El 23 de agosto pasado, invitados por AMERPI[1], impartieron sendas conferencias en la Ciudad de México dos brillantes investigadores del fenómeno de la adolescencia, Lionel Klimkiewicz y Florian Houssier, el primero integrante de la renombrada clínica Borda de Buenos Aires y el segundo profesor de Paris XIII y autor de los importantes estudios Freud adolescent (Campagne Première, 2018) y Freud étudiant (Campagne Première, 2019)[3].
En su presentación, el Dr. Klimkiewicz indicó que el empuje a la libertad adolescente no podía sino llevarlo de una alienación a otra, eso que Hegel explicó, en la Fenomenología del espíritu, mediante su dialéctica: el paso de una posición del espíritu a otra ocurre a causa de que la negatividad obliga a superar (aufheben) el estado anterior. El vocablo alemán Aufhebung, que los traductores del filósofo vierten al español como “superación” implica un doble movimiento: levantar (dejar atrás), y también conservar. Esto es particularmente claro en la adolescencia. El adolescente está obligado, para adquirir su independencia, a dejar atrás y oponerse a sus padres, pero sólo puede hacerlo desde la ideología que, durante los años de infancia, recibió de ellos (conservar).

Por su parte, el Dr. Houssier indicó que la adolescencia no es una crisis o un periodo de la vida, es más bien una posición, un proceso. Esto es totalmente coherente con la etimología del vocablo. El vocablo Adolescencia proviene del verbo latino adolescere: crecer, desarrollarse.
El adolescente se encuentra en un proceso donde ya no puede cobijarse en la identidad que durante la infancia obtuvo de sus padres. El adolescente, para “llegar a ser el que es”[3], está obligado a romper con sus padres y ello puede ser muy doloroso tanto para él como para ellos. En tal proceso, sus padres tienen dos opciones generales: o comportarse como ogros controladores[4] o simplemente confiar en lo que sembraron en el niño[5] y esperar que no sea demasiado virulento su necesario proceso destructor.
En términos del sociólogo René Lourau, los padres son lo instituido que el instituyente adolescente debe superar.
Volviendo a los términos de Hegel, la superación (Aufhebung) implica un doble movimiento: levantar (dejar atrás) y conservar. Quien se encuentra en una posición adolescente se opone a lo instituido sin darse cuenta de que es de ahí de donde provienen la enorme mayoría de sus ideas, que mientras más virulento y “revolucionario” sea su ataque, más se parecerá a aquello que critica, pues como bien reza el proverbio: “en la revolución, sea política o aritmética, los extremos se tocan”.[6]
Las sociedades adolescentes
Si, como indica el Dr. Houssier, la adolescencia es una posición, podemos darnos cuenta de que es posible hablar de “sociedades adolescentes”, esas en las cuales la parte dominante de la misma reacciona y denigra a la anterior, y lo hace sin darse cuenta de todo lo que le debe, de todo lo que de ella recibió. El resentimiento adolescente puede llegar a ser muy destructivo y por ello exagerado e injusto.

La historia, como recientemente recordó Ugo Bardi[7], nos ha mostrado que se puede destruir en un instante lo que llevó decenas o cientos de años construir. Una sociedad adolescente puede destruirse muy eficientemente.
Nuestra sociedad mexicana actual, dividida de manera exacerbada por la administración pasada, no sólo acabó con muchas instituciones y estrategias que costó mucho trabajo construir, sino que estableció un clima de odio justificado desde el poder. La división “fifís-chairos” establecida por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) justificó una violencia similar a la que ese mismo presidente planteó contra España: exigió a una nación extranjera que no existía cuando se realizó la conquista de la nación mexica que ofreciera disculpas a un pueblo que en nuestros días tampoco existe. El México moderno ya no habla náhuatl ni cree en Huitzilopochtli, Quetzalcóatl y demás. En el México actual se habla en su enorme mayoría el español y los dioses prehispánicos fueron sustituidos por el cristiano, al igual que ocurrió en España.
Pero no carguemos la mano a la administración de AMLO pues bien sabemos que no es sencillo dejar atrás las posiciones antagónicas y ya la historia se está encargando de juzgarlo. Su historia muestra que es muy fácil caer en lo que se critica[8].
Nuestro punto de vista, además, siempre podrá ser superado por el de otro que reconozca nuestras fuentes y escuche a nuestros contradictores. Así funciona la dialéctica. Según ella no podemos ser sino “comentadores de comentadores”. Solo podemos aspirar a que los mejores de entre nosotros puedan dejar atrás los antagonismos adolescentes: chairos/fifís; izquierda/derecha; conservadores/progresistas; feministas/machistas y establecer un paradigma que sintetice los opuestos y que, tarde o temprano, encuentre su posición antagónica y esté en la base de la nueva síntesis, en una dialéctica infinita.
Esto lo expresa Hegel de manera muy clara en su dialéctica del Señor y el siervo[9]. Tal dialéctica establece lo que ocurre a una autoconciencia cuando se encuentra con otra. Dado que ambas esperan que la otra las reconozca, traban entre ellas una lucha por tal reconocimiento. Fruto de esa lucha aparecen dos posiciones antagónicas: el Señor (o amo, Herr, aquél que es capaz de luchar hasta la muerte) y el Siervo (o esclavo, Knecht, aquél que decide no arriesgar su vida y por ende está obligado a reconocer al otro). Lo que debemos notar aquí es que en la dialéctica referida sólo hay un tipo de deseo, uno que identifica a ambos oponentes: el deseo de reconocimiento. Es de ahí de donde proviene la fórmula lacaniana de sus primeros textos: “el deseo del hombre es el deseo del otro”. Desde la lectura hegeliana no tiene el hombre otra posibilidad que desear lo que el otro desea, en una lucha entre iguales, entre pares.
Es muy evidente en la dialéctica hegeliana, que radicalizarse en alguna de las posiciones antagónicas sólo ahoga el pensamiento e impide la escucha, así como el aporte que puede brindar el punto de vista alternativo.
Y aquí cabe preguntarnos: ¿es posible establecer una posición tercera?
Por una posición tercera
Desde el punto de vista de la dialéctica todo se reduce a intereses contrapuestos. Sin embargo, en el mejor psicoanálisis encontramos que es posible construir una posición tercera.
Desde los años 60’s[10] Lacan estableció que había una manera alternativa de concebir el deseo. La escribió con su idea del “objeto a”, el objeto causante del deseo. El objeto a es uno inalcanzable que orienta y da sentido a la existencia. El objeto a es un residuo que podemos encontrar al fin del análisis, esa operación que ocurre cuando el sujeto es marcado por la castración simbólica (no puede sino aceptar que tiene límites insalvables) y el Otro, el garante de la realidad y el mundo, se reconoce como inexistente, es decir, no hay dioses garantes de nada, ni entidad supraterrena alguna que garantice cierta ideología. El paso de la posición de analizante a analista permite la emergencia de un objeto a y, en consecuencia, de una posición tercera.

En su estudio Anatomía de la tercera persona (Epeele, 2000), Guy Le Gaufey sostiene que el psicoanalista es un ente que, por su formación, es capaz de colocarse en una posición tercera, esa que en el seminario L’etique de la psychanalyse (1959-1960), Lacan define como la que posee quien presenta un “deseo de deseo”. El analista está colmado de un deseo vacío pues solo espera que el otro llegue a desear… ¿desear qué? Cada caso lo indicará.
Tal posición nos recuerda la fórmula latina —atribuida por Heidegger a San Agustín en una amorosa carta a Hannah Arendt y también a Elfride Petri[11]— y considerada por algunos como la muestra máxima del amor. Ante la pregunta: ¿qué quieres de mí? El amor responde: Volo ut sis (quiero que seas). Eso que también algunos padres pueden regalar a sus hijos. Desear sólo que el otro desee nos extrae de la lógica par del mero interés y coloca al analista en una posición tercera.
En El ser y el tiempo (Sein und Zeit),[12] Heidegger diferencia con claridad la posición “par” de la posición “tercera”. En la posición par opera un “procurar por” (Fürsorge) dominador, mientras en la posición tercera opera un “procurar por” liberador[13]. Cuando prevalece un procurar por el otro liberador, se le permite “llegar a ser el que es”, (Werde was du bist!) antes referido. Cuando se permite al otro llegar a ser el que es, éste puede, a su vez, permitir ser a otro, en un círculo virtuoso donde el pensar se hace posible y los antagonismos se disuelven (pues prevalece el interés por la verdad —alétheia).
Conclusión
Mucho bien nos haría, tal y como indican los integrantes del Club de Roma[14], como civilización, dejar atrás las identidades adolescentes (izquierda/derecha; conservadores/progresistas, feministas/machistas) para intentar construir, juntos, una identidad planetaria, una capaz de superar nacionalismos e ideologías que sólo nos enfrentan. La identidad planetaria es lo que nos permite reconocernos en las demás especies de la tierra y estimula la mirada de largo plazo, la única que permite sumar esfuerzos contra nuestros acuciantes problemas comunes: cambio climático, pobreza, desigualdad, sexta extinción masiva y contaminación generalizada, entre muchos otros.
Cuernavaca, Morelos, 16 de septiembre de 2025.
Luis Tamayo Pérez es catedrático de la Facultad de Psicología, UAEM.
Antonio Sarmiento Galán es investigador de la Unidad Cuernavaca del Instituto de Matemáticas de la UNAM.
[1] La Asociación Mexicana de Estudio del Retardo y la Psicosis Infantil (AMERPI) fue fundado hace una década en la Ciudad de México por un brillante grupo de psicoanalistas entre los que se encuentran Ana María Fabre, Esperanza Pérez de Plá, Marta Delgado, Araceli Franco, Martha Duarte y Paloma García Alzola.
[2] Un valioso estudio de un periodo desdeñado por los biógrafos anteriores de Freud y que debió ser dividido por razones editoriales. El ensayo del Dr. Houssier es una investigación con tres objetivos centrales: clínico, teórico y biográfico.
[3] En el parágrafo 31 de Sein und Zeit, Heidegger recuerda la fórmula establecida por Píndaro y retomada por Goethe cuando hace decir a su Mefistófeles a Fausto: Werde was du bist! (¡Llega a ser el que eres!), es decir, la aspiración última de todo ser humano (Cfr. Tamayo, L. Aprender a decrecer, México: Paradiso, 2014: 91ss).
[4] Vide infra, la Fürsorge dominadora, Heidegger (1927), Sein und Zeit, Max Neimeyer, p. 122.
[5] La Fürsorge liberadora, Ibidem, p. 122.
[6] Esta idea, denominada como la “Teoría de la herradura” y que proviene de los estudiosos de la Revolución francesa, así como de Nietzsche (Más allá del bien y del mal, 1886), fue desarrollada en los años recientes por Jean-Pierre Faye (Théorie du récit: introduction aux langages totalitaires, 1972) y Jeff Taylor (Where did the Party go?, 2006), los cuales critican duramente a los radicales de derecha e izquierda y muestran su evidente cercanía.
[7] En su libro The Seneca Effect (2017), Ugo Bardi recuerda la carta de Séneca a Lucilo (91:6): “el crecimiento es lento, pero el camino a la ruina es rápido”.
[8] AMLO prometió a los mexicanos gobernar anulando la corrupción, pero, desde los primeros días de su mandato, su entonces secretario de gobernación, Olga Sánchez Cordero, instruyó al gobernador de Morelos —el ahora impresentable Cuauhtémoc Blanco—, para que fuésemos excluidos de El Colegio de Morelos, y así colocar en la rectoría a su compadre, el después responsable, entre otras tropelías, de la destrucción de la institución. Cfr. Morales, 2021: El terror de la persecución:
[9] Hegel, Phänomenologie des Geistes, Suhrkamp, Cap. IV, pp. 137ss.
[10] Lacan, Le Seminaire, livre X, L’angoisse (1962-1963), Seuil, pp. 119ss.
[11] Heidegger (2005), Mein liebes Seelchen!, Deutsche Verlags-Anstalt.
[12 Heidegger (1927), Sein und Zeit, p. 122ss.
[13] Cfr. Tamayo (2011). Heidegger y la transmisión, en La lámpara de Diógenes 22/23, México: BUAP.
[14] Dixon-Declève, S, et al. (Club de Roma), (2022). Earth for All, Canada: New Society.
AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “ECOSOFÍA”, LA COLUMNA DE LUIS TAMAYO PARA LALUPA.MX
Luis Tamayo Pérez – Ecosofía Archivos – La Lupa



