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“Coyote” queretano en Santuario de Bolivia: historia del fotógrafo que “narra” la vida silvestre

HISTORIA: ARANTZA HAZEL / CUPI UAQ

FOTOS: FACEBOOK “COYOTE MX”

“En la selva todo está muy vivo y todo está muriendo al mismo tiempo”, reflexiona el fotógrafo y documentalista Raúl Torres, conocido como Coyote, quien ha habitado el Amazonas boliviano a través de “Comunidad Inti Wara Yassi (CIWY)”, cuyo propósito es rehabilitar a especies silvestres para que regresen a su vida en libertad o, cuando las heridas son irreversibles, brindarles un refugio permanente dentro del santuario Ambue Ari.

Diseñador gráfico de formación, fotógrafo por convicción y narrador de historias por oficio, ha dedicado más de una década a documentar comunidades, tradiciones y ecosistemas de América Latina.

Después de partir de Querétaro, “Coyote” comenzó un viaje en bicicleta hacia “el fin del mundo”; sin embargo, se detuvo siete años en la zona sur de México. Entre Oaxaca, Chiapas, Yucatán y Quintana Roo retrató paisajes, tradiciones y aprendió sobre la preservación de las culturas originarias.

Apasionado por el storytelling, en el camino se encontró con historias relacionadas con seres mágicos y con la naturaleza. En 2024 decidió retomar su sueño de llegar a la Patagonia, impulsado por una convicción que suele compartir con quienes desean dar un salto importante en sus vidas: “Siempre puedes volver a donde ya estabas. Entonces, no te preocupes; si algo sale mal, me regreso”.

Sin embargo, no volvió y, aunque en ocasiones pasó frío e incertidumbre, su “optimismo patológico”, como solían diagnosticarlo sus amistades más cercanas, lo llevó a encontrar otros proyectos en los que sigue trabajando actualmente.

Tras cruzar las fronteras de al menos siete países latinoamericanos, “Coyote” hizo una breve pausa en Bolivia, seis meses después de haber retomado su recorrido hacia el sur. Como artista, solicitó alojamiento en Ambue Ari a cambio de aportar las habilidades que más había desarrollado durante el viaje.

El santuario, perteneciente a CIWI y ubicado a 4 mil 650 kilómetros de Querétaro, aceptó recibirlo durante tres meses a cambio de que produjera un documental sobre la historia del lugar.

Confiesa que hasta entonces no había estado tan inmerso en la selva y que, al mismo tiempo, comenzó a comprender las complejidades del país que lo recibió:

“Bolivia, ahora que lo veo, que lo conozco mejor, es un país olvidado por América. Ha pasado por una historia muy complicada; está pasando por problemas políticos y sociales. En relación con su identidad, el 64% de su población es indígena”, precisa.

Ayudar a “preservar a las especies y usar mi poder para contar sus historias”

Raúl explica lo incómoda que puede ser la naturaleza en un primer momento para cualquier ser humano: “la selva es un poco salvaje, todo el tiempo te estás lastimando, te distraes un poquito y algo te picó, ya sea una planta, un bicho, una rama te pegó. Pero después de que cruzas un umbral de incomodidad, estás ahí y eres una extensión de eso”.

A partir de esta experiencia en el Amazonas boliviano, se despertaron otro tipo de inclinaciones para Torres como fotógrafo y como artista, algo distinto en comparación con lo que empezó su carrera profesional:

“Creo que me abrió un poco los ojos a que la mayor urgencia es preservar la vida, y la vida es cada pequeño ser que habita en la naturaleza […] quiero dedicarme a preservar a las especies y usar mi poder para contar sus historias”, compartió.

Colaboró con National Geographic en tres ocasiones. Una de ellas estuvo dedicada a los caballitos de totora en Perú; la más reciente abordó los incendios forestales que incluso amenazaban el territorio de Ambue Ari.

En el documental, “Coyote” explica las principales causas por las cuales animales terminan en santuarios, centros de custodia o zoológicos: la caza furtiva, el mascotismo, el tráfico ilegal de especies y los incendios forestales.

También aborda los conflictos que surgen cuando la expansión de la ganadería invade ecosistemas naturales y depredadores como el jaguar atacan al ganado, lo que a menudo deriva en represalias contra la fauna silvestre. Esta práctica no sólo está presente en Bolivia, sino en todo el Amazonas.

Búsqueda de animales tras incendios, labor importante

A su consideración, ninguna amenaza resulta tan devastadora como el fuego. “Un humano puede hacer daño hasta donde su energía le dé individualmente, pero el fuego lo prendes y ese se corre, se va, actúa por sí mismo; es como un arma que va arrasando con todo”, considera. Para Torres, los incendios provocados para desmontar terrenos o expandir actividades productivas representan una de las formas más agresivas de destrucción ambiental, debido a la velocidad con la que pueden consumir ecosistemas completos.

“Es muy común el fuego porque la gente lo usa para limpiar sus terrenos, para prepararlos para las siembras. Muchas, muchas veces se extiende al santuario, entonces parte de las labores en la temporada de fuego, que es la temporada seca, de sequía, cuando no hay lluvia, es combatir incendios”, detalla.

Para Torres, combatir incendios no es la parte más impactante del trabajo. Justifica que existen protocolos y equipo especializado para actuar de forma segura ante el fuego. Lo más duro llega después, durante el llamado rastrillaje: la búsqueda de animales sobrevivientes entre las cenizas.

“El rastrillaje es después de que ya se apaga un fuego: ir a las cenizas a ver si encuentras algo a lo que puedas ayudar. Y le encuentras. En radios de 10 metros por 10 metros, a pequeñas distancias, encuentras animales muertos, carbonizados. Esa es la cosa más fuerte: pasar dos meses compartiendo la selva con todas esas criaturas y verlas en ese estado, sin vida, carbonizadas”.

Algunos de estos animales es posible vitaminarlos, rehidratarlos, rehabilitarlos y devolverlos a su vida en libertad, no obstante están los que quedan “como discapacitados”, especifica Coyote. “Liberarlos sería como matarlos, porque ya no van a tener sus instintos o sus capacidades físicas lo suficientemente buenas para sobrevivir, entonces ellos se quedan en cuidado permanente en el santuario”.

Los voluntarios se encargan de que la vida de los animales en cautiverio sea lo más digna y menos dependiente de los humanos posible. Algunos tienen la oportunidad de vivir con otros de su misma especie, que también han sido desplazados.

El santuario no es una isla, se ubica en medio de granjas y es el único pedazo de selva en medio de miles de kilómetros, lo cual provoca una sobrepoblación para los jaguares, monos y otras especies rescatadas. 

Durante la producción del documental, centrado en las labores cotidianas de Ambue Ari y de las personas voluntarias que sostienen el santuario, ya estaba presente Yaguara, una joven hembra de jaguar cuya historia también esperaba ser contada.

Yaguara estaba en un punto en el que ya no era tan cachorra para morir, pero tampoco era un jaguar adulto, por lo que CIWI dijo: “Sí, vamos a intentar hacer una liberación de jaguar”, comentó Coyote.

Pero había un inconveniente detrás del deseo de concretar la liberación: “Bolivia no contaba con la infraestructura para el proceso […] y tampoco con el protocolo. Prácticamente, un protocolo es una serie de pasos a seguir para que la jaguar crezca de manera saludable, aprenda lo que le habría enseñado su mamá en la selva si hubiera estado con ella y que, al mismo tiempo, no se impronte. La impronta es hacerse dependiente de los seres humanos, que es lo que les pasa a muchos animales”, refirió.

Pero el objetivo no cesó. CIWI extendió el contrato del biólogo; un equipo de construcción se sumó para levantar un recinto de 10 mil metros cuadrados en beneficio de Yaguara y el propio Raúl puso en marcha El camino del Jaguar.

Antes de retomar su aspiración de llegar a la Patagonia, decidió emprender el viaje en honor al primer protocolo de liberación de un jaguar de Bolivia y, gracias a la recaudación de fondos, en colaboración con su pareja Crystal, juntaron 10 mil dólares para esta causa.

“Eso es el camino al jaguar, una recaudación de fondos y se está convirtiendo también en un documental que es un film que estamos haciendo en colaboración con CIWI y lo estoy dirigiendo yo. Mi compañera de aventuras lo está produciendo”, agregó.

En junio de 2026, Yaguara regresó a la selva gracias a la colaboración entre especialistas y distintas instituciones. Sucedió en el Parque Nacional Noel Kempff Mercado —área protegida ubicada en las tierras bajas del oriente boliviano—, después de dos años de protocolos de cuidado y preparación para su eventual liberación.

La logística incluyó transporte terrestre, aéreo y fluvial. Se convirtió así en la primera ejemplar de jaguar rehabilitada que ha sido liberada en Bolivia, lo que marca un precedente para la preservación de su fauna, aunque, idealmente, las especies no deberían ser desplazadas de su hábitat.

Tanto el personal como los voluntarios de CIWY participaron en la estrategia. A ellos se sumaron el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap), así como las fundaciones para la Conservación del Bosque Chiquitano (FCBC) y Amigos de la Naturaleza (FAN). También contaron, desde el inicio del proceso de rehabilitación de Yaguara, con el acompañamiento de la Fundación Brigitte Bardot y BISA Seguros.

En 2025 cumplió su ambición de conocer el fin del mundo. Coyote significó su viaje diciendo que “para mí Patagonia es el no saber qué va a pasar pero saber que lo que pase va a ser un regalo”. Viajar durante años en bicicleta le enseñó que nada permanece igual. “Todo se está transformando todo el tiempo. Como nunca vuelves por donde pasaste y nunca has pasado por donde vas, no sabes qué viene después de la siguiente curva”, manifestó.

La Patagonia fue durante años un símbolo de lo lejano para Torres. “Originalmente, cuando escuché Patagonia, pensé: ‘ese lugar está bien lejos’, recuerda. Mientras contemplaba posibles rutas, el norte del continente —Estados Unidos y Canadá—  no despertó su interés de la misma manera que el sur: un territorio que asociaba con la rebeldía, las luchas sociales y las izquierdas que históricamente han marcado a América Latina.

Llegar a Bolivia le enseñó que su sueño a largo plazo es construir una forma de vida más sostenible. Como ejemplo, menciona algunas de las prácticas que ha conocido en Ambue Ari, donde se cultivan alimentos como papaya, cacao, y limón; mismos que contribuyen al autoconsumo y al funcionamiento del proyecto.

Sin embargo, aclara que estas actividades no cubren por completo las necesidades de la organización, por lo que siguen dependiendo de apoyos externos para mantener su labor. “Hacerme responsable de mi existencia, vivir de mi pedazo de tierra, obviamente muy diferente de como es la explotación tradicional”, enfatizó.

Después de lidiar con incendios forestales, convivir con animales rescatados y comunidades que buscan coexistir con su entorno, Coyote subrayó que “los seres humanos se han alejado demasiado de la naturaleza. Gran parte de la sociedad vive esperando el momento de escapar a ella, cuando en realidad debería aceptar que es ahí donde pertenece”.

Sus proyectos replantean la vida más allá de las ciudades, las fronteras y el extractivismo, temas necesarios para la región latinoamericana y la voracidad del mundo.

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Last modified: 8 junio, 2026
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