Un viejo amigo de la ciencia mexicana
El axolote, ese anfibio endémico de México que parece vivir siempre joven, guarda un talento extraordinario: puede regenerar partes enteras de su cuerpo. Si pierde una pata, un trozo de su corazón o incluso un pedazo de cerebro o de su médula espinal, es capaz de reconstruirlos y recuperar la función original. Comprender cómo lo logra podría transformar la medicina regenerativa humana.
Una lesión devastadora
La lesión medular es una de las afecciones más devastadoras del sistema nervioso. En humanos y otros mamíferos, el daño interrumpe la comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo, dejando secuelas permanentes. En cambio, el axolote repara los tejidos y restablece las conexiones nerviosas en cuestión de semanas.

Para entender por qué, un grupo de investigadores de la UNAM y del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, conformado por Juan Carlos González Orozco, Itzel Escobedo Ávila e Iván Velasco, comparó la actividad de los genes del axolote con la de ratas y ratones después de una lesión medular. Analizaron los llamados transcriptomas, es decir, el conjunto de genes que se “encienden” o “apagan” en las células tras el daño. La comparación se centró en los primeros días posteriores a la lesión, un periodo crítico para determinar si el tejido se regenera o cicatriza.
Genes que se activan para sanar
El estudio reveló que tanto en el axolote como en los roedores se activan genes relacionados con la inflamación y la cicatrización, una respuesta común ante las heridas. Sin embargo, en los mamíferos esta reacción es más intensa y prolongada, lo que termina formando una cicatriz glial: una barrera que impide el crecimiento de nuevas neuronas.
El axolote, en cambio, mantiene una respuesta inmunitaria más moderada, lo justo para limpiar la zona sin bloquear la regeneración. Además, activa un conjunto de genes que en los mamíferos sólo funcionan durante el desarrollo embrionario. Entre ellos destacan Sox2, Oct4 y Nanog, relacionados con la pluripotencia, es decir, la capacidad de las células para transformarse en distintos tipos. También aparecen genes como Atf3 y Foxa2, vinculados con la formación de nuevas neuronas.
En otras palabras, mientras los mamíferos sellan la herida, el axolote vuelve a poner en marcha un programa genético de desarrollo: convierte células adultas en jóvenes y reprograma su entorno para reconstruir lo perdido.
Un genoma gigante y misterioso
Otro hallazgo fascinante es que el axolote posee un genoma gigantesco, casi diez veces mayor que el humano. Dentro de él abundan secuencias repetidas y fragmentos de origen retroviral, como el gen LOC100130764, que también se activa durante la regeneración. Estos elementos, considerados “ADN basura” en otras especies, podrían tener un papel crucial en encender los genes necesarios para reconstruir tejidos.
La clave está en la respuesta inicial
En los roedores, los genes asociados al dolor y al movimiento, como los que controlan los receptores de acetilcolina, se apagan poco después de la lesión, marcando el inicio de la pérdida funcional. En el axolote, esa desconexión no ocurre: su médula reorganiza su estructura sin perder completamente las funciones neuronales. Esta diferencia en la fase aguda de la lesión parece ser el punto donde divergen la cicatrización y la regeneración.

Hacia terapias inspiradas en el axolote
Comprender estos mecanismos no es sólo una curiosidad biológica. Si los científicos logran reproducir, aunque sea parcialmente, las condiciones moleculares del axolote en el tejido humano podrían abrirse caminos para reactivar la regeneración neural en pacientes con lesiones medulares.
La investigación sugiere que modular la respuesta inmune, reactivar genes del desarrollo temprano y controlar el entorno celular podrían ser estrategias clave. Aunque aún estamos lejos de regenerar una médula espinal humana, el axolote ofrece un mapa genético de cómo podría lograrse.
Más allá de la ciencia ficción
Durante años, la idea de “reconstruir la médula” pertenecía al terreno de los sueños. Hoy, gracias a estudios como este, sabemos que la naturaleza ya resolvió ese problema hace millones de años en un pequeño anfibio mexicano. Comprenderlo a fondo podría llevarnos a un futuro donde una lesión medular deje de ser una condena irreversible.
Referencias
González-Orozco, J. C., Escobedo-Ávila, I., & Velasco, I. (2023). Análisis del transcriptoma tras una lesión medular temprana en el ajolote y su comparación con modelos animales de roedores mediante análisis de datos de secuenciación de ARN. Genes, 14(12), 2189. https://doi.org/10.3390/genes14122189
*Los autores de este artículo son estudiantes de la materia de comunicación científica, de la maestría en ciencias (neurobiología) de la Universidad Nacional Autónoma de México: García Piñón Ernesto, Bacelis Zapata Andrea, Alonso Villafranco Javier.
AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “DESDE LA UNAM”, LA COLUMNA DE LA UNAM, CAMPUS JURIQUILLA, PARA LALUPA.MX
https://lalupa.mx/category/aula-magna/desde-la-unam/



