Autoría de 3:58 pm #Destacada, Los Especiales de La Lupa

Doña Joaquina, al rescate de la medicina otomí

HISTORIA: PATRICIA LÓPEZ NÚÑEZ/LALUPA.MX

Doña Joaquina disfruta sus labores como artesana del telar y del deshilado, pero lo que más le gusta es mantener viva la medicina tradicional, porque rescata la sabiduría otomí de sanar con ayuda de la tierra, de hierbas y de rezos. Originaria del barrio del Tequesquite en Tolimán, Joaquina Reséndiz Morales recuerda que desde que nació vio a su abuela practicar la medicina botánica del semidesierto, pero dudaba si debía seguir ese camino. 

Durante años canalizó su creatividad a la elaboración de indumentaria tradicional y desde 2010, a la muñeca de tela Tenchita. También se dedicó a la gastronomía tolimense y al final, sus raíces terminaron por mostrarle el camino. Desde hace más de diez años, Joaquina transformó el conocimiento de su abuela y se certificó como médico tradicional para elaborar jabones,shampoo terapéutico, pomadas medicinales y otros productos botánicos que diseña para padecimientos específicos.

En su memoria hay desde preparados contra la caída del cabello, remedios para el riñón que elabora con cola de caballo, hierba de sapo y otros ingrediente o la infusión de hierbabuena con epazote de zorrillo para el control de la glucosa. Pero las hierbas no lo hacen todo, en su espacio dentro de la Casa de la Mujer Indígena, aprendió que sobar torceduras, atender los nervios o curar de espanto necesita algo especial: escuchar con atención a todas las personas que requieren ayuda.

“Muchas veces las personas vienen con muchas preocupaciones. y hay que escucharlas. A veces pues hay que saber un poquito de contención, porque cuando una paciente llega y de pronto empieza a llorar, hay que ayudarles. Eso lo aprendí en la práctica. Cuando empecé, yo decía ¿cómo le hago? Y hay que saber que las enfermedades del cuerpo a veces tienen un origen en las emociones”, explica.

En la consulta de medicina tradicional deben reinar la empatía, la herbolaria y la fe. “Uso mucho la oración, tengo mucha fe en que las personas se mejoren cuando vienen desesperadas”. Recuerda la manera en la que su abuela hervía las hierbas para los baños medicinales. El temazcal entonces era un cuarto con cobijas y continuaba con sahumados con copal blanco para curar el susto, para calmar la mente.

Joaquina, defensora de que el otomí debe hablarse y enseñarse, no distingue entre pacientes que buscan su ayuda. Lo mismo atiende a mujeres que a hombres y niños porque “hubo un tiempo donde en la Casa de la Mujer Indígena solamente se atendía a puras mujeres, pero ya se abrió para todos”. 

Tampoco le importa cuando alguien confunde su trabajo y cree que es brujería o un asunto místico. “Decía mi maestro que si te dicen brujo no te ofendas, porque significa que tienes mucho conocimiento y el don de sanar”, sostiene. La salud requiere agradecer, sobre todo ante las rutinas diarias, porque muchas personas resienten en el cuerpo la carga que llevan en sus cabezas.

Por eso siempre recomienda volver a lo natural, alimentarse de manera consciente, descansar y trabajar en lo que a cada quien le apasiona, encontrar en las plantas la posibilidad de apoyarse para recuperar la salud.  “Pero todo depende de cada organismo, necesito conocer bien mi cuerpo para saber qué sí le cae, qué no le cae y hay que saber balancear y combinar bien las hierbas”.

Aunque los médicos tradicionales no son suficientes para cubrir la demanda de la región, ella y otras compañeras continúan con su labor diaria, en la que las hierbas se complementan con sobadas, oraciones, temazcales y agradecimiento a la tierra, al aire y a la naturaleza. “Yo le doy gracias a Dios, le pido por mis pacientes, todos merecemos estar en paz”.

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Last modified: 8 agosto, 2026
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