Los ópalos de La Trinidad, en el municipio de Tequisquiapan, tienen fama nacional e incluso mundial por su calidad y variedad de colores. Es un sitio ampliamente conocido, ya sea para adquirir ópalos engarzados para joyas, u ópalos en roca. Los hay de varios colores: blancos, rojos, verdes, translúcidos, con nombres según su color, como el ópalo de fuego (rojo), el cherry (naranja) y el arcoíris (translúcido).
Por su importancia geológica y geoturística, las minas de La Trinidad, y en particular la mina El Redentor, son un geositio del Proyecto Geoparque Mundial Unesco Triángulo Sagrado (Aguirre-Díaz et al., 2021, 2022).
Geológicamente, las minas de ópalo se ubican en un gran domo volcánico, el domo de La Trinidad, que forma el cerro con el mismo nombre. Los domos volcánicos son un tipo de estructura de origen volcánico diferente a otras, como los volcanes. Los domos se forman por lavas emitidas desde el conducto asociado, pero a diferencia de las lavas de los volcanes, las lavas formadoras de domos son tan viscosas que no fluyen lejos del conducto, y en algunas ocasiones se quedan como una masa sólida sobre el conducto, como sucedió en la Peña de Bernal, que también es un domo (Aguirre-Díaz et al., 2013). Hay diferentes tipos de domos, según sus características geológicas, la Peña de Bernal por ejemplo es un domo tipo espina, y el domo de La Trinidad es un domo tipo colada. Los domos tipo colada se forman por derrames de lava que fluyen un poco desde el conducto y sus lavas tienen forma de lengua o lobular, son lavas muy gruesas y de corta extensión, llamadas coladas. En el caso de la Trinidad, se acumularon varias coladas en diferentes erupciones, por lo que se trata de un domo colada poligenético. La edad de estas lavas es de finales del Mioceno.
Los ópalos que se encuentran en el domo de La Trinidad se deben a la combinación de varios factores geológicos, como la composición química de la lava, la presencia de fluidos hidrotermales durante y posterior al emplazamiento de las lavas que construyeron el domo; la formación de un gel de sílice por estos fluidos calientes, y la deposición de ese gel en fracturas y oquedades en la roca.
El caso de la mina El Redentor de don Héctor Montes es un ejemplo de toda una evolución de una empresa dedicada durante décadas a la minería a cielo abierto de ópalos, usando técnicas artesanales, es decir empleando marro y cincel, donde a veces no se encontraban ópalos de valor durante un mes, como narra don Héctor, sin obtener ingresos y pasando hambre.

Afortunadamente, don Héctor decidió hacer un cambio hace algunos años, haciendo de su mina un recorrido turístico, combinando su amplio conocimiento en la mina, los ópalos y la vida, con el cual narra a los visitantes de una manera muy humana, sencilla, pero sabia, contando su propia historia de minero y la de los ópalos. Inició esta aventura con una camioneta y un guía, y la empresa resultó todo un éxito, pues actualmente cuenta con seis, o tal vez más, vehículos tipo safari, y con varios guías capacitados para llevar y traer turistas a la mina El Redentor, la cual está acondicionada para recibir visitantes.
Con esta evolución, la mina El Redentor se convirtió en un ejemplo de geoturismo que demuestra que es más conveniente esta actividad económicamente, y a la vez se conserva mejor la geología del sitio, al dedicarse menos a la minería, aunque se mantiene de forma artesanal, ofreciendo empleos a la comunidad local y un desarrollo económico sustentable, lo que va acorde con la misión del Geoparque Triángulo Sagrado.
Nota: El texto anterior forma parte de un manuscrito para la Gaceta UNAM-Juriquilla, en preparación.
El doctor Gerardo de Jesús Aguirre Díaz es investigador del Instituto de Geociencias, de la UNAM Juriquilla
ger@geociencias.unam.mx
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