Autoría de 10:45 pm #Opinión, Carlos Campos – Pongamos que hablo de libros

Hay Festival 2026: dos versiones oficiales y una explicación pendiente (o varias) [II y última] – Carlos Campos

En la primera entrega, hablamos sobre las dos versiones que tanto la Secretaría de Cultura del municipio de Querétaro la Secretaría de Cultura del gobierno de México esgrimieron respecto al presupuesto asignado para la edición 2026 del Hay Festival Querétaro.

Ante este escenario atípico, lo que corresponde es exigir claridad. Cuando se trata de recursos públicos, la transparencia no es una concesión; es una obligación. Sigamos pues.

CONOCE MÁS:

La decisión política también merece asumirse

Existe otro elemento que merece atención. Durante la misma presentación del programa del Hay Festival 2026 (dentro del cual, por cierto, no participa ningún autor que resida en la ciudad, que haya obtenido algún premio nacional o internacional; aunque sí repiten sin explicación autores que han participado en ediciones anteriores), Daniela Salgado explicó que parte del presupuesto fue redirigido hacia proyectos permanentes de infraestructura cultural: adquisición y rehabilitación del Teatro Hércules; mantenimiento de las 33 casas de cultura; remodelación del Teatro de la Ciudad;  y creación de nuevos centros culturales (¡).

Desde la perspectiva de la política cultural, esta decisión puede ser perfectamente defendible. Toda administración enfrenta el dilema entre financiar programación cultural inmediata o invertir en infraestructura que beneficie a largo plazo a la comunidad. No existe una respuesta universalmente correcta. Pero precisamente por tratarse de una decisión política legítima, conviene asumirla con claridad. Si el municipio decidió privilegiar infraestructura sobre festivales, esa determinación puede debatirse, respaldarse o cuestionarse, pero no necesita justificarse necesariamente mediante factores externos cuya existencia hoy aparece controvertida, y mucho menos anunciarlo el día en que se presenta el programa.

Las políticas culturales siempre implican establecer prioridades desde un enfpque de gestión cultural, y esas prioridades deben explicarse con absoluta transparencia.

Por cierto, resulta necesario conocer qué nuevos centros culturales serán creados, de acuerdo con la afirmación de Daniela Salgado. Recordemos que Marcos Aguilar Vega, presidente municipal de Querétaro (2015-2018), no cumplió plenamente la promesa de construir siete nuevos centros culturales comunitarios durante su gestión. Sólo se crearon dos, el “Felipe Carrillo Puerto” y el “Epigmenio González”, aunque se invirtió 5.8 millones de pesos en mantenimiento correctivo y preventivo de siete casas de cultura, dos centros culturales existentes y nueve bibliotecas públicas, además de equipamiento.

Por cierto, dichos centros tuvieron que terminarse de construir y someterse a mantenimiento correctivo en la administración de Luis Nava.

La importancia de la confianza pública

Este episodio recuerda un principio básico de la gestión cultural contemporánea: la legitimidad institucional depende tanto de la correcta administración de los recursos como de la claridad con la que se informa su destino. Los ciudadanos tenemos derecho a conocer por qué un festival internacional reduce significativamente su presupuesto y el impacto a largo plazo que dicho festival tiene para la comunidad. Pero también tienen derecho a saber si esa reducción obedece a decisiones municipales, estatales o federales. Cuando la información resulta contradictoria, la confianza pública comienza a deteriorarse.

Y la cultura, quizá más que cualquier otro ámbito de la administración pública, depende precisamente de esa confianza.

Una oportunidad para transparentar la política cultural

Lejos de convertirse en una disputa entre órdenes de gobierno, este caso representa una oportunidad para fortalecer la transparencia.

La Secretaría de Cultura del municipio de Querétaro podría aclarar, con información verificable, cuáles fueron exactamente los recursos federales cuya disminución impactó el presupuesto municipal, señalando partidas específicas, montos y mecanismos de transferencia. Si esos recortes efectivamente existieron, bastará con documentarlos.

Si, por el contrario, la reducción respondió principalmente a una redistribución interna del gasto municipal, también convendría decirlo con claridad. La ciudadanía puede comprender una decisión presupuestal; lo que difícilmente acepta son las explicaciones ambiguas o las promesas no cumplidas, como la establecida por el hoy alcalde cuando, siendo aún candidato, prometio aquel martes 7 de mayo del 2024: “Por supuesto que no voy a imponer a nadie, ustedes van a decidir quién va a ser la secretaria o secretario de cultura. Vamos a tener que hacer muchas mesas de trabajo, vamos a tener que tener muchos diálogos para no equivocarnos en el perfil, pero estoy seguro que podemos llegar a un amplio consenso porque nunca va a haber unanimidad”.

Nunca hubo mecanismos para que la comunidad artística y cultural decidiera. Nunca se llevaron a cabo las mesas de trabajo. Tampoco se establecieron muchos diálogos para verificar el perfil. Y, en cambio, sí se impuso a la titular de la secretaría de cultura.

La cultura necesita instituciones creíbles

El Hay Festival Querétaro ha logrado consolidarse como uno de los encuentros intelectuales más importantes de América Latina. Aún sin tener un impacto directo en la comunidad artística y cultural del estado, su prestigio no depende únicamente de la calidad de sus invitados, sino también de la fortaleza institucional que hace posible su realización. Por ello, cualquier modificación significativa en su financiamiento merece explicaciones igualmente sólidas.

La tarjeta informativa emitida por la Secretaría de Cultura federal no resuelve el debate; simplemente introduce datos que obligan a revisar la narrativa inicial presentada por el municipio. Ahora corresponde a la Secretaría de Cultura municipal precisar los alcances de sus declaraciones y explicar, con información documental y presupuestaria, de qué manera los supuestos recortes federales afectaron efectivamente las finanzas del Ayuntamiento.

No se trata de buscar responsables políticos, sino de garantizar un principio elemental de la administración pública: cuando dos versiones oficiales se contradicen, la mejor respuesta siempre será una explicación sustentada en evidencia. Sólo así podrá preservarse la confianza ciudadana en las instituciones culturales y en las decisiones que determinan el destino de los recursos públicos destinados a la cultura.

AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE “PONGAMOS QUE HABLO DE LIBROS”, LA COLUMNA DE CARLOS CAMPOS PARA LALUPA.MX

https://lalupa.mx/category/las-plumas-de-la-lupa/carlos-campos-pongamos-que-hablo-de-libros

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Last modified: 27 julio, 2026
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