Autoría de 11:10 pm #Destacada, #Opinión, Víctor Roura - Oficio bonito

En esta vida la maldad se paga sólo en las telenovelas – Víctor Roura

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En los numerosos canales de Youtube, acaso prosiguiendo la “altruista” labor de Televisa, existen varias series, con diferente denominación, cuyo objetivo, tal vez con las mismas cuotas emocionales que La rosa de Guadalupe, es la exhibición de que en esta vida la honestidad es la única valía humana ya que, programas tales como Las historias de PanchitaCuando los ángeles caenCachito de CieloAcción Positiva o Historias de un Milagro, la gente buena, que sí la hay en medio de tanta maldad, siempre termina ganando, lo cual es otra de las mentiras digitales con millones de seguidores que se creen eso del karma, es decir que todas las personas reciben, de algún modo, su castigo por las desconsideradas acciones elaboradas a lo largo de su vida, olvidándose, los pergeñadores de estas truculentas comedias, qie, en la vida real, no ocurre así, y los ejemplos sobren para consignar estas “buenas intenciones” televisivas, por cierto mal escritas, pésimamente editadas, medianamente actuadas donde cada personaje debe llorar hasta el cansancio y todas las mujeres, como acostumbró Televisa, deben tener un cuerpo sinuoso y mostrar sus piernas, porque es reglamentario usar minifaldas y poseer caderas colosales (en estas series hasta las pordioseras deben ser guapas y usar vestidos ajustadísimos, ¡vamos, hasta las enanas, que ocasionalmente aparecen, deben mostrarse sensuales y exhibir prácticamente sus calzones, porque, como en Televisa, las mujeres deben ser deliciosamente atractivas, no se diga de las embarazadas que, pese a sus estados de indefensión corporal, esan vestidos estrechísimos para lucir sus piernas y sus caderas prodigiosas!).

      En estas exitosas series los pobres son felices hasta que se convierten en megamillonarios, ¡ganándose la lotería con millones de dólares o siendo hijos o hijas de empresarios multimillonarios arrepentidos de lo que tiempo atrás hicieron otorgando herencias lucrativas a herederos inesperados!, guiones elaborados en pocos minutos, de ahí las evidentes fallas jamás resueltas por los directores; por ejemplo, una restaurantera, cuyo esposo kle roba todo el dinero sin que ella pueda percatarse de su amado siniestro, dioce a un mendigo (“no sé cómo puede darle trabajo a un méndigo como yo”, dice el invitado a la mesa, y nadie lo corrige en su imprecisa pronuncianció, pues néndigo y mendigo son dos palabras completamente opuestas en su significado) que mañana cerrará el local por las pérdidas cotidianas, pero entrega un exquisito plato a este pepenador (chatarrero)…al que contrata porque es un magnífico chef, ¡a pesar de que minutos antes le había dicho de que cerraría su local!

      Finalmente, ningún probable espectador definirá o influirá en estas debilitadas series.

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Los guionistas de estas comedias son tan predecibles que las mujeres, todas ellas, se enamoran del priner hombre con el que se topam a su paso, ya sea éste un empresario, un mesero, un plomero, un mensajero o un pepenador, que acaban siendo, pero por supuesto, grandes millonarios, porque el dinero, bendito sea el Señor, o la virgencita de Guadalupe o del Cisne, es lo único que en esta vida puede acarrear la felicidad.

      Y tan mal escritos, los guiones, que el espectador tiene que oír incorrectas conjugaciones verbales donde se filtra el pasado con el presente u olvidos de situaciones que acaban de suceder. Además, suprimen arteramente los términos femeninos, como hablan en Colombia o Ecuador, si bien no deja de ser un ampuloso defectoi: el terminal en vez de la terminal, las manitos en lugar de las manitas o expresiones de plano arbitrariamente de mal uso: “Yo mismo le digo” dice, por ejemplo, una mujer cuando lo correcto idiomáticamente debería ser: “Yo  misma le digo”,

      Las producciones finales son tan deficientes que se miran, con claridad, las sombras de los micrófonos colocados arriba de los protagonistas, o a la gente en las calles mirando con arrobo cómo “actúan” los artistas (varias personas incluso se quedan asombradas deteniéndose en escenas claves fastidiando las supuestas veracidades de los argumentos); o los “actores” caminan a media calle en lugar de las aceras (luego por eso lógicamente pasan demasiados atropellamientos indebidos); o los tropezones son frecuentes enamorándose mutuamente los distraídos; o la esposa descubre a su marido que la engaña justamente con la esposa del taxista donde la mujer engañada casualmente va viajando que, con el tiempo, ambos engañados —tanto por el marido como por la esposa infieles, descubiertos sin querer por la esposa y el marido fieles—, se enamoran perdidamente uno de la otra; bebés recién nacidos dejados en la orilla de una cama matrimonial; o diálogos mal escritos, como cuando un actor dice “cómo no olvidarla” cuando en realidad lo que quiere decir es lo contrario; o actores que hablan de noche cuando todos podemos mirar el día absolutamente soleado o cuando los protagonistas dicen que está lloviendo muy duro pero no cae ni una sola gota del cielo; o cuando hospedan a un infeliz en silla de ruedas en una habitación del primer píso, pero los editores lo olvidan con facilidad porque en la siguiente escena un sujeto sube con prisa las escaleras para acudir en auxilio del mismo incapacitado… los errores son continuos, mas nadie dice nada, ni la propia directiva de la exitosa serie.

      Los guiones llegan tan al colmo de lo predecible que hasta el pepenador llega a ser el hermano del millonario que no ha dejado de llorarlo durante todo el programa: la cuestión es lograr que los malos paguen por sus maldades, asunto que no ocurre nunca en la vida.

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¿Por qué estas mediocres comedias consiguen el éxito en los videos digitales?

      Por la conmoción, acaso, que se logra verter en los contenidos, donde el mal acaba siempre descubriéndose.

      O, no sé, como en La rosa de Guadalupe, todo lo relacionado con la religión cause aún un efecto favorecedor en el empresariado, porque en estas series los rezos y las bendiciones a “papito Dios” son fundamentales: aquel que no crea en los milagros divinos sencillamente está destinado a vivir, después de su muerte, en los infiernos.

      Y ahora esta moralina se hace con la subjetividad de la Inteligencia Artificial, tal como se construyen, con esta misma aparatosidad, las prostitutas en casa: todo ello, desde la comodidad de la casa.

AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “OFICIO BONITO”, LA COLUMNA DE VÍCTOR ROURA PARA LALUPA.MX

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Last modified: 23 agosto, 2026
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