El día de ayer, 7 de agosto, leí del fallecimiento del poeta Víctor Sosa en un breve mensaje de texto. Y de inmediato busqué más información para corroborar si se trataba de la misma persona que conocí años atrás. Al encontrar un aviso igual con una de sus fotografías, no quedó duda.
A Víctor lo conocí en una visita que realizó a la ciudad de Querétaro, en donde dio un taller de poesía al que tuve la oportunidad de asistir. Víctor nació en Uruguay y aunque llevaba varios años viviendo en México, aún conservaba su acento, que se escuchabatan bello al recitar un poema.
Ensayista, poeta, teórico de arte y literatura,traductor y hasta ahora me entero, que también pintaba. Todo un artista. Con Querétaro mantenía relación porque aquí tenía a grandes amigos, también escritores. Además formó parte del Consejo Editorial de la revista “Separata”,que nació en el año 2009 con la dirección de Federico de la Vega. En la misma revista Víctor compartió en varias ediciones obra.
Autor de los libros: “Gerundio”(1996), “Decir es Abisinia» (2001), “Los animales furiosos” /2003), “La saga del Sordo” (2006) y ganador del Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2012, con el poemario “Gladis Monogatari”.
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Otro adiós (o hasta luego) en la literatura mexicana, fue la despedida terrenal de José Luis Calderón Vela, poeta y actor, escritor de «Los tiempos desolados». Además de fundador y coordinador Estatal dela Red de Tertulias Literarias Guanajuato.
A José Luis lo conocí vía Facebook en el Taller de corrección del texto poético Covid-19 que ofreció de manera gratuita de la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí, y que impartió Jorge Humberto Chávez. La experiencia del maestro José Luis era evidente en sus textos, pero siempre destacaba por una gran humildad con su obra y un gran respeto por el trabajo de los compañeros.
De Calderón Vela comparto el siguiente poema e incluyo una imagen con otra pieza, que fue trabajada en el taller.
ALDABILLA
Yo soy la cerradura de una puerta
de lado a lado cruzada por el polvo
y el orín que acompaña el tiempo.
Sé de un transferir de sonidos
en el espejismo
del baile de unas llaves
en el interior de mi universo.
Clausuro una celda pálida,
abrazo una fuga que danza
sin fin ante el juicio de la historia.
El peso de las sombras me hace temblar.



