CRÓNICA: BRAULIO CABRERA/LALUPA.MX
FOTOS: RICARDO ARELLANO/LALUPA.MX
Inmersos en un verano extremadamente lluvioso, fresco y ventoso, el equipo de LaLupa.mx fue convocado por la Secretaría de Desarrollo Agropecuario del municipio de El Marqués, para conocer a algunos de los beneficiarios del programa de rehabilitación de bordos que se llevó a cabo este año. Se trata de obras esenciales para la captación y conservación del agua y el suelo al captar y almacenar el agua de lluvia, recargar acuiferos y reducir la erosión. Además, son fundamentales para la productividad agrícola y ganadera, proporcionando agua para el riego y los animales.
A pesar de que el objetivo era claro, no pudimos sospechar la travesía por venir. Es así que, en un abrir y cerrar de ojos, nos encontrábamos en la cabina de una camioneta pickup, conducida por Jaime Abelino, coordinador de Agricultura de la secretaría, para conocer al primer beneficiario del programa en el norte del municipio. Fue un trayecto de casi 40 minutos, en el que nuestros ojos se colorearon con el verde esmeralda que tapiza la campiña marquesina.

No obstante, verde no fue lo único que vimos: a espaldas de la ciudad de Querétaro, Peña Colorada se torna cada vez más gris, con casas, caminos y altos edificios. Esta área natural protegida no es cualquier cosa, pues en ella confluyen 3 de los 5 acuíferos que hidratan a la metrópolis; habitan más de 250 especies vegetales y 15 especies de animales en nivel de riesgo; yacen 4 sitios arqueológicos; así como, cada año, es una parada dentro del corredor de la mariposa monarca. Entre más la veía, más pensé en la pregunta de Nezahualcóyotl “¿acaso, de veras, se vive con raíz en la tierra?”

Poco antes de llegar a nuestro primer destino, al acercarnos a la comunidad de Santa María de los Baños, también fuimos espectadores de la fuerza del agua: entonces, apenas se miraba un hilito de río que baja de la presa del Carmen, pero algunos días atrás había crecido tanto que se comió las veredas, amplió su cauce y partió la tierra, casi llevándose consigo la carretera. Bien respondió el emperador poeta “no para siempre en la tierra, sólo un poco aquí”.
En ese momento, Dayanea Barberena, representante de comunicación de la secretaría que viajaba con nosotros, aprovechó el silencio para explicarnos la importancia del apoyo de mantenimiento a los bordos, pues el funcionamiento adecuado de estas zonas de captación de agua permite incrementar el volumen de contención, así como la calidad; algo importante, en un entorno en el que las sequías han arreciado casi cada año, y los cultivos, el ganado, y las personas dependen de una digna reserva de agua.

Por eso, el municipio de El Marqués, a través de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, decidió invertir un millón 200 mil pesos en este programa de mantenimiento, en colaboración con las organizaciones ejidales que debieron aportar sólo el 10% del presupuesto de sus respectivos proyectos. Esto se tradujo en un apoyo para casi 300 productores, agrícolas y ganaderos.
Justo en la entrada de la comunidad, a la sombra de un güizache, nos esperaba Prócoro Morales, beneficiario del apoyo; lo acompañaban sus colegas Antonio Isidro y Jesús. Rápidamente saludaron y subieron a la caja de la camioneta. Sin más partimos, pero poco nos tomó darnos cuenta que nos venían siguiendo: dos perros, uno grande y blanco, otro chiquito y amarillo, de nombres Lucas y Bolillo.

Después de un intrincado camino entre parcelas, que Jaime Abelino conocía de memoria, llegamos a la entrada del predio ejidal en el que se encuentra el bordo “Las Moras”. De un brinco, Prócoro bajó para abrir la reja y nos dijo: “Nos vamos por aquí derecho pa’rriba, bajamos por encima de la brecha pa’ que lleguen hasta el bordito. La camioneta la dejan acá donde siempre.”

Casi medio kilómetro más adelante, la camioneta se detuvo frente a una barda de rocas apiladas cubierta de yerba; más allá se alzaba un cerro y por todos lados nos rodeaban flores, nopales y garambullos… no dejamos pasar la oportunidad de cortar algunos garambullos y llevarlos a estallar en nuestra boca, dejando nuestros dedos pintados de violeta.

Después de cruzar la barda, empezamos a ver el reflejo del cielo en el espejo de agua frente a nosotros e, inmediatamente, Lucas corrió y se dio un chapuzón. Entonces, Prócoro Morales se paró frente a mí y comentó: “¡Ése es canijo para nadar!”
“Yo soy de aquí mero de Santa María de los Baños, de toda la vida. Este bordo ya tiene unos 20 años. Por eso, ya estaba muy deteriorado, tenía mucho azolve; además, había una fuga de agua un poco más abajo. Por ahí se nos iba toda el agua. Casi unos 20 centímetros por día. Con el apoyo que nos dieron le dimos una buena reparación, quedó bastante bien. Ahora tiene mayor capacidad y el fondo está reforzado”

“Ahora, más o menos al fondo tiene unos 7 metros para abajo. En la obra nos habremos tardado dos o tres semanas; en ese entonces aún no había llovido, por lo que fue más fácil. Ahora está casi a tope, ya tenía años que no mirábamos esta lluvia. El bordo de “Las Moras” es muy importante para nosotros, pues beneficia a unos 12 ganaderos de la zona”

Prócoro pausó un momento, tomó una piedra y la lanzó lejos, a la mitad del bordo; detrás suyo, salió volando Lucas que brincó varios metros hasta aterrizar en el agua. Miró al cerro y continuó: “Nosotros aquí traemos a nuestros animales para que beban. Antes del bordo teníamos que meter pipas cada semana para darles agua”

“Todos los compañeros somos ejidatarios y le agradecemos al señor presidente municipal de El Marqués, Rodrigo Monsalvo, y al secretario de Desarrollo Agropecuario, Alejandro Domínguez Servién, por este apoyo a nuestro ejido. También le agradecemos desde la sociedad de ganadería”

Mientras todos miraban a Lucas regresar a la orilla con una piedra en la boca, mis ojos se distrajeron con una parvada de patos que volaba por encima nuestro. Prócoro Morales volteó a verlos y comentó: “Nosotros cuidamos mucho el cerro, nos gusta hacerlo. Es la única forma de mantener la naturaleza, los pulmones del mundo, que nos da oxígeno y vida. Para cuidar aquí nos turnamos unos días unos y luego otros”

“Los de aquí sabemos que en el cerro hay coyotes, cacomixtle, tejones, zorrillos, conejos, liebres, tlacuaches, hasta venados cola blanca se llegan a ver de vez en cuando. De aves hay mucho, igual. Pero ya ha habido personas que se meten a cazar animales o hacer otras cosas que no van”

“Hay gente que viene de bien, nada más a llevarse algún garambullo o una tuna y con esos no hay problema. Lo que nosotros queremos es que la naturaleza siga para adelante; debemos poner nuestro granito de arena para la comunidad, para luego obtener los beneficios”.

“Tengo la lengua muy suelta” dijo Prócoro con una risa tímida, al mismo tiempo que nos invitó a ir a la sombra de un mezquite, para disfrutar unos lonches: tacos de frijoles con chorizo y chile verde. Mientras tanto, Lucas y Bolillo ladraban cerca nuestro a la espera de que alguien lanzara una roca.
Después de un maravilloso desayuno, los ejidatarios explicaron que el siguiente bordo, “La Calera”, en el ejido San Rafael, estaba mucho más cerca caminando que en coche.

Así que juntamos nuestras cosas y nos despedimos. Prócoro nos miró y amablemente dijo: “Esperemos que, primeramente Dios, no haya sido la última. Ahora que ya vamos a empezar a tener elotes un día los invitamos para que se echen sus elotes. También tengo harta flor de calabaza”

“La flor hay que ir a cortarla a las seis de la mañana, porque en el día se apaga, solamente en la mañana es cuando está bonita, que abre”, dijo con un tono serio. Jesús lo miró, río fuertemente y le respondió: “mejor diles que no quieres que vayan a cortar, Prócorito”

Entre risas y saludos nos alejamos, yendo de vuelta hacia la camioneta. El camino a “La Calera” fue hermoso: bajo el sol de medio día, rodeados por arbustos, espinas, abejas, nopales y flores, muchas flores. Habiendo pasado unos 10 minutos, comenzamos a escuchar el chapoteo sobre el agua. Frente a nosotros apareció un largo ojo de agua en donde abrevaban las reses, algunas con largos cuernos. Debajo nuestro, el suelo se tornó blanco, pues el nombre de “La Calera” no es capricho.

Un poco más lejos, encontramos al segundo beneficiario de este programa, José Agustín Moreno, quien también es comisariado del ejido San Rafael. Calzaba unas botas de hule y su uniforme oficial. Tras saludarnos a todos, miró el bordo y explicó: “Originalmente, este bordo era largo nada más, no estaba partido en dos como ahora. La cuenca se alimenta de dos entradas distintas, que vienen desde los cerros. Además, cuando construyeron el bordo, hace más de 20 años, no lo hicieron muy profundo”

“Entonces, cuando llovía muy fuerte se desbordaba y creaba un arroyo que inundaba las parcelas más abajo y las echaba a perder. Por eso, lo que se hizo fue construir este diente, en el que estamos parados, para tapar la entrada del arroyo y la cuenca que se hacía con el agua que fugaba. Además, la máquina limpió bien abajo. Ahora de fondo ha de tener unos 5 metros, aunque hay partes más hondas”

Con la mirada puesta en las vacas que se encontraban en la entrada de “La Calera”, Agustín Moreno explicó, que este bordo está destinado para el ganado pues no es suficiente para el riego. Al mismo tiempo, aprovechó para presumirnos su parcela, que este año va de maravilla.
“Tengo mi parcela, ahí siembro maíz, frijol y calabaza. Ahora, gracias a Dios, ahí va con estas lluvias. Por suerte para mí sí se dio muy bien el frijol y el maíz anda bien bonito”, dijo mientras nos enseñaba fotografías en su celular.

“Yo soy de aquí, llevo 62 años viviendo en Ejido San Rafael; por eso la asamblea a de ejidatarios fue la que me nombró comisariado. En este cargo sí me enfrento a problemas, especialmente con la cacería, se mete gente que luego dispara sin saber y hasta le pueden pegar a uno o al ganado”

“Vivo sólo, mis hijos ya son grandes. Algunos trabajan en fábricas, restaurantes o ya son madres. Ninguno de mis hijos quiso seguir con el trabajo en el campo, pero sí me apoyan, me mandan dinero cuando pueden”

Jesús Agustín aprovechó la oportunidad para agradecer, en nombre del ejido, el apoyo que recibieron: “Quiero darle gracias al gobierno que nos apoyó y darle gracias al alcalde y a la Secretaría de Desarrollo Agropecuario. Con este apoyo sí pudimos, porque la verdad nosotros no tenemos la lana para hacer esto…”

Al concluir la entrevista, el comisario de despidió de todos y tomó un camino opuesto. Nosotros cruzamos el cerro de vuelta, siguiendo el mismo inexistente sendero. Llegamos a la camioneta y emprendimos el regreso al centro de atención municipal.

El día de caminata nos dejó cansados, sudados y empolvados; aunque, nuestros estómagos estaban repletos de garambullos y tacos de frijoles. Nuestros ojos, apenas habituados al vívido brillo que tiene todo en el campo, evitaban regresar a la ciudad, refugiándose al mirar reflexivamente hacia dentro.
De vuelta en la ciudad, viendo la vida tornarse del color del asfalto y el concreto, podemos apreciar un poco más que el campo resista, florezca. Prócoro Morales y Jesús Agustín Moreno son sólo dos de los beneficiarios de estos apoyos municipales al campo que otorgó el municipio de El Marqués; pero sus historias dan fe de lo que es el amor por el paisaje que te ha visto crecer y por la tierra que te da de comer.

Para ellos, una buena temporada de lluvias, unas plantas de frijoles, y un bordo funcional y digno para llevar a sus animales a beber y hacer florecer sus cultivos, lo son todo. Para Querétaro, las personas que cuidan su tierra y los gobiernos que las apoyan, también.




La importancia de estos programas no sólo raficaxen el apoyo gubernamental, pues un millón doscientos mil pesos no es suficiente, la conciencia de la gente , de los estudiantes en sus prácticas y sobre todo darle seguimiento a este tipo de programas harán que en el municipio el agua perdure.
arykov