Iban por “La Flaca”, presunto integrante de un cartel de la droga que la noche del sábado pasado se encontraba al interior del bar “Los Cantaritos”, en el Centro Histórico de la ciudad de Querétaro.
Matarlo era el plan de los sicarios (aparentemente de otro grupo criminal) que después de las nueve de la noche llegaron al lugar y soltaron ráfagas de metralla prácticamente de manera indiscriminada.
Lograron su objetivo de liquidar al delincuente rival, pero también quitaron la vida a nueve personas más.
Hay quien considera que él, la o los propietarios se habrían negado a “pagar piso” y por eso la acción armada. La otra, es que haya sido un ataque de uno a otro grupo delincuencial en disputa por la plaza.
Mensajes políticos
Cualquiera que haya sido la motivación de tan brutal acción, confirma que en Querétaro sí operan estos grupos, independientemente de que vengan de otras entidades o hayan surgido en la entidad.
A estas alturas, decir que son de otro lado resulta absurdo e inútil, sobretodo porque la policía de Querétaro ya había detenido en dos ocasiones en este año al presunto delincuente ejecutado.
Y agrego otro dato: en sus redes sociales, “La Flaca” subía videos y fotografías en las que “presumía” su pertenencia a una organización delictiva y lucía armado, en la mayoría de las imágenes.
Estos elementos demuestran que la persona en cuestión vivía o por lo menos operaba en territorio queretano y que abiertamente se identificaba con un cartel de la droga asentado en el occidente del país.
A pesar de tales “evidencias”, aparentemente no hubo investigación preventiva sobre el individuo de marras. Ni la policía cibernética ni la corporación policial cuyos elementos lo detuvieron, se tomaron el tiempo para indagarlo. Nada de prevención.
En estas condiciones, de nada sirve argumentar que esta violencia es producto de la fallida estrategia de “abrazos y no balazos” del sexenio pasado o que se debe a la guerra contra la delincuencia declarada hace 18 años por el gobierno federal.
Tampoco caben expresiones como: “No vamos a permitir contaminarnos de lo que está sucediendo en otras partes de la república”, “no vamos a permitir que nuestra tranquilidad sea lastimada por personas de fuera” o “no nos dejaremos presionar por nada y por nadie…”
Ha sido un suceso nunca antes visto en la entidad; algo diferente a lo que hasta ahora era normal. Y por eso, porque es algo diferente, hay que responder de manera diferente.
Hacer equipo
La respuesta debe hacer a un lado la visión egocéntrica de pensar que Querétaro, a diferencia del resto del país, está “blindado” contra acciones de la delincuencia. Infortunadamente, ya lo vimos, no es así.
El discurso de la autoridad tiene que modificarse y confirmar la realidad que se vive. Se debe dejar de afirmar que por sí solo Querétaro contendrá a los grupos delincuenciales y que “no permitiremos” que lleguen acá. Eso, también infortunadamente, no es cierto.
El gobernador de la entidad ha demostrado que procura y sabe trabajar de manera coordinada con la presidenta de México y con las fuerzas armadas. Habrá que aprovechar esta habilidad para estructurar un plan de trabajo que combata a la delincuencia organizada en, al menos, la región del Bajío.
Tengamos en cuenta que, como lo ha dicho el experto en seguridad, David Saucedo, en Querétaro actúan, al menos, cuatro grupo delincuenciales. Uno de ellos proveniente de Guanajuato, otro nativo de Querétaro con sede en San Juan del Río y dos más, que dominan gran parte del territorio nacional.
Responsabilidad
No son tiempos de “partidizar” las cosas pero tampoco de mentir, de hacer discursos sin sentido o de callar a la ciudadanía. Son tiempos de actuar; de que el gobierno asuma su responsabilidad de diseñar una estrategia, de comunicarla a la población para involucrarla, de echar a andar dicha estrategia y de reportar sus avances o retrocesos.
Sólo así habrá posibilidad de frenar lo que ya está con nosotros, si se sigue actuando igual que antaño.
Juan José Arreola de Dios
Periodista / Comunicación Política
Twitter (X): @juanjosearreola



