Vivimos en una época en la que cada acción que realizamos deja una huella. Una búsqueda en Internet, una compra realizada desde el teléfono, una canción escuchada o una película vista en una plataforma digital generan datos. Cuando se recopilan, organizan y analizan adecuadamente, los datos se convierten en uno de los recursos más valiosos para las empresas: el conocimiento.
La creciente relevancia de la analítica de datos responde a la transformación del entorno empresarial. Los mercados son cada vez más dinámicos, competitivos y cambiantes. Los consumidores ya no esperamos necesariamente productos y servicios estandarizados; esperamos experiencias que respondan a nuestras necesidades, intereses y preferencias particulares. Así, tomar decisiones únicamente con base en la intuición o en la experiencia pasada para una empresa resulta insuficiente. Las organizaciones necesitan comprender qué está ocurriendo, por qué ocurre y qué podría suceder después.
Empresas como Amazon, Netflix o Spotify son ejemplos cotidianos de esta realidad. Cuando una plataforma nos recomienda una película, una canción o un producto que parece ajustarse con precisión a nuestros gustos, detrás de esa recomendación existe un proceso de análisis de datos. Estas organizaciones observan patrones de comportamiento: qué compramos, qué escuchamos, qué contenidos abandonamos, qué buscamos y con qué frecuencia interactuamos. Las empresas han aprendido a interpretar los datos que producimos.
Aquí es donde la analítica de datos toma un papel estratégico. En un primer nivel, la analítica descriptiva permite responder a la pregunta: ¿qué ha ocurrido? Por ejemplo, identificar cuáles fueron los productos más vendidos o qué tipo de contenido tuvo mayor aceptación. Posteriormente, la analítica diagnóstica busca comprender por qué ocurrió determinado fenómeno, identificando relaciones y patrones. La analítica predictiva da un paso más al utilizar la información disponible para anticipar comportamientos o resultados futuros. Y finalmente, la analítica prescriptiva propone acciones para obtener los mejores resultados.
Sin embargo, el verdadero valor no está solamente en acumular grandes cantidades de datos. Una empresa puede tener millones de registros y, aun así, tomar malas decisiones. Los datos, por sí solos, no garantizan inteligencia. Es la capacidad humana de transformarlos en información, conocimiento y acciones útiles lo que puede generar una ventaja competitiva.
Por ello, la analítica de datos debe entenderse no sólo como una herramienta tecnológica, sino como una nueva forma de pensar y gestionar las organizaciones. En un mundo donde los cambios ocurren rápidamente, las empresas que aprendan a escuchar lo que sus datos les están diciendo tendrán mayores posibilidades de anticiparse a las necesidades del mercado. El reto no será únicamente tener más información, sino aprender a utilizarla de manera inteligente, ética y responsable.

Arturo Farrera Gutiérrez es profesor del Departamento de Mercadotecnia y Análisis de Datos del Tecnológico de Monterrey, Campus Querétaro
afarrera@tec.mx
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