Esta entrega de “Oficio Bonito” se ilustró con viñetas futboleras de Fontanarrosa
1
El portero, además de cuidar la arquería de los goles ajenos, es portero de noche en un condominio de reciente creación.
2
El capitán del equipo atendía también, para completar el salario, como capitán en un lujoso restaurante.

3
El entrenador sugirió la contratación de un judoteca como defensa central de su equipo de futbol.
4
El extremo derecho era realmente un derechista extremado.

5
El futbolista añoraba dar por terminada su carrera deportiva para dedicarse, aun sin haber estudiado previamente periodismo, a la crítica del balompié en la televisión.
6
Un buen partido era, sin duda, la señorita que coreaba todos los goles en la porra futbolera.

7
El futbolista pedía siempre los mismos tacos antes de entrar en la cancha: los de bistec sin cebolla, por supuesto.
8
El árbitro arbitraba arbitrariamente todos los partidos de futbol.

9
Adicto empedernido, el porrista renunció a la porra futbolera luego de percatarse de que nadie repartía porros durante los partidos.
10
Por cuadragésima sexta ocasión, el futbolista estrelló en el larguero la pelota en un penalty pasando a la historia por su increíble hazaña deportiva.

11
El locutor futbolístico no admitía ninguna expresión anglosajona en sus comentarios deportivas, de manera que al penalty lo nombraba castigo, al gol lo llamaba anotación en la meta, jamás decía el castellanizado futbol sino balompié, la palabra soccer la ignora usando en su lugar el término asociación, etcétera.
12
Nadie sabía que era gay, pero al futbolista siempre lo veían acariciarles con exageración las nalgas a los goleadores.

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Para estimular, según su perspectiva misógina, a las futbolistas portaba siempre un abrigo sin ropa interior durante los partidos oficiales para, mediante personalizadas estrategias, abrirlo ocasionalmente ante las chamacas cuyo director técnico era él mismo.
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La abuelita de un destacado futbolista fue contratada para tejer las redes de las porterías de su estadio.
15
El antrogólogo estudia al goleador de forma integral, abarcando sus aspectos culturales así como sus orígenes, diversidad y evolución, se enfoca en entender cómo las sociedades futboleras se organizan y cómo se relacionan entre sí.

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Antes de jugar, el futbolista analiza y atiende, atentamente, su cuenta bancaria.
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El medio ofensivo se dedicaba en los partidos a ofender medianamente a sus rivales.
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Para evitar la discriminación, la Federación Deportiva emitió un comunicado donde exigía que todos los mediocampistas, de ahora en adelante, debían tener mediana estatura en los partidos de futbol.

19
El futbolista, por su juego visiblemente primitivo, rudo y violento fue expulsado… del país.
20
Para que la gente asistiera por fin a su estadio, las futbolistas idearon un uniforme consistente en un atractivo biquini de fosforescencia morada.

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El futbolista metía docenas de goles en cada partido… en el futbolito.
22
Al futbolista sólo lo llamaban al cine para que filmara balones.

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El futbolista, acostumbrado a anotar los goles de cabeza, se alimentaba a diario de tacos de cabeza comiéndolos obviamente de cabeza.
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El futbolista no sólo dominaba con destreza el balón, sino también a todas las mujeres que lo admiraban.

25
El futbolista, perfecto en los tiros desde la media cancha, había anotado ya cuatro autogoles en esa especialidad recibiendo no sólo el estupefacto arrobo de los aficionados, sino también de sus propios compañeros de equipo que desconocían, asombrados, las cualidades de tal proeza.
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El partido tuvo que ser suspendido porque la moneda, que el árbitro lanzó al aire para decidir la suerte geográfica de los contendientes, jamás volvió a bajar de su misterioso ascenso.
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Las futbolistas tenían prohibido intercambiar camisetas a la hora de los goles, pues muchas de ellas no usaban brasieres.
28
El guardameta, albañil en su antiguo oficio, fue expulsado del partido cuando el árbitro lo miró construyendo un improvisado muro, de accesible mudanza, con ladrillos viejos en su portería para evitar los goles del equipo contrario.

29
Nunca escuchaba los silbatazos del árbitro porque siempre jugaba, con la debida autorización de su directiva, con diminutos audífonos una específica estación radiofónica, la misma empresa patrocinadora del equipo de futbol.
30
Después del gol, todo el equipo, para festejar la anotación a su favor, bailó una estupenda coreografía de menos de un minuto, baile que ejecutan ahora fodos los aficionados de ese club, ejemplo envidiado por los demás rivales cuyas directivas, para no quedarse atrás, han contratado de inmediato a un brillante coreógrafo para armarles un bonito breve baile después de cada excitante gol.
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Fue sólo hasta 2018 cuando obtuvieron permiso las mujeres de entrar a los estadios de futbol, y por puertas y asientos específicos, de manera que la brava hembra, fanática como pocas de ese deporte, dejó por fin de disfrazarse de hombre arrojando al cesto de la basura bigotes, barba, lentes y ropa masculina.
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La madre portera, al no tener con quién dejar a su adorado hijo, le contaba cuentos a su primogénito adentro de la portería, mientras el balón era fieramente disputado en el área ajena.

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En la prehistoria, el futbol se jugaba con el coco como balón, pero se desconocían las anotaciones con la cabeza.
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El delantero anotaba con desesperación goles no parta aumentar su popularidad, sino para incrementar números en su cuenta bancaria.
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El lateral izquierdo se escapó por la banda derecha, tal como se acostumbra en la vida cotidiana, de modo que no sorprendió a nadie su supuesta audacia.

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Su ilusión de vestir el uniforme de la selección nacional por fin, luego de numerosos años, se hacía realidad: la tienda deportiva ofrecía toda la mercancía con un ventajoso descuento.
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El portero, para desconcertar a todos, salió a la cancha vestido de beisbolista.
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El defensa, que para eso estaba, recibió al delantero con un certero golpe en la nuca que casi lo manda al Otro Mundo.

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El futbolista, en un sorprendente e inesperado acto de magia, se esfumó para aparecer, minutos después, en la potería contraria gritando goooool que enmudeció a su fanaticada.
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Harta de que su marido el afamado futbolista no dejaba de hablarle de futbol, decidió abandonarlo para casarse con un matemático que no dejaba de hablarle de números, abandonándolo para unir su vida con un basquetbolista que no dejaba, nunca, de hablarle de baloncesto…
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