El 26 de marzo del 2025, la reconocida revista Nature publicó el ensayo “La otra crisis climática” bajo la pluma de Tiffany A. Shaw y Bjorn Stevens, integrantes del Departamento de geociencias de la Universidad de Chicago y del Max Planck Institute for Meteorology respectivamente. En tal ensayo sostienen que los modelos para predecir el clima de la tierra reportadas por los investigadores del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) y otros estudiosos del clima, no son totalmente confiables. Shaw y Stevens no niegan la existencia del cambio climático, pero indican que los modelos —el “enfoque estándar”— que la mayoría de tales científicos utilizan ha simplemente aplicado “las leyes básicas de la física” lo cual ha redundado en predicciones correctas en lo general. Sin embargo, no ha ocurrido lo mismo en lo particular:
[…] con el calentamiento adicional, las discrepancias entre las señales del mundo real y las expectativas basadas en este enfoque estándar se acumulan, especialmente a escala regional.[1]
Ello ocasiona varias “anomalías” entre las que se encuentran el enfriamiento del océano pacífico tropical oriental —cuando se había proyectado un calentamiento— y una subestimación del calentamiento del Ártico, el cual ha superado ampliamente las predicciones.[2]
En palabras de la Dra. Ana Hernández, investigadora de Química orgánica de la Universidad Autónoma de Madrid:
Durante más de 60 años, la climatología ha utilizado lo que se conoce como “enfoque estándar”. Este se basa en la aplicación de las leyes fundamentales de la física —como las ecuaciones de Navier-Stokes para la dinámica de fluidos, la ley de conservación de la energía o la ecuación de estado de los gases— a sistemas complejos como la atmósfera. Dado que muchos procesos ocurren a escalas más pequeñas que la resolución de los modelos, como la formación de nubes o las turbulencias, se utilizan parametrizaciones: reglas empíricas que representan el efecto promedio de esos procesos. Esto funciona razonablemente bien a gran escala, pero, como reconocen Tiffany Shaw y Bjorn Stevens, falla cuando se trata de capturar la variabilidad regional o fenómenos extremos.[3]
En resumen, Shaw y Stevens muestran que, si bien en lo general son correctas las predicciones del IPCC, en lo particular fallan a causa de los modelos fisicoquímicos utilizados y del exceso de parametrizaciones.
Esa crítica no es nueva. El 19 de octubre del 2024, el Dr. Stefan Rahnstorf presentó, ante la Asamblea del Círculo Polar Ártico en Reykjavik, Islandia, una intervención donde debió responder con claridad a quienes le indicaban los agujeros en la ciencia climática respecto a lo que ocurre con la Circulación de Vuelco Meridional del Atlántico (AMOC) y él realizó una cuidadosa y muy valiosa revisión de los diversos modelos que se aplicaban para estudiar y predecir lo que ocurría en la criosfera.[4]

Los críticos del IPCC no carecen de razón. La ciencia del clima cae en el ámbito de las ciencias de la complejidad y, como bien sabemos, en los fenómenos complejos nunca se pueden tener perfectamente controladas y determinadas todas las variables. Siempre puede aparecer una variable que derive de la sumación de las otras —y, por ende, no pudiese ser detectada con antelación— o que simplemente apareciese de manera inesperada, dificultando y haciendo menos precisa la predicción sobre los fenómenos particulares.
A esto debemos sumar que desde el 2018 el propio IPCC, ante las dificultades para transmitir la complicada situación climática de la tierra, propusieron a los científicos utilizar metáforas y argumentos que, necesariamente, carecían de rigurosidad científica. Debió hacerse así con el objeto de que los tomadores de decisiones pudiesen comprender las amenazas que los científicos vislumbran.
Dos maneras opuestas de pensar
Los políticos piensan de una manera completamente diferente a los científicos. Mientras para estos últimos la duda es valiosísima –es lo que hace avanzar el conocimiento—, para los políticos la duda “resta verdad” a las afirmaciones, al grado de hacerlas inválidas.
Los diversos grupos del IPCC saben perfectamente que la existencia de dudas en el conocimiento científico puede ser tomado por los tomadores de decisiones como un estupendo argumento para que desechen sus predicciones más alarmantes sobre el clima futuro de la tierra, las cuales motivaron documentos como la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS).
Los tomadores de decisiones son políticos que deben mediar entre, por un lado, las exigencias de los científicos del clima y, por otro lado, las iniciativas cortoplacistas de las grandes corporaciones (derivadas del modelo BAU —business as usual—, es decir, el de “sigamos haciendo las cosas como hasta ahora”, explotando sin restricciones la naturaleza y emitiendo cantidades crecientes de gases de efecto invernadero).
Lo reiteramos, los políticos no están acostumbrados a pensar de la misma manera que los hombres de ciencia, para los que la existencia de dudas sobre determinado conocimiento lo enriquece —lo hace, como dice Karl Popper, “falsable”—, sino que la existencia de dudas, para los políticos, los hace dudar sobre la pertinencia de las medidas políticas adoptadas, lo cual se incrementa si existen intereses económicos que contradigan a lo indicado por los científicos.
Para decirlo en los términos de Robert Proctor, los políticos en proceso de ser corruptos por el gran capital, encuentran los ensayos de los críticos científicos como una estupenda razón para justificar su abandono de las posiciones sostenidas por los científicos, en este caso las de los del IPCC, así como sus consecuencias políticas: la agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.[5]

La crítica presentada en marzo pasado por Shaw y Stevens puede ser tomada de la manera denunciada por Proctor.
Una lectura cuidadosa del artículo de Shaw y Stevens, sin embargo, muestra que los problemas con las predicciones de los modelos del IPCC detectadas por ellos se presentan tanto en un sentido como en el otro. Por ejemplo, el enfoque estándar utilizado por los científicos del IPCC a veces sobreestima el calentamiento —como en el caso del Océano Pacifico tropical— y en otras lo subestima —como en el caso de Ártico.
El problema son los modelos
En resumen, Shaw y Stevens no niegan la existencia del calentamiento global antropogénico, su valiosa crítica está dirigida a los modelos fisicoquímicos utilizados, los cuales pueden sobredimensionar o subevaluar los diversos fenómenos estudiados.
En consecuencia, los autores de este artículo sostenemos que es necesario mantener la normatividad que apunta a la descarbonización del mundo por cuatro razones inobjetables:
- La permanencia de CO2 en la atmósfera con su poder sobrecalentador durante siglos (IPCC 2021).
- El incremento de emisiones de metano (CH4) por el derretimiento del pergelisol en las inmediaciones del Círculo Polar Ártico.
- En la actualidad y en prácticamente todos los ámbitos, contamos con la tecnología para realizar la transformación energética hacia las fuentes de energía renovable.
- La ventana de oportunidad para detener los peores efectos del calentamiento global antropogénico se cierra muy rápidamente pues de seguir aumentando como hasta ahora, alcanzaremos el punto de no retorno (tipping point) de 450 ppm de CO2e antes del 2040, es decir, a partir de ese momento los cambios serán inerciales y no habrá nada que pueda hacerse para frenar la desestabilización climática.
No continuar con la política climática restrictiva para con la inconsciente industria extractiva y consumista, podría poner en grave riesgo a la humanidad futura. Además, la crítica de Shaw y Stevens no toca el modelo utilizado por Earth for All, el cual sigue siendo vigente y su propuesta y escenarios son verdaderamente alarmantes.
Conclusión
El ensayo de Shaw y Stevens no niega la existencia del cambio climático y la necesidad de establecer políticas que reduzcan de manera urgente las emisiones de gases de efecto invernadero, simplemente cuestiona el “enfoque estándar” usado por los científicos del clima y en el que se basan algunas de sus predicciones, lo cual puede generar incertidumbre pues tales predicciones pueden fallar en eventos particulares. Sin embargo, como antes indicamos, en la predicción de los eventos generales no se detecta problema alguno, incluso se aprecia una aceleración e incremento de los fenómenos hidrometeorológicos más destructivos. De hecho, la propuesta para resolver la falta de fiabilidad de varios modelos climáticos del IPCC ya lo llevó a cabo el Club de Roma, quienes, coordinados por la Dra. Dixon-Declève, han establecido escenarios “basados en modelos computacionales disruptivos” como solicitan Shaw y Stevens, los cuales arrojan la terrible predicción de que, si la humanidad no reduce a la mitad sus emisiones de gases efecto invernadero en el 2030, será inacapaz de anularlos en el 2050, elemento imprescindible para poder evitar que la humanidad no vea reducir su número a la mitad hacia final del presente siglo.
Establecer y profundizar las restricciones de la política ambiental actual (Agenda 2030 y sus ODS) requiere contar con una humanidad no sólo bien informada, sino que haya avanzado en la construcción de una identidad planetaria, esa que requiere el saber de que, como bien indica Heidegger (1927): somos uno con el otro (Mitsein) y con el mundo (In der Welt sein).
Cuernavaca, Morelos, 28 de julio de 2025.
Bibliografía
Dixson-Declève, Sandrine, et al (2022). Earth for All, Canada: New Society.
Hernández, Ana (2025). El “cambio climático” entra en crisis: ‘Nature’ revela fallos graves en la narrativa climática, Libertad digital, 25.07.2025: https://www.libertaddigital.com/ciencia-tecnologia/ciencia/2025-07-25/el-cambio-climatico-entra-en-crisis-nature-revela-fallos-graves-en-la-narrativa-climatica-7278711/
IPCC (2021). Summary for Policymakers, en Climate Change 2021: The Physical Science Basis, Sixth Assesment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change, Cambridge: Cambridge University Press.
IPCC (2023). AR6 Syhthesis Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change, Cambridge: Cambridge University Press.
Proctor, Robert (2008), Agnotology. The Making and Unmaking of Ignorance, Stanford University Press, USA: California.
Sarmiento, Antonio y Luis Tamayo Pérez (2024). La desaceleración de la Circulación de Vuelco Meridional del Atlántico (AMOC), LaLupa.mx (2.08.2024), https://lalupa.mx/2025/02/08/la-desaceleracion-de-la-circulacion-de-vuelco-meridional-del-atlantico-amoc-antonio-sarmiento-galan-y-luis-tamayo-perez/
Shaw, T.A., Stevens, B. The other climate crisis. Nature 639, 877–887 (2025). https://doi.org/10.1038/s41586-025-08680-1
Luis Tamayo Pérez es catedrático de la licenciatura y el posgrado, FP, UAEM.
Antonio Sarmiento Galán es investigador de la Unidad Cuernavaca del Instituto de Matemáticas de la UNAM.
[1] Shaw, T. & Stevens, B. (2025), DOI: 10.1038/s41586-025-08680-1
[2] Shaw, T. & Stevens, B. (2025).
[3] Hernández, 2025.
[4] Sarmiento y Tamayo (2024).
[5] Cuestión estudiada por Robert Proctor en su ensayo Agnotology (Agnotología), de 2008.
AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “ECOSOFÍA”, LA COLUMNA DE ANTONIO SARMIENTO GALÁN Y LUIS TAMAYO PARA LALUPA.MX
https://lalupa.mx/category/las-plumas-de-la-lupa/luis-tamayo-perez-ecosofia



