1
Las contradicciones astutas suelen pasar inadvertidas o estar envueltas en discretos encantos de compleja refutación intelectual: escribe una novela sobre un admirado corrupto del pasado siendo premiado precisamente por esa esclarecedora denuncia, pero el narrador respalda los aspavientos del admirado corrupto del presente, a quien presta sus servicios.
2
El amigo deja de serlo cuando
otro amigo ofrece mayor poder
(político o económico, ¡joder,
cualesquiera aunque se cambie de bando!)…
La amada también deja de amarlo a uno
cuando en otro encuentra lo que no tienes
(belleza, humor, dinero o buen ayuno,
¡ya no importa, ay, si te vas o te vienes!)…
Por favor, no te mezcles ya con nadie
ni con arduas dudas ni con certezas
(¡caramba, que no importa cuánto irradie
tu encanto bajo las suntuosas mesas!)…
Mira que los afanes protagónicos
están muy por encima del decoro
(¡caray, no todo lo que brilla es oro
bajo los soleados polvos armónicos…!)
3
Cuando el presidente no dio dinero
a los medios, el cabal periodista
se opuso, crítico, al discurso; pero
en cuanto la luz se hizo, ¡qué estadista!
4
Me pidió que mantuviera el secreto entre nosotros, que no lo esparciera hacia ningún costado: “Los fantasmas no existen”, me dijo, casi en silencio, para luego diluirse entre las paredes blancas de mi alcoba.
5
Dice un anciano mirándose en el espejo: “Quiero recordarme de joven”, pero los garabatos desplegados en el rostro se lo impedían.
6
Camino sobre la Quinta Avenida,
me guiña una brasileña ceñida
del talle, de una enfermedad me libro…
¡vivo mil historias en cada libro!
7
Después de caminar con ella un largo trecho se percató de que no llegarían a ningún lado juntos.
8
Exigió cinco condiciones para incorporarse al sindicato: un mes entero de vacaciones desde el primer año con un aumento, cada año, de dos días, veintiocho días libres cada año con derecho a tomarlos cuando el empleado los requiera (sin limitaciones de ninguna especie los días que uno necesitara), triple sueldo después del minuto de las ocho horas cumplidas, un descanso forzoso de diez minutos por cada hora trabajada (independientes de la hora de la comida, de modo que si un empleado debía retirarse de su jornada laboral después de haber permanecido en ella cinco horas con cuarenta minutos estaría en su sagrado derecho de hacerlo sin ninguna objeción por parte de la empresa) y un bono navideño, aparte del aguinaldo, consistente en la suma de veintiocho días trabajados.
Seis meses después se convertía en el líder sindical, casualmente un día antes de su boda con la mujer más hermosa de la empresa quien, maravillada, dijo haber hallado, por fin, al hombre de su vida.
9
No tuvo empacho en hacer el ridículo
al aceptar, ja, el papel de un político
decoroso subido en un vehículo
blindado aparentemente raquítico
(el vehículo, claro, no el político).
10
Después de un par de horas sin que una sola idea saliera de su cabeza, el escritor apagó la computadora para ir a descansar a su dormitorio. En el justo momento en que se acostaba surgieron dos frases idóneas para comenzar un relato, frases que giraban en torno suyo, frases magníficas para dar pie a un cuento de proporciones mayúsculas. Se levantó para dirigirse de nuevo al estudio, pero tras salir de la cocina luego de servirse un vaso con limonada las palabras se habían largado vaya uno a saber dónde. Las frases se difuminaron con prontitud. No podía dar crédito al imprevisible suceso, que lo mantuvo así, en vela y dando vueltas de un lado a otro, toda la noche: cuando decidió por fin acostarse una intempestiva idea lo relampagueó, mas al llegar de nuevo a su estudio ya la había perdido por completo. Una y otra vez le ocurrió lo mismo durante varias horas en la dispersa noche. Entre alcoba y estudio, entre la idea y la nada, entre la lucidez y la obnubilación, entre la luz y la oscuridad. Hasta que se despertó en el pasillo central tiritando de frío.
11
No hay periodista que no crea en su verdad, aunque para alcanzarla haya recurrido a la mentira.
12
Descubrió su simpatía por el sindicato justo en el momento en que, por su desidia laboral, le fuera suspendido temporalmente su salario.
13
Periodísticamente, al periodista sólo le interesa su quehacer periodístico. Todo lo demás, mientras no pierda su lugar, lo tiene sin cuidado.
14
Lo amaba tanto que no quiso saber de dónde provenía el caudaloso dinero que llevaba a la casa. Después de varios años de bonanza fue enterada de los actos discretamente corrompidos de su amado, pero su enriquecimiento la protegió de cualquier impertinencia ajena el resto de su acomodada vida.
15
Sorprendido, abrió la caja de Pandora a sabiendas de la repercusión fatal: tuvo que escuchar, uno a uno, los discos de ese trío femenino de música pop como consecuencia de su imprudente curiosidad.
16
Si el Muro de Berlín fue derribado
como símbolo de una socialista
muerte, amor, hoy levanto, como artista,
un mural de piedras como adorado
monumento para declarar mi odio
a tu resignación propositiva
de una intocabilidad combativa
de la pasión dialéctica en el podio.
(Es decir, quieres amar sin tocarme,
que yo te ame sin tocarte: un acróstico
de rosas marchitas en un diagnóstico
inane para las manos atarme.
Porque en tiempos de cruel confinamiento
hasta en las relaciones las sospechas
se las lleva, trágico, el frío viento
que apunta al corazón con ardua flecha.)
17
Si yo le hubiera robado dos besos
o la habría perdido de inmediato
o la tuviera encima a cada rato.
¿Para qué forzar, por Dios, los excesos?
18
Si hubiera aceptado el sobre amarillo,
viviera hoy rodeado de puro grillo,
influyendo a gente desprevenida,
de la codicia atenida (¿aterida?).
19
Creo en la gente que dialoga, no en la
que solamente habla para sí. Denla
por aceptada, a ésta, en el solipsismo.
Con las palabras creo, ¡ay!, hasta en mí mismo.
20
¿Por qué no se pregunta a un periodista
descontento si ha hecho bien su labor
periodística antes de hacer la lista
incriminatoria, ¡ay!, a su favor?
21
Un intelectual no es forzosamente
una persona solidaria y noble.
Con su visión severa, como un roble,
domina el orbe con su parcial lente
de aumento que detecta a los amigos
—incluso de mezquindades testigos—
que ha mundanamente seleccionado
para ser una y otra vez compensado.
22
En este momento el mundo, en plena época
de las comunicaciones, es cliente
asiduo delos “supuestos”. ¡Qué poca
progresión de la información decente!
23
Si me amenazan a mí en las sociales
redes, se trata de viles infundios.
Pero si acribillan a otros, son reales
estos supuestos. ¡Lo juro por Dios!
24
—A mí no deben tocarme en las redes.
A los otros sí, porque no me importan.
Los supuestos que hablan de mí se acortan
porque tengo la razón. Tú no puedes,
en cambio, desdecirte de las redes…
—¡Pero en este mundo nada es verdad
ni mentira! ¡Todo es según heredes
la savia de la culturalidad!
25
¡La investigación es inexistente
cuando se aproxima el hábil supuesto
que modifica la risa en un gesto
severo y adusto en la faz de la gente!
26
Una dama irritada me pregunta:
“¿Ya pensaste qué hacer cuando la agencia
esté bien muerta y no te deje herencia?”
Tome usted nota, le digo, y ella apunta:
“Tal vez dé clases con mi bella adjunta.
O me vuelva caballero con punta
de lanza medieval, pero seguro
lejos de calumniadores, lo juro”.
27
No todos los periodistas trabajan
en la prensa, ni tampoco la prensa
trabaja con periodistas. Es densa
la casta división cuando se rajan
los perogrullos al primer hervor:
el periodismo no es para los cínicos,
dijo Ryszard Kapuscinski. Y los típicos
navegantes siempre van a babor.
28
El periodista a veces se hace solo,
sin necesidad de estar en la prensa.
Porque luego la prensa, con inmensa
—intrincada— enjundia, actúa con dolo.
Pues, no necesariamente la prensa
refugia a periodistas honorables:
¡hay, sí, competidores en defensa
de la esgrima con venenosos sables!
29
Hay periodistas, ingenuos, que creen que el periodismo se trabaja de igual manera en todos los medios de comunicación.
30
Uno se enamora del rostro, del cuerpo, de la sonrisa, acaso de la simplicidad, jamás, o casi nunca, del corazón de quien cree amar.



