HISTORIA Y FOTOS: BRAULIO CABRERA/LALUPA.MX
A sus 9 años, el pequeño Shak comió por primera vez unos Cheetos torciditos y, aunque quedó fascinado con su sabor, fue incapaz de terminarse la bolsa, pues pese al poco picante que tienen, fue demasiado para un paladar que nunca antes lo había probado. Hoy, 47 años más tarde, Shak asegura que un desayuno de domingo no está completo sin unos chilaquiles.
Shahrokh Bahador y sus papás llegaron a México en 1978, sólo unos meses antes de que estallara la revolución islámica en Irán, como él recuerda: “Un tiempo después de que llegamos nosotros, nos alcanzó mi hermano que estaba estudiando la universidad fuera de Irán. Más tarde, pudo venir mi tercer hermano que no había podido dejar el país pues tenía que cumplir su servicio militar”

“En aquel entonces, mi padre aún tenía intención de regresar … pero ya no se pudo. Sin embargo, México nos recibió con los brazos y las mentes abiertas”
La familia Bahador eligió México, entre todos los países del mundo, pues aquí tenían una encomienda espiritual por cumplir. Shak pertenece a la fe bahá’í, una religión de corte abrahámico que entienden a los diferentes dioses y religiones, como piezas de un mismo ente y misterio, que se ha revelado a la humanidad sucesivamente en diferentes escenarios y contextos. Más aún, como consecuencia de esto, perciben a la humanidad como una unidad compleja e inquebrantable ante Dios.
“En un principio, llegamos a México porque mis papás son pioneros, algo parecido a los misioneros cristianos. La diferencia es que como pionero te involucras en más actividades que las de la fe”

“Pienso que fue algo providencial, ahora sí que gracias a Dios… Desde entonces ha habido muchas situaciones en Irán y las libramos. Por mi parte, me tocó conocer ambos mundos… aunque hay diferencias importantes entre Irán y México, también se parecen en muchas cosas, pues amas son culturas muy cálidas y hospitalarias”
Cuando recién llegó a México, Shak imaginaba que iba a ser como el salvaje oeste de las películas que había visto, y que habría muchos nopales. Sin embargo, al aterrizar en la capital, se dio cuenta de que estaba muy equivocado e, incluso, la ciudad se parecía mucho a Teherán.

“Seguro mucha gente piensa lo mismo de Irán, que sólo son un montón de gente con turbantes en el desierto. Algo que no olvido es, en cuanto aterrizamos, ver las casas y los cientos de iglesias y pensar que no era tan distinto a allá”
“Haber llegado de niño hizo que fuera mucho más fácil todo, me ayudó a adaptarme velozmente. En poco tiempo ya comenzaba a hablar español y, en menos, tuve mi tradicional novateada en la que mis amigos me hicieron decir en público alguna grosería que aún no entendía. Yo aprendí español jugando, no en la escuela”
En cambio, para sus padres fue un poco más complicado y, al día de hoy, su madre conserva un fuerte acento y, con la edad, prefiere hablar más persa, pues lo encuentra menos cansado.

Para Shak la religión también fue fundamental para su rápida adaptación; los principios de la fe bahá’í le permitieron ser flexible con las diferentes formas de pensar que encontró en un nuevo país “Si bien soy bahá’í también tengo algo de judío, de musulmán, de cristiano, de budista… Los bahá’ís creemos que estamos hermanados con todos los pueblos, todas las culturas y todas las razas, en un espíritu de máxima armonía y cordialidad”
“Recuerdo que mi preparatoria era católica y nos llevaban a misa con frecuencia. Mis amigos me preguntaban si no tenía problema con eso y yo les explicaba que no. Obviamente, no comulgaba en la eucaristía por respeto, pero tampoco tenía ningún inconveniente con escuchar la palabra, al contrario”

Sin embargo, no todo fue enchilameotragorda pues, justamente la comida fue un reto para un paladar que estaba acostumbrado a ingredientes y recetas muy distintas.
“Al principio, las quesadillas y los tacos me costaron trabajo, porque nunca antes había comido tortilla de maíz. Eventualmente, le agarré el gusto a los tacos y eran mi comida preferida. Tampoco olvido la ocasión que probé la sopa de fideos y, sin temor a equivocarme, puedo decir que esa fue la primera comida mexicana que me encantó: lo recuerdo bien, estábamos en un viaje y paramos a comer en una fonda. Me gustó tanto que hasta le agradecí a la cocinera”

“La gastronomía iraní y mexicana son muy diferentes. Por ejemplo, en Irán no se acostumbra la comida picante y en México no tienen muchas de las especias que se utilizan allá. No obstante, como mis papás no eran tan tradicionalistas, desde el principio mi mamá comenzó a cocinar con ingredientes locales, incluso, haciendo versiones mexicanizadas de comida persa”
Shak reconoce que en México hay muy pocos restaurantes de comida persa pues casi no existe mercado, la comunidad iraní es pequeña y muchos mexicanos aún no han descubierto las exquisiteces que guarda esta cocina milenaria.

“Aunque, a estas alturas, la comida mexicana me encanta. Un domingo sin chilaquiles no es domingo para mí. Mi comida favorita en la vida es el mole con su pollo y su arrocito; pero, también me gusta mucho un buen kebab, aunque confieso que muchas veces lo hago con arrachera”
Con el tiempo y después de unas buenas enchiladas, Shak logró adaptarse a México y hacer una vida aquí; incluso, en su adolescencia descubrió su verdadera pasión, la programación y todo lo relacionado con computadoras.

“Cuando utilicé una computadora por primera vez, quedé fascinado; en aquella época apenas comenzaban las computadoras, como la legendaria Commodore 84. Así que elegí estudiar ingeniería en sistemas en el Instituto Tecnológico de Querétaro”
Agrega que en cuanto salió de la universidad conseguió trabajo y durante varios años estuvo en empresas de telecomunicaciones. “Eventualmente me cansé y, pensando que me podía comer el mundo, decidí poner mi propio negocio; me fue mal, pero aprendí a no rendirme rápido, a perseverar. Después tuve un negocio de café y una tienda de tapetes persas, que disfruté mucho y donde me fue mejor”

Aunque ese negocio fue prospero y duró algunos años, eventualmente Shak decidió retirarse pues no se sentía feliz y extrañaba lo que más le gusta hacer, la programación y la tecnología.
El amor y los retos
En México, Shak encontró el amor con una mujer que lo entendía: como él, su esposa también llegó muy joven del extranjero (Alemania) a vivir al país. Juntos, criaron cuatro hijos.
“Tengo una familia hermosa, mis cuatro hijos. Curiosamente, cuando íbamos por el tercero, nos salió regalo doble con unos cuates. Mi hija mayor ya está casada y tuvo a su primera bebé, tengo una nietecita de 3 años y viene otra en camino ¡Soy un abuelito orgulloso!”

En un principio, criar a sus hijos con influencias tan vastas presentó un reto para esta pareja internacional, como explica Shak: “Cuando nació mi primera hija, tanto mi esposa como yo le hablábamos en persa y en alemán. Con el segundo fue un poco más complicado y, para no hacernos bolas, convenimos que el idioma oficial de la casa iba a ser el español, pero todos mis hijos tienen noción del persa y del alemán”
“Eso sí, cuando estaban chiquitos me gustaba decirles: ustedes son mitad persas, mitad alemanes y mitad mexicanos; ellos se molestaban porque decían que esas cuentas no cuadraban”
Para Shak es bastante sencillo de concebir así, él lo entiende a través de las enseñanzas de Bahá’u’lláh —fundador del bahá’í— quien decía que la tierra es una sola nación y, la humanidad, sus ciudadanos. Aunque existan las diferencias, la humanidad es un solo pueblo, responsable de todo lo que pasa en el mundo.

“Creo fervientemente que Dios quiere que trabajemos juntos para hacer un mundo mejor y ser mejores personas. Ahora más que nunca, podemos darnos cuenta de que la humanidad es una sola y algo que sucede del otro lado del mundo, también nos afecta aquí”
Esta filosofía de unidad es la misma que hace que Shak se entristezca al escuchar hablar de cualquier guerra, incluyendo la que vive Irán en la actualidad; para él, la cuestión no es quién sea el bueno o el malo, sino el sufrimiento de la gente.
“A mí me parece muy difícil etiquetar las acciones y a las personas como buenas y malas, pues todos somos buenos y malos de algún modo. Lo importante es que siempre busquemos hacer más cosas buenas por los demás. Existe una cita bahá’í que dice que el mejoramiento del mundo puede ser logrado a través de hechos puros y hermosos y con intenciones nobles y correctas. Esto quiere decir que no sólo debemos obrar bien, sino que las intenciones detrás deben ser igualmente justas”

“Por eso, las personas deben voltear a ver hacia dentro, trabajar en sí mismos… Bahá’u’lláh tiene una frase —muy similar a la de Cristo— que dice no murmures los pecados de otros cuando tú mismo eres un pecador. Yo debo preocuparme por mí, por ser mejor e inspirar el cambio en otros con mi ejemplo, eso creo yo”
“Sin embargo, me duele ver que el planeta se encuentra viviendo la metáfora de la rana, esa en la que se pone a hervir una rana en fuego lento y no se da cuenta que está por morir. En muchos aspectos, nos estamos encaminando a la autodestrucción”
Lamentablemente, Shak jamás ha podido regresar a Irán y, con la situación actual, es probable que no pueda hacerlo pronto. No obstante, con la tecnología actual le es mucho más sencillo mantener comunicación con la familia que le queda allá.

“Sé que, si hoy regresara a Irán, desconocería muchas cosas, porque me fui muy niño. Si cierro los ojos y pienso en eso, recuerdo mi escuela, las tiendas de juguetes a las que me llevaban, del coche de mi familia, un restaurante que me gustaba…”
“Viviamos en Karaj, una ciudad a una hora de Teherán. Me acuerdo mucho del camino entre las dos ciudades, que en aquel entonces era salir a la carretera, al desierto. Ahora, dicen que ya todo está poblado y casi no quedan terrenos libres. Al vivir en Karaj, me gusta pensar que era una especie de chilango iraní”
Al haber pasado la gran mayoría de su vida en México —y casi la mitad en Querétaro— Shak ha podido experimentar de primera mano el crecimiento del país y de la ciudad.

“He visto Querétaro crecer y puedo decir que es un lugar completamente distinto, que se ha extendido muchísimo a rincones que antes sólo eran campos y cerros. Obviamente, con esto han surgido nuevas dificultades: cada día hay más automóviles, más problemas de movilidad y, el estilo de vida se ha transformado en el de una ciudad, que no siempre es lo mejor”
“Por otro lado, este crecimiento ha atraído a personas de todas partes de México y del mundo. Ante todo, Querétaro es una ciudad bonita, segura y tranquila; por si fuera poco, con un clima envidiable. Incluso, recuerdo que varios amigos alemanes se convencieron a venir a vivir aquí, mayormente por el clima, porque en Querétaro prácticamente todos los días del año sale el sol”
Para Shak, Querétaro es un lugar ideal pero habría dos cosas que él cambiaría si pudiera: que la ciudad tenga más árboles y reservas naturales; y que la comunidad iraní crezca, pues son apenas un puñado.

“La comunidad iraní es pequeña… en Querétaro hemos de ser una decena y yo sólo conozco personalmente a unos pocos. Tienen negocios de tapetes, de comida, de artesanías. También, algunos como yo que nos dedicamos a la industria, a los bienes raíces o la construcción”
“En CDMX y en otras ciudades también hay iraníes, conozco a algunos por allá. Pero hay lugares muy representativos de la diáspora, como Los Ángeles que —de broma— algunos llaman Teherangeles por la cantidad de persas viviendo allí”

Shak Bahador cree fervientemente que el amor, la cordialidad, la amistad es lo que el mundo necesita, especialmente ante los grandes cambios que se han vivido en las últimas décadas y los conflictos que tanto sufrimiento han infligido en las personas.
Entre el crecimiento acelerado de la ciudad, sus contrastes y sus nuevas dinámicas, Shak ha sido testigo y parte de la transformación de Querétaro. Para él, pertenecer no tiene que ver con el origen, sino con la manera en que uno decide vivir y relacionarse con los demás; en ese sentido, hace mucho que se convirtió en un queretano, de los que buscan todos los días hacer el bien.

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