Autoría de 1:30 pm #Opinión, Eric Rosas - La Onda Plana

En caída libre – Eric Rosas

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) ha dado a conocer su Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto (PIB) de México para el cuarto trimestre del año que recién concluyó. Esta deberá ser revisada en fechas próximas, pero por ahora nos entrega una segunda contracción consecutiva trimestral para el PIB, criterio que algunos especialistas consideran indicador suficiente para declarar en recesión técnica a una economía. De acuerdo a esta estimación del Inegi, durante el periodo de octubre a diciembre del 2021 el PIB de nuestro país se redujo en 0.08% respecto de su valor alcanzado en el trimestre de julio a septiembre del mismo año; mismo que a su vez había descendido en 0.43% en relación al segundo trimestre, y último de cuatro al hilo en los que se había observado una tendencia de recuperación luego de la vertiginosa caída sufrida en el segundo trimestre del 2020.

Con estos datos es difícil que el crecimiento de la economía mexicana logre alcanzar el valor esperado para el 2021 por la Secretaría de Hacienda de 6.3%, e incluso podría quedar muy lejos de la estimación hecha por el Banco de México, más modesta, de sólo 5.4%; más bien rondaría apenas un 4.8%, de acuerdo con el Bank of America. Pero, además, de confirmarse este reciente decrecimiento, el PIB de México seguirá quedando un 3% por debajo del nivel que tenía al cuarto trimestre del 2019, cuando aún no había sido tocada por la pandemia de Covid-19. Más allá de la disrupción causada por la emergencia sanitaria, tal reducción evidencia que la economía de nuestro país se encuentra en caída libre desde que entró en funciones la presente administración federal. Y para que al final del actual sexenio se pudiera alcanzar el promedio de crecimiento logrado por los gobiernos previos, digamos de un 2% anual, se tendrían que tener crecimientos anuales promedio del 5% para el presente y los dos siguientes años; lo que luce imposible.

El Inegi encontró que la caída del PIB al final del 2021 es atribuible a la contracción del 0.7% sufrida por el sector terciario (servicios), ya que el primario (agricultura y ganadería) aumentó un 0.3% y en 0.4% el secundario (industria). Con estos datos, la variación del PIB por sector estaría alrededor de un 2.7% para las actividades primarias, un 4.2% para las terciarias y un 6.8% para las secundarias. Es decir, la mayor aportación al crecimiento de México habrá sido dada por la industria, y muy probablemente se debería a la exportadora, que está directamente vinculada a la economía de nuestro principal socio comercial, los Estados Unidos de América, con el que mantenemos alrededor del 80% de nuestro comercio exterior.

Es por esta realidad tan incuestionable que deberían resultar verdaderamente preocupantes las muy serias advertencias que hace una semana expresó la secretaria de Energía de nuestro país vecino del norte luego de su visita a México; viaje en el que se reunió con empresarios, académicos, legisladores y el mismo titular del Poder Ejecutivo Federal. Aunque no han recibido la difusión que debería, las palabras pronunciadas por Jennifer Granholm en el video que grabó a lado del embajador estadounidense en suelo mexicano —ya desprovistas del adorno diplomático— dejan ver con toda claridad la profunda molestia que ha causado en la nación anglosajona la iniciativa de reforma en materia energética presentada por el presidente López, pues nuestros más importantes socios la consideran como una verdadera amenaza a los intereses regionales de Norteamérica.

Jennifer Granholm y Ken Salazar

El malestar no puede ser menor si consideramos que, de concretarse dicha reforma, el sector energético de uno de los tres socios norteamericanos quedaría destrozado y se convertiría en un pesado lastre para los otros dos signatarios del tratado de comercio libre entre México, Estados Unidos de América y Canadá (T-MEC). Siendo la energía uno de los insumos vitales para cualquier industria, su encarecimiento comprometería seriamente la competitividad de la región, no sólo de México. Esto podría provocar que muchas empresas extranjeras prefirieran emigrar del suelo azteca para instalarse en países con energía limpia y barata y, en ese escenario, ¿de qué serviría mantener a México dentro del T-MEC?

Lo anterior, dicho sin aberraciones.

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Last modified: 2 febrero, 2022
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