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CIRR: el espacio donde Querétaro recupera la movilidad y la autonomía

REPORTAJE: PATRICIA LÓPEZ NÚÑEZ/LALUPA.MX

FOTOS: RICARDO ARELLANO/LALUPA.MX

VIDEO: ROCÍO RUIZ/LALUPA.MX

Cada mañana, la sala de espera del Centro Integral de Rehabilitación Regional (CIRR), en Santa Rosa Jáuregui, se llena de historias de superación. En este espacio del DIF Municipal de Querétaro, personas de todas las edades —desde infancias hasta adultos mayores— encuentran un modelo de atención profundamente humano e integral diseñado para devolverles la movilidad, la autonomía y la esperanza.

El impacto del CIRR se refleja en sus cifras: 400 pacientes atendidos al mes y hasta 95 visitas por día. Paulina Zárate Mendoza, administradora del centro, explica que las personas acuden entre una y tres veces por semana según su tratamiento. Para lograrlo, el espacio unifica servicios de consulta en rehabilitación junto con terapias físicas, ocupacionales, del lenguaje y apoyo psicológico.

Lo que inició en 2001 como Unidad Básica de Rehabilitación (UBR) se transformó poco a poco en un sitio de atención integral que se maneja con base en cuotas de recuperación. No todas las personas buscan lo mismo, ya que una de las áreas más socorridas es la terapia ocupacional que permite a las personas de todas las edades mantener las habilidades necesarias para ser independientes. 

Gracias a la recomendación de boca en boca y a su enfoque de cobertura regional, el CIRR extiende sus servicios más allá del municipio de Querétaro, atendiendo a usuarios de localidades vecinas y del estado de Guanajuato. Un pilar clave de su modelo es la inclusión, ya que se admite a personas con o sin derechohabiencia a seguridad social, asegurando el acceso universal a los tratamientos de rehabilitación.

La esperanza de ver a sus familiares valerse por sí mismos es el sentimiento que mueve a quienes asisten al lugar: madres que llevan a niñas y niños que poco a poco recuperan el movimiento en piernas y manos después de meses de atención, hijas que llevan a sus padres a recuperarse de un accidente cerebrovascular o después de una caída y que sueñan con verlos caminar otra vez.

Para Lucía Beatriz Ramírez, quien vive en Jofrito, valen la pena los tres viajes a la semana que debe hacer para llevar a su hijo, Joel Salmón Gutiérrez Ramírez. Él recibe atención desde 2017 para mejorar la movilidad de una de sus manos y que sea más independiente. 

Lucía explica que él “no tenía nada de movilidad en su mano. Ahorita ya puede realizar cosas por sí solo: cambiarse, comer, jugar, hasta para ir a la escuelita”. Joel asiente con la cabeza para confirmar que le gusta ir a este Centro, que le gusta la terapia. Para su familia esta es una ayuda importante, sobre todo por los costos de los servicios privados, donde una terapia la cobran alrededor de 500 pesos por hora.

Toda su vida ha sido así, pues al nacer lo jalaron y tuvo lesión de plexo braquial, fue la más grave, fue abducción, o sea, los nervios arrancados desde la médula espinal. Tuvo varias cosas: derrame en corazón, pulmones, fractura de cadera, huesos largos, ni 24 horas de vida le daban, decían que si sobrevivía iba a ser como un bultito, a lo mejor no habla, no te ve y aquí estamos, ya 10 años después”, dice Lucía con orgullo.

El impacto de la atención médica

Ya sean niños y adolescentes acompañados de sus familiares, o personas adultas que se recuperan de alguna condición o percance, el CIRR recibe a los habitantes de Querétaro y a pacientes de Guanajuato que conocen las características de la atención y la prefieren ante otros servicios. 

Para muchos es la mejor opción. Lucía tenía que ir antes de Jofrito al Hospital del Niño y la Mujer, luego al Centro de Rehabilitación Integral de Querétaro (CRIQ) y los dos le quedaban muy lejos para que su hijo reciba las tres terapias semanales. El CIRR le queda más cerca de su casa y ahora confían en la fortaleza de Joel.

En la misma sala de espera, Francisco Suárez y Aidé Rubio llevan a su hijo Sebastián a recibir terapia. Sebastián nació con mielomeningocele, la condición más grave de la espina bífida abierta. Lo operaron de manera intrauterina en el Hospital del Niño y la Mujer para ayudarlo a que pudiera caminar. Todavía lo atienden en ese nosocomio y el mismo personal les recomendó llevarlo a terapia física al CIRR. 

Francisco platica que la cirugía fue un éxito y Aidé comenta que tienen menos de dos meses de acudir a terapia. Le programaron 14 sesiones, de las que ya lleva 11 y Sebastián está mucho mejor. “Se para solito, agarrado de las cosas, pero ya se levanta, gatea mucho. Ya lleva una vida normal. Tuvo un defecto en su tubo neural y me lo operaron cuando tenía cinco meses dentro de mí. Igual cerraron como cesárea y a los tres meses y medio abrieron para sacarlo”, recuerda.

Sebastián no desarrolló hidrocefalia y la operación fue muy buena, “si no se hacía antes de las 26 semanas ya no se podía hacer”, agrega. La operación la realizó el doctor Roberto Cruz, quien vino de Guadalajara, Jalisco, a hacer la intervención. A Aidé le gusta que la gente del CIRR la trata de forma amable y la hace feliz que la condición de Sebastián mejoró notablemente con la terapia y con la tarea que le toca hacer en casa. 

La presencia de niñas y niños es común en el centro. Ahí también asiste Sofía Aguilar, quien lleva a su hija Ana Regina. La pequeña sufrió un infarto cerebral perinatal y se dieron cuenta porque tuvo crisis convulsivas. La resonancia magnética confirmó el diagnóstico y el neurólogo les indicó que debía recibir atención temprana.

“Acudimos aquí, al CIRR, nos brindaron la atención y el servicio de terapia neurológica. Nos enteramos de los servicios gracias a un amigo de mi hermana. Mi hermana es fisioterapeuta, y ese amigo trabajaba aquí y nos recomendó mucho este lugar. Venimos desde que Ana Regina tiene un mes, entonces llevamos aquí 10 meses. La evolución de ella ha sido increíble. Ha cumplido todos los hitos del desarrollo en tiempo y forma. Venimos dos veces por semana”, asevera.

Las historias de cada paciente se comportan en la sala de espera. Leticia Moreno Hernández acude para recibir terapia por la parálisis facial que tuvo, por segunda ocasión, en enero pasado, derivado de las condiciones de estrés en las que vivía y ella valora la gran ventaja económica de asistir a este lugar frente a los costos del sector privado. 

“Mi mamá, es una persona adulta, yo le ayudo en sus bienes. Ella vive más lejos, le ayudó a cuidar a sus animalitos, pero al ir y venir fue donde me estresé. Tenía mi trabajo y mi hermano me dijo que le trabajara unas mesas que tenía , para rentar, además de tener mi familia, mis hijos, entonces yo creo que ahí estallé”, señala Leticia.

Esta vez decidió tratarse sin interrupciones, pues en el otro incidente no pudo concretar todo su tratamiento por falta de recursos, ya que vivía lejos, “en El Herrero”, y el taxi le cobraba 200 pesos. Ahora la condición de Leticia a la fecha es buena, ya que además de la terapia física para su parálisis facial, recibe terapia psicológica, para controlarse y llevar la vida con calma.

La atención que brinda el CIRR no se centra exclusivamente en los menores; Bárbara Villela lleva a su madre a terapia, pues tuvo un evento vascular cerebral el año pasado y vive con hemiplejia, una parálisis de la mitad del cuerpo y problemas del lenguaje. Desde que la lleva, desde hace un año, su condición ha mejorado.

“Ella estaba totalmente inmóvil. Desde que la trajimos, desde que iniciamos la terapia hace un año ha podido caminar, con ayuda de bastón, pero lo ha logrado”, añade Bárbara.

Para Paulina, este Centro Integral es una oportunidad de recibir atención de calidad en todas las áreas y se ofrece una cámara de estimulación multisensorial para niñas y niños, así como un tanque terapéutico que permite combinar terapias, ya sea de mecanoterapia o de electroterapia. En cualquiera de los servicios, el compromiso es mantener la calidez en la atención.

“Lo que la gente menciona muy seguido es el trato de todo el personal, de los terapeutas, de la recepción, de la doctora, de la trabajadora social, se sienten muy acompañados y llegan a ser vínculos muy grandes, porque mientras están en la terapia empiezan a compartir, platican, conocen muchas partes de su vida y eso también es parte de la terapia, otra terapia extra que se da. El personal tiene muchos años pero la sensibilidad no se ha perdido”, confirma Paulina. 

Algunos pacientes asisten desde hace años a su terapia, otros asisten desde su nacimiento, muchos más desde hace algunos meses, por alguna fractura, síndromes, enfermedades o postcirugía. 

Cada mes se atiende a unos 400 pacientes, aunque en julio fueron 379 atenciones. “Tenemos un médico especialista en rehabilitación, que es el primer filtro, pasan a trabajo social, se les hace un estudio socioeconómico y después van a la consulta con la doctora especialista en rehabilitación, quien determina las terapias que van a recibir aquí”, detalla.

El CIRR tiene una psicóloga, cinco terapeutas físicos, una trabajadora social, entre otros especialistas y personal administrativo que asumen el trabajo de brindar la ayuda adecuada, porque “la variedad de terapias que se da es muy amplia. Hay pacientes que vienen sólo a un servicio, como fisioterapia, y hay pacientes que vienen a todos los servicios”.

Entre los requisitos para solicitar la atención se encuentran la copia del acta de nacimiento, identificación oficial, la Clave Única de Registro de Población (CURP),  copia de comprobante de domicilio reciente y el diagnóstico médico con indicación de envío a rehabilitación.

Este espacio opera bajo un principio de apertura regional, extendiendo sus beneficios más allá de la población del municipio de Querétaro hacia comunidades vecinas. Adicionalmente, el esquema de admisión es completamente inclusivo y no se restringe por el estatus de derechohabiencia del usuario, garantizando el servicio a todo aquel que requiera atención especializada.

El modelo del centro busca que la rehabilitación sea verdaderamente integral y vaya más allá de lo estrictamente físico. Para acelerar la recuperación, los especialistas asignan terapias complementarias para realizar en el hogar: en el caso de los menores, se capacita a sus familias para guiar los ejercicios, mientras que los adultos los ejecutan de forma autónoma o con apoyo si lo requieren. Asimismo, Paulina hace hincapié en que la atención psicológica es una prioridad fundamental dentro de este esquema de bienestar.

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Last modified: 2 septiembre, 2026
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