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Centro de Empoderamiento: “Una vez que te avientas, nada te detiene”

REPORTAJE: PATRICIA LÓPEZ NÚÑEZ/LALUPA.MX

FOTOS: RICARDO ARELLANO/LALUPA.MX

En el Centro de Empoderamiento de las Mujeres (CEM) del Municipio de Querétaro el miedo, la depresión y la predisposición a enfermedades se enfrentan con capacitación y herramientas de liderazgo, marketing digital y acompañamiento para el registro de cada una de sus marcas. Todo ese trabajo, personal e institucional, se traduce en autonomía económica, la superación de roles de género, contención emocional y una sensación de satisfacción personal compartida.

A nombre de mil 556 mujeres inscritas en tres generaciones diferentes en lo que va de este año, Nancy, Fabiola, Irma, Raquel y Rosa narraron cómo la panadería, la nutrición contra las enfermedades crónicas, el dominio de la herrería, los masajes a domicilio  y el diseño de bisutería les dieron libertad , seguridad en sí mismas y la posibilidad de hacer crecer sus negocios o pensar en exportar y vender a través de cadenas digitales. 

En lo que va de 2026 el CEM abrió tres generaciones de capacitación gratuita, la primera ofreció 31 talleres a los que se inscribieron 582 mujeres y 383 se certificaron de manera oficial; en la segunda generación, con 19 talleres, participaron 531 mujeres y 312 de ellas se certificaron. Esto arroja una tasa de eficiencia terminal de más del 61 por ciento en las primeras dos generaciones. 

La tercera generación, que está en curso, ofrece 25 talleres, todos gratuitos y lleva 443 mujeres inscritas hasta el momento, pero la meta es alcanzar las 750 inscripciones. En el CEM, afirman las cinco entrevistadas, encuentran un grupo de mujeres aliadas que les enseñan, desde el principio a tratarse mejor, a evolucionar y a crear redes para ayudarse unas a otras. 

La coordinadora de impulso al emprendimiento y el co-working del CEM, Lorena Iris Guerrero Ramírez, puntualizó que en este espacio se impulsa el liderazgo femenino para ayudarlas a reforzar sus familias y sus redes para poder emprender. Cuando tienen lista su idea de negocio, “les damos registro de marca, le damos redes, un poco de marketing y las vinculamos al sector empresarial productivo para que sus productos estén en otro nivel vendiéndose”.

Nancy, ofrecer bienestar la convirtió en su propia jefa

Después de 20 años de trabajar en las ventas corporativas, Nancy Hernández Velázquez quería convertirse en su propia jefa. Tenía distintas ideas de negocios, pero postergaba la decisión porque no sabía cómo empezar. “Escuché en el radio que existía el Centro de Empoderamiento, ya no estaba trabajando y me acerqué a ver qué encontraba para emprender”.

Nancy se encontró con una capacitación integral no solamente sobre un oficio, sino para crecer de manera personal y la ayudaron a desarrollar su propia marca, además de acompañarla en el registro. Ahora es dueña de Anahata Natural, donde ofrece productos totalmente naturales y artesanales, masajes y bienestar a domicilio o en fiestas.

Se decidió por esta opción de negocios porque le gusta ayudar a la gente, así que entendió que este era su camino, pero no le bastaba con ofrecer esencias, jabones, cremas y otros productos. Como estudió en la segunda generación del CEM, optó por aprender a brindar masajes.

“Lo hago a domicilio porque todavía no tengo una cabina y he tenido muy buena aceptación y es porque la capacitación que tuvimos aquí fue integral. He dado servicio en reuniones de amigas, donde ofrezco el masaje de pies, manos, ellas no se tienen que desplazar, siguen platicando mientras les doy un rico masaje, de cabeza, de hombros. Ahora empiezo a ofrecer este servicio en las fiestas, en las bodas, un masaje de pies ya cuando estén cansadas”, explicó. 

Como también les enseñan a hacer marketing digital y usar las redes sociales, Nancy abrió la cuenta en su empresa en instagram como @anahatanatural con el teléfono 4426683623. En el CEM le enseñaron cómo usar WhatsApp Business y de qué manera deben tomar fotos a sus productos y servicios.

“Voy muy rápido con el apoyo que he tenido aquí, porque esto no se detiene, se avanza todo el tiempo y me siento muy contenta, algunas mujeres tienen una edad más avanzada y a lo mejor les cuesta más encontrar un empleo, pero aquí encuentran opciones para eso. Yo no quise esperar, quiero avanzar y ver que en el futuro mis productos se logren exportar”, señaló.

Afirmó que el CEM es un espacio para las mujeres que quieran salir adelante, para las que se sienten “un poco perdidas” porque creen que ya no tienen edad para iniciar algo nuevo o conseguir un empleo, pero “aquí hay apertura y acompañamiento y les va a ir muy bien, te ayudan a quererte, a tratarte mejor”. 

Raquel y el cariño de cuidarse

Raquel Santana tiene 53 años y una predisposición genética hacia la diabetes y la hipertensión, igual que muchas otras personas en el país. Su ingreso al CEM le permitió crear Enjoy, una empresa que ofrece pastas y ensaladas caseras que prepara “con amor, con productos de alta calidad, nutritivas y saludables”.

Basta una llamada al 44 62 39 24 81 para que Raquel prepare alguna de sus ensaladas balanceadas,  en las que garantiza el manejo higiénico de los alimentos y la prevención de la contaminación cruzada. Entre sus productos estrella se encuentra la ensalada Thai que lleva col morada, zanahoria, pimiento morrón, mix de lechugas, cacahuate, ajonjolí negro o blanco, aceite de oliva, sal, piminento y un aderezo de salsa de soya, mil, aceite de oliva y pimienta entre otros ingredientes. 

“Hoy nos encontramos en una situación muy lamentable. Tenemos diabetes, sobrepeso, el tiempo siempre encima y yo ofrezco algo saludable, rico y nutritivo para todas las edades”, abundó, al insistir que cada ensalada tiene su proteína, como queso panela bajo en grasa y tiene opciones para las personas veganas porque sus productos son los que “yo misma le podría dar sin remordimiento a mi hijo, a mi hija, a mi esposo”.

 Con su negocio, Raquel decidió ayudar a su entorno ante las enfermedades silenciosas como la diabetes o la hipertensión y para curar esas enfermedades, hay que empezar a ayudar al cuerpo con ejercicio y con una alimentación saludable, “no se trata de comernos lo que tengo a la mano”. 

“Yo no me hago más joven, pero sí puedo ser más saludable y día a día me puedo cuidar más y puedo cuidar a mi entorno, a los que están conmigo. Llegué a este punto porque toda mi generación, desde mis abuelos, bisabuelos, padres tíos, tenían diabetes o eran hipertensos, tengo una carga generacional y quiero contribuir a la nutrición, que la gente no termine en diálisis, hemodiálisis y con la diabetes ya no hay vuelta atrás”, explicó. 

Otros productos similares se salen del presupuesto de mucha gente, pero Raquel mantiene precios accesibles porque promueve la diversidad en la alimentación y ayuda a la gente que tiene jornadas de trabajo extenuantes. Su curso fue diseñado y avalado por el Instituto de Capacitación para el Trabajo del Estado de Querétaro (ICATEQ), con el que trabaja el CEM, lo que garantiza su calidad. 

“He aprendido mucho y siento que estoy creciendo más, quiero desarrollarme más y darle un plus a la gente que necesita ayuda, quiero contribuir a la tierra, a mí misma y a mi entorno donde no tenemos tiempo de nada. Yo ofrezco un beneficio externo e interno, ayudo a que te sientas bien, a que no te sientas pesada y más mujeres deben conocer el CEM, porque ayudan a crecer igual”, abundó. 

Irma y su decisión de perder el miedo para brillar con la bisutería

Cuando Irma González acudió al CEM pretendía tomar cursos para colocar uñas, porque pensó que era un buen negocio, pero no alcanzó lugar y le ofrecieron enseñarle a hacer pastas, pero terminó en bisutería artesanal, ya que gracias a su creatividad se le facilita ofrecer piezas únicas porque “qué incómodo que te encuentres con alguien que traiga el mismo diseño”.

A través de su empresa Incanto Atelier, que se encuentra en instagram como incantoatelier2, ofrece pulseras personalizadas, desde pulseras hasta aretes o collares. Durante la pandemia tomó un curso para elaborar bisutería para hacer sus propios accesorios porque le gusta mucho usar pulseras coloridas.  Cuando empezó a tomar clases en el CEM pensó que sería una opción muy personal, no un negocio.

“Pensé pues voy a hacer unas piezas para mí, lo peor que puede pasar, que me quede con muchas pulseras y collares. Como tenía otro emprendimiento de venta de cosméticos por catálogo, publiqué una pulsera que hice y me preguntaron ¿esa la estás vendiendo? Pues dije, sí la estoy vendiendo. Después vi una foto suya usando esa pulsera y fue muy emotivo, muy emocionante, me dio esa chispa y todo lo que empecé a hacer, lo empecé a publicar”, recordó. 

En el CEM la ayudaron a acceder a los bazares donde eleva sus posibilidades de ventas y ahora le brindaron apoyo para el registro de su marca. “Me hace muy feliz cuando vendo una pieza, me gusta ver gente que trae productos que yo les vendí, estoy en un momento en el que quiero brillar, le digo a mi esposo: voy a brillar, por eso trato de hacer muchas piezas, para que la gente no traiga la misma”.  

Irma es muy perfeccionista con cada diseño, porque quiere que se vean bien y que duren mucho, porque “se les tienen que ver perfectos, bonitos”. Ahora su meta es aliarse con alguna tienda en línea para ofrecer sus productos y con algunas cadenas locales, porque su sueño es entrar a una tienda y ver sus diseños “y decir, esa es mi joyería, yo la hice”. 

“Por eso le recomiendo a las mujeres que conozco que no tengan miedo, nos detiene el miedo, mí me ha paralizado mil veces y nos vamos a equivocar, pero hay que intentarlo. Siempre sale y me siento muy agradecida con el CEM que nos enseña que una vez que te avientas, ya no te detienes”, aseguró. 

Desde la herrería, Fabiola rompe prejuicios y esquemas

Fabiola Elizabeth Olivo Pérez, un “ama de casa inquieta”, quería ciertas piezas decorativas que los herreros se negaban a hacer. “Me decían, no señora, yo le hago una puerta , un barandal, una ventana, cosas chiquitas no y yo quería cosas a mi gusto”.

Por eso acudió al CEM y solicitó su inscripción a las clases de herrería. En cinco meses aprendió a usar la esmeriladora, el taladro y la soldadora, “los hombres nos hacen parecer que esas herramientas son extremadamente peligrosas, complicadísimas”. Aunque empezó con cosas pequeñas como una mesita, una silla, un juguetero, su esposo a retó a hacer la barra del desayunador de la casa.

“Terminé construyendo la barra y los bancos. En el taller mis compañeros hombres no creían que yo lo hubiera hecho por ser un proyecto grande. Me interesé por la herrería porque, como mamá, me gusta optimizar los espacios. En mi casa tengo mis tendederos todos atravesados, ahora quiero un tendedero colapsable y siento que eso es un buen negocio porque todas queremos aprovechar espacios”, dijo. 

Anteriormente aprendió pastelería, repostería, bolsas de mercado pero con un enfoque más moderno, pero la herrería la llenó de seguridad. “Es un área de hombres y mis mismos compañeros me dicen: no señora, no le creo que usted lo haya hecho, es un proyecto grande o me dicen; yo la hacía haciendo maceteros y los hombres son jueces duros, porque si saco mal una medida me dicen, desbarátelo y vuélvalo a hacer, pero tenemos un buen maestro y le da gusto que las mujeres nos atrevamos a entrar a ese taller”.

A partir de su experiencia, está convencida de que lo mejor que pueden hacer las mujeres es inscribirse al CEM, así que “he mandado compañeritas a que vengan al centro de empoderamiento porque sí nos ayuda, aparte que las clases son gratis y nada más ponemos la materia prima nos ayuda a crecer”. 

El negocio Panecito Corazón de Rosa, para sanar el alma. 

Hace casi 15 años Rosa Ramírez León sufrió la muerte de su hijo y desde ese momento sintió la necesidad de mantener su mente ocupada en otras cosas, como una manera de luchar contra la depresión y estar presente en la vida de sus otros dos hijos. 

Tuvo diferentes trabajos, uno de ellos fue como chofer de panadería. Entregaba el pan elaborado en comedores industriales. “El olor, la forma, eran muy buenos, hay maestros panaderos que le ponen el corazón a lo que producen y me empezó a llamar la atención”.

Cuando supo del CEM decidió inscribirse al curso de panadería que se ofrece a través del ICATEQ y cuando logró su certificación nació “Panecito Corazón”, que se encuentra en Instagram como @rosipanecitocorazon y atiende pedidos en el teléfono 442 147 2808. Aunque no tiene una panadería fija, trabaja en un espacio higiénico dentro de su casa. 

“Me acuerdo qué me motivó y me mueve los sentimientos. Después del fallecimiento de mi hijo, de 15 añitos, yo tenía que estar ocupadísima. Tengo dos hijos más y sentía que algo me faltaba por hacer, que mi vida pasaba en blanco. Cuando tomé el curso por las tardes, me traía a mi hijo de 7 años, él hacía su tarea mientras o aprendía a hacer mi pan. No es un pan cualquiera, es un pan con corazón y con actitud”, sostiene. 

El CEM ayudó a Rosa a tener un negocio, que la ayuda económica, moral y mentalmente, porque “no sólo vienes a aprender, recibes calor de hogar, un abrazo de bienvenida. Llego y me dicen: ¡Ya llegó Panecito Corazón! y eso es una motivación hermosa”. 

Aunque sabe que no superará su pérdida, se dice orgullosa de sí misma, porque “no me rendí, porque voy para adelante y mis hijos están orgullosos porque su mamá sigue en pie. Quiero que la gente que pruebe mi pan diga que tiene un sabor especial, porque sí lo tiene, es un pan con corazón, es un pan con actitud, por eso yo quiero invitar a más mujeres, que como yo tal vez traigan algo atoradito, que también hayan perdido a alguien o algo o que necesiten llenar un vacío, aquí te reciben y mejora tu actitud”. 

Las entrevistadas posan con Bety León, secretaria de la Mujer en el municipio de Querétaro

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Last modified: 31 mayo, 2026
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