Aunque a menudo son percibidos como privilegios exclusivos de ciertas minorías, los derechos culturales deben ser reconocidos como derechos universales que abarcan a todas las personas. En el municipio de Querétaro urge una visión inclusiva y reflexiva que le otorge una relevancia particular, no sólo por la riqueza cultural intrínseca de nuestra región, sino también por las implicaciones que tiene para el desarrollo sostenible y equitativo de nuestras comunidades.
Los derechos culturales: Más allá de las minorías
La noción de derechos culturales no debe limitarse a grupos específicos. Inercial y mecánicamente, los derechos culturales han estado enfocados al sector artístico desde una visión institucional eventista, es decir, el articulado institucional municipal y estatal sólo se limita a la promoción focalizada y efímera de ciertos grupos artísticos. Es menester señalar que cada persona, independientemente de su pertenencia a una mayoría, forma parte de una o más minorías en función de factores como la raza, el idioma, la etnia, la edad, el género, la salud, las creencias y las preferencias. Este entendimiento es crucial para garantizar una verdadera inclusión y participación de todos los ciudadanos en la vida cultural de Querétaro, trascendiendo a la obsoleta visión paternalista que se limita sólo a la actividad arcaica de promoción, dejando de lado la gestión cultural con enfoque cultural comunitario, con mecanismos efectivos que garanticen la participación ciudadana y el diálogo, no condenando al ciudanado a ser un espectador pasivo.
Uno de los pilares de los derechos culturales es el derecho a la ciudad, entendido como la capacidad de los ciudadanos para transformar su entorno urbano y, en ese proceso, transformarse a sí mismos. En Querétaro, este derecho debe materializarse a través de iniciativas ciudadanas comunitarias que promuevan la cultura como un bien común, esencial para el desarrollo humano y la cohesión social, no desde la visión de la élite cultural que, con el dedo flamígero de la administración pública o del oportunismo electoral, define, decide y legitima qué es y qué no es cultural.

Cultura independiente y desarrollo comunitario
Aunque a la élite cultural no le guste, la cultura independiente juega ya un papel vital en la dinamización de los territorios urbanos. En Querétaro, la diversidad de propuestas culturales debe fomentar una conversación continua sobre las necesidades y deseos de la comunidad, no del secretario en turno, fortaleciendo el tejido social en barrios y vecindarios. Esta actividad cultural no sólo embellece la ciudad, sino que también actúa como un motor de desarrollo comunitario, promoviendo la integración y el diálogo intercultural.
Para las infancias, garantizar los derechos culturales implica la implementación de proyectos universalistas que reconozcan el derecho de los niños a participar y ser escuchados. En el municipio de Querétaro se cuenta con la estructura suficiente, pero es inequitativo a la realidad estatal, sin contar que dicha infraestructura está subutilizada. Una adecuación del enfoque cultural hacia las infancias es fundamental para cultivar una generación que valore y enriquezca el patrimonio cultural de Querétaro.

Desafíos y oportunidades de la diversidad cultural
Las migraciones, un fenómeno cada vez más común en nuestra sociedad, presentan tanto desafíos como oportunidades para la cohesión social. De manera sustantiva, los derechos culturales deben estructurarse en torno al reconocimiento de la diversidad y la promoción del diálogo intercultural. En Querétaro, esto se traduce en políticas culturales inclusivas que integren a los migrantes en la vida cultural de la ciudad, enriqueciendo nuestra identidad colectiva.
En contextos vulnerables, como en las comunidades marginadas en la periferia de Querétaro, la cultura tiene un impacto transformador. Cada iniciativa cultural debe considerar el potencial de salvar vidas al ofrecer alternativas significativas y constructivas a problemas sociales como la drogadicción y la violencia. Sin embargo, estas actividades necesitan emanar de la misma sociedad, contar con más recursos y tener la certeza de continuidad sin depender de los cambios de administración. Asimismo, es esencial que las autoridades locales aseguren el acceso a los bienes básicos, como alimentos y medicinas, para que la cultura pueda seguir floreciendo en estos entornos. Con hambre no hay cultura.

La universidad: un aliado en la gestión y promoción cultural
En el ámbito territorial, la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) debe comprender su papel y erigirse como un actor clave en la promoción de la cultura como un derecho. Concebida como un bien público social y un derecho humano universal, la educación superior tiene un papel e impacto estratégicos en el desarrollo sostenible. La universidad debe trabajar en estrecha colaboración con las comunidades para garantizar el acceso a la cultura y promover la investigación y el diálogo intercultural, en lugar de reproducir el esquema obsoleto del ejericio de los derechos culturales de las élites.
Perspectiva de sustentabilidad ante la crisis climática
La crisis climática añade una capa de complejidad a los derechos culturales. Por un lado, amenaza modos de vida, patrimonios y paisajes culturales; por otro, el ejercicio de estos derechos es fundamental para comprender y abordar la crisis. En Querétaro, es imperativo que las políticas culturales integren la sostenibilidad ambiental y promuevan la participación activa de la comunidad en la construcción de un futuro más justo y equitativo.

Perspectiva de género en los derechos culturales
Las luchas del movimiento feminista han demostrado que para erradicar la desigualdad es necesario incorporar una perspectiva de género en todas las áreas, incluidos los derechos culturales. En Querétaro, esto significa diseñar políticas y programas culturales que reconozcan y aborden las disparidades de género, asegurando que las mujeres y las diversidades tengan pleno acceso a la vida cultural y artística de la ciudad.
Además, es crucial que los derechos culturales contemplen los derechos sociales y económicos de los trabajadores de la cultura. Esto se traduce en la necesidad de contar con un marco normativo que reconozca la actividad económica cultural, incluyendo un régimen de seguridad social que proteja a los artistas y gestores culturales.

Transparencia y participación ciudadana en las políticas culturales
Para que los derechos culturales sean efectivos, es fundamental que el gobierno de Querétaro, tanto a nivel municipal como estatal, trabaje en ampliar, transparentar y mejorar la participación social en las políticas culturales. Una democracia cultural sólo es posible con la plena participación de los trabajadores de la cultura y la ciudadanía en general. Esto requiere mecanismos transparentes de consulta y participación que aseguren que las políticas culturales respondan a las necesidades y aspiraciones de la comunidad. Es fundamental escuchar a los esfuerzos impulsados a través de colectivos, grupos, asociaciones y consejos ciudadanos, como el Consejo Consultivo de Teatro y el Consejo Literario Queretano, por mencionar sólo dos ejemplos.

Los derechos culturales en Querétaro no deben ser vistos como privilegios de unos pocos, sino como derechos universales que enriquecen a toda la sociedad. La promoción de una cultura inclusiva, diversa, horizontal y participativa es esencial para el desarrollo sostenible y la cohesión social. La ciudadanía, las instituciones educativas (como la UAQ), junto con las autoridades locales y la comunidad, tiene un papel crucial en la realización de estos derechos, asegurando que la cultura sea un pilar fundamental en la vida de todos los queretanos.
Al reconocer y promover los derechos culturales como un componente esencial del bienestar comunitario, Querétaro puede convertirse en un modelo de desarrollo cultural inclusivo y sostenible, beneficiando no sólo a sus ciudadanos, sino también sirviendo de inspiración para otras regiones.



