REPORTAJE: PATRICIA LÓPEZ NÚÑEZ/LALUPA.MX
El Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en Querétaro pasó de tener alrededor del 2 por ciento de la votación estatal de 2009 a ganar capacidad de negociación en coaliciones, tras lograr más del 6 por ciento en la legislatura y 5 por ciento en ayuntamientos de 2024. La especialista Marcela Ávila advierte que ese crecimiento no responde a una consolidación ideológica o una militancia sólida, sino a una estrategia de alianzas, clientelas electorales, control interno del partido y reclutamiento oportunista de cuadros.

Con más de 20 años de experiencia en análisis político, Ávila-Eggleton, actual secretaria de Internacionalización de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), puntualizó que el PVEM surgió como ecologista por una “derivación de un movimiento vecinal, pero en el camino, solamente se les quedó el nombre” y los partidos verdes europeos se deslindaron de este partido mexicano.
Uno de los momentos de rompimiento entre los partidos verdes de Europa y el mexicano se dio con la campaña que impulsó el PVEM a favor de la pena de muerte, así que “salvo el tema de los animales en los circos, no han presentado prácticamente nada vinculado al tema de la ecología”. Así, el PVEM se convirtió en un partido que “no tiene ideología, que tiene precio”.

El financiamiento creció casi 40 veces
De acuerdo con documentos públicos del Instituto Electoral del Estado de Querétaro (IEEQ), desde la llegada de Ricardo Astudillo Suárez como dueño absoluto del PVEM Querétaro, en 2008, ese partido pasó de recibir un financiamiento público ordinario de 345 mil 528 pesos a 14.1 millones de pesos, en 2026 un incremento de más de 40 veces en ese periodo. Si se contabilizan los recursos anuales, ha recibido más de 153 millones 929 mil 929 pesos de financiamiento público. En el mismo periodo reportó egresos por 140 millones 36 mil 724 pesos. En diferentes años, el instituto político reportó exactamente la misma cantidad de egresos que de ingresos.


El crecimiento financiero no se acompaña de un aumento sostenido en la militancia, ya que presenta variaciones: mientras en 2015 alcanzó su máximo con 20 mil 496 afiliados, en 2025 reportó poco más de cuatro mil 300 afiliados. Esto indica una reducción de cerca del 79 por ciento en su militancia.
Los porcentajes en las votaciones también presentan altas y bajas: en 2009 logró aproximadamente el 2 por ciento de los votos para la gubernatura, se ubicó en 2.4 por ciento en 2021 y se incrementó en el proceso 2024 cuando se eligieron diputaciones locales, donde alcanzó un porcentaje de 6.3 por ciento y poco más del 5 por ciento en los ayuntamientos.
De fuerza marginal a un partido atrapa todo
Una estrategia del PVEM para mantener los registros es el uso de las coaliciones. En 2012 se unió con el PRI y Nueva Alianza en “Compromiso por Querétaro”; en 2015 volvió a competir con PRI, Nueva Alianza y PT; mientras que en 2021 estableció acuerdos diferenciados con PRI y PT por municipio o distrito.
En el proceso electoral de 2024, Ricardo Astudillo Suárez acusó a Morena de incumplir acuerdos y rompió parcialmente la coalición con Morena y PT, pero el partido mantuvo un respaldo estratégico a candidaturas específicas como la de José María Tapia Franco, aspirante a la presidencia municipal de Querétaro.
Al respecto, la analista universitaria puntualizó que esto muestra que el PVEM presenta un modelo de “partido satélite” que aprovecha los incentivos del sistema político y del financiamiento público, en lo que llamó una “lógica perversa”, toda vez que si un partido puede estar cómodo con el expresidente Vicente Fox, con el expresidente Peña Nieto o con la Cuarta Transformación “es un partido que no tiene ideología”.

Esto le permitió crecer en algunos segmentos, con una “tendencia de arrastre, no de lealtades ni electorado fiel. Pasó de tener una fuerza muy marginal a tener presidencias municipales, regidurías, ahora diputados locales, diputado federal y ocurre como resultado de la disciplina en el tema de las alianzas. Esta estrategia de apertura de partido hacia distintos perfiles: mujeres, juventudes, empresarios, exfuncionarios es, en realidad, un reclutamiento bastante oportunista de cuadros que ya tienen base propia”, declaró.
Sostuvo que “el Verde compite, por supuesto, con alianzas porque esos votos le determinan financiamiento hacia adelante. La lógica un poco perversa del sistema es que los partidos del tipo del Verde, estos partidos satélite, atrapa todo, tienen diferentes incentivos para participar y el crecimiento electoral que ha tenido se ha traducido en más recursos y en más cargos”.

Problemas a futuro por falta de identificación
La investigadora añadió que estas coaliciones cambiantes y oportunistas para conservar el poder, también tienen consecuencias, porque el PVEM queretano es una estructura que depende de Astudillo Suárez, quien tiene todo el capital operativo que se traduce en redes de negociación, control territorial y una marca personal como activo electoral.
Sin embargo, hay una diferencia con otros partidos como el PRI o el PAN, donde la gente presenta una identificación fuerte, aunque al partido le vaya mal. En el caso del PVEM esa identificación está “muy desdibujada” porque se conforma de clientelas políticas que funcionan como tal y que en este momento “su alianza con Morena le permite esta gestión de apoyos a algunos sectores sociales”.
Si en algún momento esos apoyos se detienen, alertó, esa relación clientelar también se romperá porque no hay un vínculo de identificación real y sus militantes se irán con quien les ofrezca lo mismo. Además, identificó que existe un riesgo por la permanente presencia de Ricardo Astudillo al frente del partido, porque si bien mejoró su capacidad de negociación, no hay renovación de cuadros.
Fragilidad institucional
Ávila-Eggleton puntualizó que los partidos requieren gente nueva, pero en el caso del PVEM y su “longevidad” en la dirigencia, “no es un accidente, es una estrategia” y en una marca personal como activo en las elecciones, pero eso que es una ventaja para Ricardo Astudillo, le cierra las puertas a nuevos cuadros.
De acuerdo con la analista, la situación genera por lo menos tres costos: una nula institucionalización ya que depende de una sola figura política y no construye estructuras, una renovación bloqueada por la falta de cuadros internos y una dependencia política a la figura de Ricardo Astudillo.
“Si él sale del partido, ya sea por una decisión propia o por un conflicto grave, pues el partido va a enfrentar problemas de sucesión sin mecanismos claros y esto claramente no es una fortaleza institucional, es una muestra de fragilidad disfrazada de estabilidad”.



