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Nunca tuve duda de que sería músico: Ernesto, el chelista queretano que triunfa en Europa

HISTORIA: PATRICIA LÓPEZ NÚÑEZ/ LALUPA.MX

La música era un destino natural para Ernesto. El queretano que triunfa en Europa es heredero de una larga tradición familiar. De padre chelista, madre flautista y hermano músico, Ernesto Fernández Lara experimentó con el piano, el violín y la trompeta, para decidir que el violonchelo era la mejor forma de expresarse en el mundo. 

No tiene recuerdos que no estén ligados a la música. Veía a su padre, el cubano Rolando Fernández dar clases y a su madre, la flautista mexicana Roxana Lara, vivir entre partituras. Los dos egresaron del conservatorio de Leningrado, hoy San Petersburgo. Escuchaba también a su hermano mayor ensayar y él mismo empezó a estudiar música de manera formal a los cuatro años. 

Pensó en convertirse en trompetista por la película Vampiros en La Habana, donde Arturo Sandoval tocaba ese instrumento y se convirtió en  uno de sus ídolos más grandes. “Mi papá toca ahí, mi papá tocó con todos los músicos más famosos de Cuba, de música popular, mi papá toca el cello ahí”. 

A diferencia de su hermano que nació en La Habana, Ernesto nació en Querétaro y al igual que toda su familia, la música se volvió un paso natural, así que “nunca tuve la duda ni la opción de hacer otra cosa. Soy músico por naturaleza”. Su primera experiencia como solista se presentó a los 10 años y luego tuvo una pausa para explorar las actividades deportivas,  hasta que a los 14 tomó la decisión de dedicarse de forma profesional a la música. 

“Un día dije: me voy a ir a estudiar a Europa, me voy a dedicar de por vida a la música y al cello. También, hace dos años, empecé a tocar de solista con orquestas en México, el mes pasado toqué con la Orquesta Sinfónica del Estado de México, que para mí es casi, tal vez, la mejor orquesta de México. Toqué con la Orquesta del Instituto Politécnico Nacional, con la de Campeche, Oaxaca, la de Querétaro, toqué 10 veces de solista en los últimos dos años”, explicó. 

Al terminar la preparatoria, se fue a Holanda donde estudió dos años y recorrió otros países europeos. “Son ya casi once años desde entonces. Después de Holanda me fui a Alemania. Hoy en día estudiar en Holanda es muy caro para los latinoamericanos. En Alemania es gratuito, pero mucho más difícil obtener una plaza porque son demasiados candidatos”.

Si algo aprendió de Arturo Sandoval, su gran ídolo, es que la carrera musical es difícil y hay que tener mucha fuerza, “mucha piel gruesa para hacerla”. Eso le facilitó enfrentarse a los diferentes públicos frente a los que toca, porque “cada público es muy distinto, no lo pienso mucho porque me pondría nervioso, no sería capaz de salir a tocar al escenario si me pongo a pensar qué es lo que esperan de mí”. 

Ernesto es muy consciente del nivel de exigencia a los que se enfrenta, porque “los estándares son exageradamente altos”, así que trabaja y estudia durante muchas horas, “para dar mi mejor versión para cuidar cada detalle, cada movimiento y cada nota, cada vez que paso el arco, quiero disfrutar y comunicar. Mi compromiso más grande siempre es primero con la música y después con la gente”. 

Lo que aprendió en todo este tiempo, afirmó, es que nunca debes dejar de ensayar ni dejar de aprender, porque su interés es “seguir aprendiendo”. Es un desarrollo constante, nunca se acaba, siempre se puede hacer lo mejor y también siempre se puede hacer lo peor, pero lo que hago es estudiar todos los días, tengo mucha hambre de estudiar”. 

Para él, la entonación es “como lavarse los dientes”, una práctica diaria, varias veces al día, porque confía en que mientras más toca, más posibilidades tiene para solucionar y corregir cualquier situación. En su última gira por México, tocó cinco conciertos como solista en unos 20 días para más de cuatro mil personas. Eso lo pone nervioso porque siente que se generan muchas expectativas sobre su desempeño.

“Pero fue de las mejores experiencias de mi vida, lo disfruté mucho y creo que la gente también lo disfrutó. Se siente muy lindo. Es un orgullo muy grande para mí haber nacido y crecido en la familia en la que crecí, todos los días me acuerdo de lo privilegiado que fui, de haber tenido a la madre y el padre que he tenido y a mi hermano también, fueron las personas que más me impulsaron”, reiteró.

Ernesto dice que el impulso de su familia lo llevó a Europa y es como portar un estandarte familiar y queretano. “No somos ricos, ni nada de eso, yo llegué con un chelo muy barato aquí a Europa y con eso pude salir adelante, siempre acordándome que es por amor a la música”. 

Igual que muchas otras personas, se dedicó al reciclaje de botellas y latas en las calles de Alemania para conseguir dinero y tocaba en las calles para salir adelante con sus gastos. 

Por eso, consideró que todas las personas interesadas en la música deben tener claro que es un proceso muy difícil que requiere fuerza de voluntad para tomarse cada ensayo muy en serio y con disciplina para mejorar todo el tiempo, así que todo depende de “qué tanto ames la música, qué tan profundo quieras llegar”. 

“Es querer seguir, ir hacia adelante, sin excusas y sin sobrepensar, hay que hacer más. Sí es difícil, el frío es difícil, la comida es difícil, la gente es difícil, como latinoamericano estás en muchas desventajas en el ambiente de la música, pero al final es algo lindo, es precioso conocer el mundo por medio de la música, pero hay que tomarlo muy en serio y asumir la responsabilidad”, puntualizó. 

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Last modified: 13 junio, 2026
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