreno, investigadora del CFATA-UNAM Juriquilla, en Querétaro, y responsable del Laboratorio de Nanotoxicología.
kjuarez@fata.unam.mx
Redes sociales: @Nanotox Lab
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