REPORTAJE Y EDICIÓN FOTOGRÁFICA: AMÍLCAR SALAZAR ANAYA/LA LUPA.MX
El olor a palomitas y el murmullo de muchos niños y padres de familia queretanos flota bajo una lona de color azul con un diámetro de casi 50 metros, tendida desde un mástil con unos 20 de altura.

Es la instalación de El Circo de la Última Estrella, que hasta el 31 de agosto se presenta en la ciudad de Querétaro, aunque tentativamente podría incluir en fechas próximas a los municipios de Corregidora y San Juan del Río, dado que su actual gira nacional es de tipo itinerante. “Iremos hacia donde nos guíe la estrella hasta el final de 2026”, dicen sus administradores.
La algarabía invade por igual al templete, donde malabaristas, payasos y bailarinas ejecutan una apertura dancística para la función circense; ello bajo fuertes luces coloridas y el carnavalesco ritmo de la Brass Band & Ensamble, grupo musical integrado por seis jóvenes provistos de trompeta, trombón de vara, saxofón alto, batería, bajo y guitarra eléctrica, mismos que cumplen con una de las promesas publicitarias de la empresa: “el único circo con orquesta en vivo”.

Afuera de la carpa, instalada sobre el número 401 de Avenida de la Luz, zona Satélite-Santa Ana, el cielo vespertino parece anunciar una tormenta que al final de cuentas termina en llovizna; sin embargo, algunos asistentes se arremolinan ante la taquilla, buscando ingresar apresuradamente al centro del espectáculos cuyo costo por acceso ronda entre 150 y 900 pesos, según el tipo de localidad.

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE AURELIO
“En un rincón olvidado del universo, un circo flota entre galaxias apagadas esperando ser recordado. Cuando todo parece perdido, dos payasos astronautas llegan por error… o por destino. Así comienza esta aventura mágica donde solo la imaginación podrá encender nuevamente la luz. Circo, teatro, música en vivo y una historia profundamente conmovedora. Un espectáculo familiar que enciende los corazones.”

Así se ha promovido sobre calles queretanas y de otras ciudades del país (Aguascalientes, Atizapán de Zaragoza, Metepec y Puebla) El Circo de la Última Estrella, dirigido artísticamente por un hombre-orquesta que gusta de llamarse “un simple soñador”.

Pero se trata de Aurelio Atayde Villegas, heredero en línea directa de su tatarabuelo, Aurelio Atayde Guízar, quien en 1888 —hace 138 años— fundó en la Ciudad de México el famoso circo en el que luego actuarían su bisabuelo, Aurelio Atayde Arteche; su abuelo, Aurelio Atayde García; así como su finado padre, Aurelio Atayde Caudillo; cada uno al lado de sus respectivos hermanos, padres, cónyuges, hijos, tíos, primos y otros parientes.

Hoy en día, los Atayde conforman “un clan muy disperso”, tan vasto y fragmentado que ni sus propios miembros consiguen trazar su árbol genealógico completo, comenta Atayde Villegas en charla con LaLupa.mx
—Es importante aclarar que nosotros, nuestra generación, ya no somos un Circo Atayde en términos de marca registrada. Hace muchos años que perdimos los derechos legales sobre esta, así que debo dejar en claro que ahora somos El Circo de la Última Estrella, un proyecto que intenta ser algo nuevo, diferente…

—Pero sigues siendo heredero sanguíneo del creador de aquél espacio histórico…
—Sí, pero me gustaría decir que actualmente sólo somos unos simples soñadores que estamos intentando renovar el circo en México. Digamos que aspiramos a ello; es decir, no creemos serlo, aunque esa sea nuestra meta. Algún día nos encantaría poder marcar a nuestra generación con un distintivo nuevo y propio, y con ello hacer honor a la historia de la familia.

LOS NUEVOS ATAYDE, EN POS DE OTRO ESTRELLATO
En el recientemente fundado (2025) Circo de la Última Estrella, Atayde Villegas trabaja al lado de su hermana Rut, quien lleva la administración; de su hermano Aníbal, quien se encarga de la producción, así como de su madre, Paty Atayde, encargada del área de atención al cliente y quien dice a este medio periodístico haberse iniciado en el oficio circense desde que era adolescente, al lado de Atayde Caudillo, su finado esposo.

“El sueño de tener un circo propio se remonta a más de medio siglo: mi marido y yo luchamos toda la vida para lograrlo, aunque siempre tuvimos dificultades para conseguir financiamiento. Es así que hasta ahora puedo ver realizado aquél sueño, felizmente ahora está aquí por parte de mis hijos”, refiere doña Paty.

No menos entusiasmada que su madre, la joven administradora de las finanzas de la empresa, Rut Atayde, expresa a LaLupa.mx:
“Yo también lo veo así… Para mí, el Circo de la Ultima Estrella es como un sueño: cada vez que veo a mi hermano Aurelio a cargo de la función y veo a todo el equipo actuando se me pone la piel chinita. Al final de cada función termino casi llorando, y en mi caso, participar de esto es una carta de amor para toda mi familia y también para quienes nos hacen el honor de visitarnos.”

AMOR EN EL AIRE Y EL VÉRTIGO DEL CIRCO
“Dúo Aéreo” es el nombre del acto que ahora mismo montan—muy cerca del techo de la carpa— los acróbatas Adelba Vázquez y Ricardo Astorga. La pareja dibuja en las alturas una coreografía que la firma describe como “de impecable fuerza y lirismo”. Cada agarre y suspensión del dúo de amorosos también parece suspender el aliento de los espectadores, los que no pierden detalle. “Pretendemos ofrecer al público una metáfora perfecta de entrega y confianza entre los dos”, añade un promocional.

La adrenalina da paso a la precisión matemática con Perseverancia & Malabares, otro vistoso acto ejecutado por los artistas Gabriel Delgado y Norberto Delgado, integrantes de la Compañía de Danza de Aguascalientes. Sus pasos y movimientos corporales parecen combinar la plasticidad de la danza clásica con el malabarismo circense, ejecutando desplazamientos que acaso sólo con perseverancia podrían ser logrados.
Cuatro de los 18 actos que compone esta función del Circo de la Última Estrella corren a cargo de sendas cuadrillas de integrantes de la numerosa Troupe Los Williams, una sonriente familia artística que, casi a la manera de los Atayde, ya abarca tres generaciones. “Desde el bisabuelo hasta los nietos… todos parecen traen el circo adentro”, exclama una dama del público que muestra asombro ante las piruetas que el grupo familiar ejecuta sobre el entablado.

“Fortaleza e Impulso. Básculas. Teeterboard” es otro acto que abre con un obvio derroche de fuerza física y sincronización. Los acróbatas se lanzan al aire impulsados por un tablón de madera y desafían las alturas presumiendo, entre sonrisas, muchos de los llamados “giros mortales”, propinándose caídas que sin duda han calculado con precisión milimétrica.

“Gozo. Russian Sing” es otro acto que transforma la pista en una fiesta donde la expresión vocal y musical se fusiona con las maniobras circenses. “Un despliegue de júbilo contagioso que desborda energía y vitalidad hacia las gradas”, se anota en un cartel de Los Williams.

“Alegría. Monociclos” muestra la facilidad con la que el dinamismo y equilibrio perfecto del grupo de acróbatas se muda a las ruedas. La troupe se desplaza por el escenario entre coreografías edificadas a gran altura, dando un espectáculo que arranca sonrisas y aplausos casi unánimes.

“Unión y Familia. Patetas”. La acrobacia de piso, la confianza mutua y la fuerza física se hacen evidentes en cada salto y soporte sobre lo que termina convirtiéndose en una pirámide humana, con el añadido de que ninguno de sus integrantes se queda sin ejecutar al menos seis grandes brincos, mismos que, sin duda, enviarían al hospital a quien se atreviera a improvisarlos.
El quiebre hacia las populares “payasadas” no deja de formar parte de esta función con una triada de actos teatrales ejecutados por el cuarteto de payasos profesionales Bellini, Pistacchio, Ringmaster y Picolino, los que dicen caracterizarse, según el sitio web de esta producción, “estar alejados del humor simplista y presentan una comedia física brillante e interactiva”.

El Circo de la Última Estrella no se despide de su público sin antes rendir un sentimental y a la vez estremecedor homenaje al llamado Reino Animal, ello a través de la presentación de una gran botarga de elefante, animal emblemático circense que como es sabido formó parte de la tradición de las carpas antes de que paulatinamente, hace ya dos décadas, comenzara a ser proscrito en México y en casi todo el mundo.

De acuerdo con Aurelio Atayde Villegas, homenajear a los legendarios animales circenses a través de diversas muestras escénicas es una de las formas con las que el nuevo circo —“el que nuestros sueños busca construir”— podrá seguir presentando en el futuro un nuevo rostro.



